Opinión

Cuerpos menospreciados: las nuevas muñecas, las nuevas modelos / Piel Curtida

Ya sean los cuerpos voluptuosos y curvilíneos de la década de los 70 o los alargados y planos de los 90, los patrones estéticos de las mujeres han sido promovidos por la industria de la moda y la publicidad de los propios productos destinados para ellas bajo la mirada del hombre, y no fue hasta hace poco, a mediados del siglo XX, que se inició a cuestionar e investigar las problemáticas derivadas de la idea de belleza y normalidad del cuerpo. Actualmente, gracias a diferentes movilizaciones se ha generado un escenario con nuevas tendencias que han impulsado la visibilización de los cuerpos que anteriormente estaban en las sombras y eran despreciados por la mercadotecnia, y aunque persistirá el cuestionar si esto sólo obedece al interés por una mayor acumulación de ganancias, lo cierto es que representa un gran oportunidad para aquellas personas que tenemos un cuerpo que históricamente había sido repudiado por ser, al parecer, feo.

La historia de Coco Chanel ha sido considerada por algunas investigaciones un ejemplo del empoderamiento femenino en la economía dominada por los hombres, y en 2014 durante la Semana de la Moda en París se montó una pasarela en la que las modelos de la ahora casa de modas de Karl Lagerfeld portaban pancartas con mensajes feministas como “Sé diferente”, “Vota por nosotras”, “Haz moda no la guerra”, “History is her story”, “Los derechos de las mujeres es más que correcto (Women’s rights are more than alright)”. Si bien esto generó una gran polémica al considerar dicho desfile como una banalización del movimiento feminista, era claro que el tema de Equidad de Género estaba cobrando fuerza, que era una consigna globalizada.

No siempre la moda ha sido “hueca” y frívola, simplemente durante la segunda ola del feminismo la minifalda fue símbolo de liberación para las mujeres jóvenes, aunque para algunos grupos también representaba un recurso de cosificación; nuevamente la dicotomía entre lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, lo masculino y lo femenino, estaba en tensiones. Sin embargo, ante este tipo de fenómenos que polarizan la opinión pública, lo relevante es recobrar las experiencias de las y los propios sujetos circunscritos en la cuestión, en este caso anteponer el significado que le atribuyen las propias mujeres.

Hace poco la empresa Mattel anunció la nueva línea de muñecas Barbie con diferentes tipos de cuerpo, el ya conocido de la Barbie rubia, una más alta a dicho estándar, una petit y una de “curvas”, con una figura más realista: caderas anchas, cintura menos estrecha y pechos menos redondeados; además de una variedad “racial”, una de color, otra con rasgos orientales y una latina. A pesar de que el juguete más comprado en el mundo para las niñas había presentado otros intentos para diversificar la corporalidad a la venta, sin duda la decisión de la compañía se debe a una presión sociocultural que ha logrado posicionar la denuncia contra la belleza lacerante, discriminatoria e incisiva, pero al menos abrirá caminos para avanzar hacia una mayor inclusión, una nueva consciencia sobre los males y los vicios por categorizar lo bello y lo feo, lo normal y lo deforme.

Otro ejemplo de estas tensiones entre lo que vende y las problemáticas visibilizadas por diferentes movimientos académicos y sociales es el reciente posicionamiento de cuerpos distintos al alto, delgado, blanco y uniforme. Por ejemplo, Winnie Harlow, una modelo con vitíligo; Denise Bidot, Ashley Graham y Robyn Lawley, conocidas como modelos de talla grande; Cara Delevingne, con unas pobladas cejas que hace tiempo podrían haberse considerado demasiado masculinas. Si bien la industria de la moda, la publicidad y diferentes empresas buscarán la plusvalía para incrementar las ganancias que obtienen, al buscar incursionar en lo que nombran nuevos nichos de mercado, es una evidencia de las transformaciones que se presentan en lo contemporáneo.

Cuerpos que antes fueron negados y menospreciados ahora están posicionándose, como la cantante y modelo británica Viktoria Modesta, quien no oculta, sino que capitaliza su pierna biónica e incluso empleando diferentes diseños de la misma. Claro que está siempre la duda sobre utilizar el morbo como recurso publicitario y de comercialización, pero aún antes de negar de tajo estas propuestas, vale la pena considerar la apertura a lo que antes era lamentable, triste, grotesco o lo que causaba miedo, ya que puede ser, al menos, una plataforma para que aquellas personas que estamos en los cuerpos no gratos observemos algo más cercano a nuestra realidad, en espera de que una corporalidad, un color y una forma sea cada vez menos una medida para determinar el trato que se recibe, las oportunidades que se ofrecen o calidad de vida que se puede esperar.

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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