Opinión

Las falacias de la paridad o la cuota de género / Piel curtida

Quien sigue creyendo que las problemáticas de género y la desigualdad para las mujeres en el escenario de la política se resolverán por medio de la paridad, el famoso 50/50, comete un error, pues la distribución del 50 por ciento de los espacios políticos para los hombres y el resto para las mujeres no representa una verdadera acción que promueva su participación de manera sustancial ni abona a impulsar una agenda pública con Perspectiva de Género, mucho menos reducir la violencia y el machismo en las prácticas políticas. Aunque esta asignación de espacios es un elemento de equidad cuantitativa, es de importancia mantener el tema bajo cuestión, pues más allá de la simetría aritmética se requiere asegurar la participación femenina con consciencia de las desventajas y la violencia a la que se enfrentan, además de aportar para conformar una sociedad con igualdad de oportunidades.

Al respecto, el Partido Acción Nacional (PAN) ha planteado las cuotas de género de cara a las próximas elecciones. Por ejemplo, se determinó que las candidaturas para ciertos cargos de elección sean para mujeres, como las alcaldías de algunos municipios en Aguascalientes, incluyendo la capital, y en Juárez, Chihuahua. Sin embargo, más allá de aplaudir esta decisión, la cuestión debe radicar en que las mujeres en la contienda estén capacitadas para los puestos, pero que además marquen una diferencia para que los argumentos de la equidad de género sean consistentes y congruentes, pues la paridad de género se ha distorsionado.

Ante la coyuntura y la importancia que ha ganado el feminismo y la Perspectiva de Género en el ámbito internacional, era indispensable que México, sus instituciones y espacios políticos respondieran a dichas presiones diplomáticas, alinearse a las demandas geopolíticas y la globalización. Sin embargo, en un país donde las mujeres cuentan con un importante rezago educativo y donde se presenta un alto número de feminicidios, la gran oportunidad para argumentar que la nación estaba realizando algo por la equidad de género, sin aceptar las alarmantes problemáticas existentes, era el promover la paridad política.

Para muchas esferas políticas, el impulsar la tipificación del feminicidio implicaría aceptar la presencia de este delito, el realizar diagnósticos de desigualdad y discriminación contra las mujeres expondría el trabajo no realizado, el lanzar las alertas de género informaría a la población de violencia e inseguridad, y el análisis laico y científico del aborto afectaría las relaciones con la iglesia y los grupos conservadores, los cuales son de gran peso en un contexto político y social como el mexicano. Debido a esto, pareciera que la paridad es la única manera de declamar el impulso de la Perspectiva de Género sin inmiscuirse, en lo que muchos creen, un problema mayor para su carrera política.

Muestra de esta salida fácil es el fenómeno de las llamadas “Juanitas”, mujeres que accedían a cargos de elección popular, como a la Cámara de Diputados y Senadores, con el único objetivo de cumplir con la cuota de género solicitada, ya que posteriormente desertaban para dejar su espacio a hombres suplentes, o simplemente respondían a los lineamientos del partido sin impulsar una agenda con Perspectiva de Género, que es una de las razones –teóricas– por las cuales se busca implementar la paridad de género. Sin embargo, este tipo de sucesos no sólo se presentan en procesos electorales, sólo basta con hacer un recuento de las titulares del Instituto de la Mujer Guanajuatense, también procedentes del PAN, que sólo replicaban los discursos machistas, contradiciendo las metas para este tipo de dependencias.

Es de reconocer que las tendencias políticas globales hacen señalamientos de un posible vuelco hacia la elección de personas jóvenes, especialmente mujeres, como una forma de nueva “alternancia”, y seguramente esto será considerado por los partidos y grupos políticos durante las próximas elecciones. Pero es preciso advertir que dicha corriente obedece a un interés de la sociedad por observar cambios más trascendentales, y no sólo por probar “cosas nuevas”. ¿La paridad y postular figuras femeninas sólo será un recurso para acumular más votos?

Por lo pronto será necesario hacer un escrutinio de las candidaturas femeninas que además utilizan o asuman ser empáticas con el discurso de la equidad o la Perspectiva de Género, analizar si a lo largo de su trayectoria han realizado acciones que verdaderamente corresponden a dichos planteamientos “feministas”, ya que de lo contrario estaríamos ante una simple herramienta argumentativa de seducción para mejorar los resultados durante las elecciones.

De manera particular, el Partido Acción Nacional ya asumió el discurso de la equidad de género para informar que ciertas candidaturas serán únicamente destinadas para mujeres, y lo interesante será observar durante el periodo de campaña si el PAN atacará a otras contendientes a través de discursos sexistas, ya sea con o sin firma de los candidatos o del partido.

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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