Opinión

El Principio Ratatouille / H+D

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no cualquiera puede convertirse en un gran diseñador,

pero un gran diseñador puede provenir de cualquier lado,

cualquiera puede diseñar

Antón Ego

 

En la actualidad del diseño y sus diferentes disciplinas -llámese diseño gráfico, industrial, textil, audiovisual, web- existe un gran fenómeno que he designado el Principio Ratatouille. Pero ¡no!, no se vaya, mi estimado lector, pensado que este artículo es otro producto influenciado por la charanda o el texto insomnioso de un bloguero underground, ¡no! en realidad para ejercer un mínimo de credibilidad sobre mi incipiente “principio” lo desarrollaremos seriamente, claro, si usted, estimadísimo lector, también tiene el tiempo y la disposición necesaria para más de 140 caracteres, advirtiendo anticipadamente que no hablaremos de farándula, ni de topfives o los topic trends de moda, sino que hablaremos de diseño -que pareciera actualmente lo mismo-, bueno pero se da cuenta, lo he entretenido mucho y aún no hemos empezado.

Existen dos características fundamentales e inherentes que hacen al hombre un ser único sobre las demás especies de este planeta y que cada ser humano posee desde su nacimiento; el lenguaje y la capacidad de diseñar. Estas dos características hicieron que ese homosapiens cavernario cubierto de pieles, de platillos exóticos como tiranosaurio al mojo de ajo o velocirraptor al volcán se transformara lentamente a lo largo de miles de años en lo que somos hoy; homosapiens con iPhones, tabletas y papel de baño con doble hoja.

Sin embargo, la actualidad que vivimos está fundada bajo los dos principios anteriores, uno es el lenguaje; por medio de este el ser humano ha desarrollado signos, símbolos, escritura, señales, es decir, comunicación -para no aburrirlos con Saussure, Peirce o Barthes- y por medio de ella generar cultura, recordemos que todo lo que el hombre produce o expresa de manera colectiva es cultura: ¡Sí! Sí, lector, Laura en América también es cultura, paupérrima, degradante y deprimente, pero cultura al fin.

El hombre y su capacidad de articular mensajes individuales y colectivos hace que esta característica se vuelva única e imprescindible para denominarnos seres humanos. La segunda característica que cualquier individuo tiene de origen es la capacidad de diseñar, entendiéndose diseñar como la capacidad de proyectar, en tanto instancia técnico-proyectual. El proyectar es un acto de planificar actividades, prever sucesos o adelantarse a hechos de manera razonada y consciente, puede ser mediante herramientas, técnicas o habilidades. Entonces si hablamos que todo el titipuchal de personas que habitan este planeta tiene de nacimiento el lenguaje y el diseño como características inherentes ¿en dónde quedamos los diseñadores?, ¿qué nos diferencia de los demás? ¿si todo el mundo puede diseñar, para que me dedico al diseño?

Bueno, amigo lector, ante estas dudas existenciales o afirmaciones del carácter de: -Mi vecino es cocinero pero también hace páginas web, -Mi jefe es contador pero crea sus propias invitaciones de XV años, -Mi mamá armó nuestro propio comedor o la chica que me corta el pelo también es diseñadora de uñas- le serán aclaradas. Aquí en este mar de dudas es donde se genera el Principio Ratatouille

Un principio por definición es; una ley o regla que se cumple o debe seguirse con cierto propósito, como consecuencia necesaria de algo o con el fin de lograr una intención. Aquí nuestro propósito es tratar de poner las cosas en su lugar y darnos cuenta como “cualquiera puede diseñar”. Este principio en lugar de poner a temblar a los diseñadores o crearles acérrima rivalidad -literalmente- con todo el mundo que pueda adquirir un software, instalarlo y seguir un mínimo tutorial de diseño lo que pretende es estar conscientes que el diseño es una actividad innata, per se, original, cualitativa del ser humano por lo cual lo interesante es exactamente eso; si todo el mundo puede diseñar los diseñadores deben ser los verdaderos especialistas.

Un diseñador es un proyectista especializado, el diseño consiste en el procesamiento racional e intuitivo de un conjunto de variables objetivas y subjetivas que, siguiendo una metodología específica y dentro de un horizonte tecnológico, estético e ideológico dado, permite proyectar objetos y servicios con el propósito de satisfacer las demandas materiales o simbólicas, reales o inducidas, de un mercado segmentado, en un contexto económico-social concreto. (Valdés de León, 2010).

El Principio Ratatouille es simple, pongámoslo así; todo el mundo tiene el lenguaje y el diseño en sí, entonces referenciados al lenguaje, sería como decir que todo el mundo que sabe escribir y leer como lo hace usted en este momento tiene la capacidad de realizar Cien años de soledad, El Aleph o Hamlet. ¡No, verdad¡ Hay que ser un verdadero especialista en el manejo del lenguaje, las letras, la expresión, la narrativa, la imaginación, etc., hacer oficio y disciplina, trabajar arduamente en una obra, manejar el oficio, la actividad de escribir, de comunicar, la capacidad creadora e innovativa, el interés de alguien más, la aceptación o el rechazo de lo publicado, y todo el proceso de la idea a su concreción -que es lo más complejo- lo mismo pasa en el diseño, aunque no menospreciemos a esos diseñadores sin título -¡para lo que sirve un título!- porque la mayoría de las veces la mejor escuela es la vida; ¡cualquiera puede diseñar!
*Publicado originalmente en www.dogma.mx

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