Opinión

Las falacias de la paridad o la cuota de género II. Se los dije / Piel Curtida

 

La semana anterior había escrito sobre las incongruencias de la paridad de género, por la cual sólo se busca cubrir la cuota de 50% hombres y 50% mujeres en espacios políticos sin considerar que esta inserción femenina debería abonar verdaderamente a una agenda bajo la Perspectiva de Género. Justo había advertido el poner atención al PAN y otras candidaturas que hayan enarbolado el discurso de género ya que podrían emitir mensajes sexistas y contradictorios, pero a sólo días la precandidata a la alcaldía capitalina, Alma Hilda Medina, manifestó en rueda de prensa que las participantes en la justa electoral acompañarán a Martín Orozco a la gubernatura, y dijo: “estoy segura que una servidora va a ser su dama de compañía en la presidencia municipal”.

Aunque esto pudiera parecer un mensaje de compañerismo por el que se buscaba dejar clara una mancuerna rumbo a las próximas elecciones, Alma Hilda Medina se asumió como una precandidata que como mujer -dama- únicamente acompañará al hombre propuesto para el gobierno estatal, para ampliar sus políticas a la administración municipal o simplemente posar al lado de él; en vez de reconocerse como una política con las competencias y la capacidad para armonizar proyectos, cada quien bajo las facultades que les corresponde. Esto sin considerar la picardía que genera el término “dama de compañía”. De una u otra forma, evidenció que al interior del PAN aguascalentense los argumentos que hablan de equidad y perspectiva de género únicamente consideran la cuota del 50/50 en favor de la mujeres como un trámite, un posicionamiento coyuntural de moda que de ninguna forma parece tener sentido entre lo dicho y lo hecho.

Había mencionado en columnas anteriores este tipo de sucesos en los que se mostraba que algunas mujeres en gabinetes de gobierno o en cargos de elección popular, en especial del PAN, sólo estaban para cumplir con la cuota, reproduciendo violencia machista o a lo mucho simplemente cumpliendo las órdenes y proyectos del partido al que se debían. Sin embargo, pasé por alto algo que es puntual y podría -espero- impulsar un ejercicio de concientización entre las mujeres militantes, por los diversos historiales parece que a las únicas mujeres a las que se les impulsa su trayectoria son aquellas que asumen su papel secundario en la visión machista de la política, que a pesar de contar con las oportunidades de transformar procesos y acciones para incrementar la participación política femenina aceptan sólo continuar con las líneas del partido, sin reparar en que al convertirse en funcionarias públicas deben responder únicamente a la ciudadanía, olvidando que son mujeres que tuvieron que abrirse paso entre la política masculina.

Algún otro partido político podría no haber ensalzado la inclusión de la Perspectiva de Género, podría no haber alardeado de la paridad política, pero el PAN lo hizo y debe procurar, al menos por imagen pública, el cuidar que los discursos sean congruentes, pues sólo plantea la posibilidad de una falta de compromiso con lo expresado y eso deja mucho qué pensar respecto a promesas de campaña y planes de trabajo.

Por supuesto que la participación de una mujer en la política no asegura la implementación de una agenda con Perspectiva de Género, como la de un homosexual no vaticina políticas en favor de la inclusión de los sectores no heterosexuales, pues existe una diferencia entre la condición y una identidad política, y lo que se necesita actualmente es de personas nutridas por la consciencia de las desigualdades que puedan acceder a la política con el interés de una transformación sustancial.

Recuerdo que también hace días escuché en un programa de debate a un señor que se alarmaba por el ascenso de las minorías, pero es tiempo de mirar a los desterrados en el aislamiento político y social, siempre y cuando no busquen personalizar el poder, para así desarrollar nuevos escenarios que al menos posicionen en la agenda pública los temas opacados y negados por los grupos de poder, las necesidades de los cuerpos en la periferia, de jóvenes, ancianos, no heterosexuales, de mujeres, de personas de color, de grupos étnicos… y tal vez a través de un ejercicio reflexivo nos daríamos cuenta que en la democracia representativa son pocos en realidad los representados.

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Juan Luis Montoya Acevez

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