Opinión

Diseño y lucha libre / H+D

 

 

Pilar cultural en el imaginario popular del Diseño Mexicano

Si no has visto una lucha en vivo, no has vivido

 

Si no has visto a un tipo con una máscara y una capa volar desde la tercera cuerda por los aires, no has vivido. Si no has escuchado las más diversas malas palabras del idioma español gritadas en una arena por miles de espectadores, no has vivido. Si no posees algún diseño que tenga que ver con la lucha libre mexicana, hay dos opciones, o no eres un mexicano de sepa o no eres un diseñador mexicano.

En la actualidad del diseño mexicano -que está en lenta, pero constante edificación-, uno de los elementos más fructíferos, de inspiración creativa y de catarsis de nuestra cultura popular, es sin lugar a dudas la lucha libre. No por moda, o por tendencia esnob, o temporada hipster, sino porque es la conexión con lo popular, con el colorido de esta tierra, con el esfuerzo continuo, la idiosincrasia del mexicano luchón y trabajador, que en una caída se lo juega todo, y que hace malabares circenses para vivir en un país como este, igual de caótico, mágico y surrealista que un ring de una arena de lucha libre. El diseño ha sido seducido por esta esencia.

La lucha libre ha trascendido de ser un deporte ha ser un espectáculo cultural -sin exageraciones- más allá de los campeonatos, las luchas de máscara versus máscara, el jugarse la cabellera en un encuentro o determinar tal o cual campeón, la lucha es un espectáculo, un rito que congrega a sus feligreses alrededor de un cuadrilátero, feligreses fieles al bien -con los técnicos- o al mal -con lo rudos-.

Durante el espectáculo todo es posible, la imaginación se traslapa al escenario y el luchador en turno representa aquel héroe fantástico, aquel personaje que no es humano, no es mortal, usa máscara velando así su identidad, los diseños son variados y están meticulosamente detallados, son signos y símbolos en movimiento, representan las características acrobáticas, técnicas o intimidatorias de quien las inviste, la máscara del luchador es un talismán de poder e identidad.

Y aunque la máscara es el elemento más sagrado para un luchador, la vestimenta, la indumentaria textil constituye su personalidad, las capas brillantes y estampadas, las botas, las mallas, las muñequeras, no se deja detalle al azar, todo está pensado para la recreación de aquel personaje quimérico, que en algunos casos alcanza el mito. La manufactura de cada elemento es tan precisa como cualquier indumentaria de alta costura, el luchador muestra en el ring sus mejores ropas, así pauta su poder como los antiguos guerreros prehispánicos ataviados de plumas de águila o pintados de jaguar.

El diseño, como actividad social que refleja la cultura material de los pueblos, en México no ha permanecido impasible ante la lucha libre, será porque también como la lucha el diseño puede tener un carácter lúdico y profundamente simbólico. Así la lucha ha trastocado a todas las expresiones posibles de la actividad en sus más diversas vertientes, con el rasgo de lo mexicano que lo universaliza. Sea mediante el diseño gráfico en publicaciones editoriales, carteles, impresos de la más diversa índole desde estampas de luchadores hasta calcomanías para exportación, en el diseño industrial mediante objetos, que van desde aquellos luchadores plásticos que se venden en los mercados hasta objetos de diseñador, en el diseño textil en la realización de prendas, desde estampados hasta colecciones de indumentaria inspiradas en las máscaras y el colorido de las luchas, la lucha es una fuente de inspiración y un rasgo distintivo del diseño en México, tal vez uno de sus rostros más legítimos y originales, emanado del pueblo y para el pueblo, aunque la comercialización de los artículos llegue a cualquier rincón del planeta y a cualquier clase social.

Porque el diseño entorno a la lucha libre expresa eso, el espectáculo popular del pueblo mexicano, la identidad con lo nacional, la representación de la genuina comedia humana, el deporte-espectáculo que se resiste a la marginalidad de los medios masivos y a los embates furiosos de las cadenas transnacionales gringas con sus “deportes de lucha” cargados de violencia y decadencia. El diseño ha sabido estar a la altura y colocar en un pedestal cultural esta herencia inmaterial, con todos sus matices, la pasión, la crueldad, la victoria, la derrota, el esfuerzo, la diversión, la fatiga, la recompensa, la humillación del vencido y la gloria del ganador, la lucha libre mexicana representa al final del día un microcosmos sociológico, literario, semántico y antropológico potencializado entre luces, sudor y músculos.

El diseño mexicano debe rendir un homenaje especial a la lucha libre que lo ha provisto de un imaginario invaluable, le ha dado la pureza del diseño popular, del diseño lúdico, le ha aportado una fuente inagotable de historias y leyendas, de personajes míticos y fantásticos. No deberá haber diseñador en México que no se acerque a este espacio de culto, si no lo hace no estará completo, no podrá llamarse diseñador mexicano.

La lucha libre tiene sus grandes templos, sus espacios sagrados, también a sus grandes héroes y villanos, sus legendarios enfrentamientos, desde inicios del siglo pasado hasta el día de hoy se sigue escuchando a diario en cada rincón del país, en la ciudad o en el campo, en la gran urbe o el pequeño pueblo, la oración que da inicio al combate: “¡Lucharán, a dos de tres caídas, sin límite de tiempo!”. Y ahí está la oración hipnótica, casi religiosa, el tiempo entra en otra dimensión donde no hay límites, el tiempo durará lo que los protagonistas dicten y también caerá embelesado ante unos de los rituales culturales más populares y valiosos de México.

 

Publicado originalmente en www.foroalfa.org

  1. Aquí cerramos un ciclo de H+D, nos leemos en el futuro.

 

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Néstor Damián Ortega

Néstor Damián Ortega

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