Opinión

Los ofendidos de los tiempos incongruentes / #PolíticaForDummies

Me parece admirable y valioso el trabajo de Arne aus den Ruthen, de los Supercívicos, de Amedi, de Cimtra y de muchos y muchos ciudadanos y colectivos de ciudadanos que evidencian el mal trabajo de los funcionarios públicos, que sacan a la luz corruptelas y abusos de autoridad y que hacen públicos el mal actuar de los ciudadanos con el único objetivo de tener un lugar mejor para vivir.

Arne es un funcionario público que busca una ciudad que respete el reglamento de vialidad, por lo que decidió transmitir por Periscope los operativos y las reacciones de los ciudadanos infractores; ahí ha descubierto al #LordMeLaPelas, director de un medio de comunicación y cercano al presidente Peña Nieto, quien en un lenguaje muy vulgar lo insultó y amenazó, días después los mismos coches que usan códigos de policía de manera ilegal fueron evidenciados en Periscope y el personal de seguridad lo agredió, robó y amenazó.

Los supercívicos son tres o cuatro personas que se dedican a hacer operativos cívicos donde buscan que se respete la ley. Retiran obstáculos de las calles, solicitan mover carros para liberar las banquetas, evidencian a personas que tiran la basura en la calle y otras historias más que lo que buscan es crear una cultura cívica en el país o en la Ciudad de México. Sin embargo hay quienes al verse evidenciados reaccionan de manera violenta, los golpean, amenazan y maldicen.

Amedi y Cimtra buscan el cumplimiento de los derechos fundamentales de acceso a la información y libre expresión. Cuando Amedi condena a las televisoras públicas de cobertura injusta o de programas que no aportan nada al ciudadano las televisoras y funcionarios, se ven agredidos; cuando Cimtra publica su ranking nacional de transparencia y reprueba a los municipios, los alcaldes se sienten agredidos.

Cuando algún ciudadano exige información o grita en un evento público es silenciado por los guardias de seguridad. Para muchos estos personajes son hippiosos, desquehacerados, huevones, rojillos, revolucionarios, comunistas, socialistas, revoltosos y más adjetivos de los que podemos darnos cuenta en cualquier video de Arne o de los Supercívicos. Eso me hace pensar que vivimos en los tiempos incongruentes.

La Comisión de Derechos Humanos le recomendó a Arne que no grabara ni transmitiera actividades públicas porque invadía y violaba los derechos humanos de privacidad y de derecho a la buena fama. Derecho irrenunciable e innegable para todas las personas, de eso no hay duda. Sin embargo parece que la ley protege a los que no debería proteger. Por otro lado se condena el ataque a Arne por su tan valioso trabajo.

En este mundo de los incongruentes los ofendidos son los ciudadanos que violan la ley de manera sistemática, que al ser evidenciados mediante un celular se sienten agredidos y su vergüenza pública se transforma en reacciones violentas y sin explicaciones, los ciudadanos ofendidos son los que, abusando de su poder, de sus relaciones públicas y de sus amistades, deciden estacionar su auto sobre las banquetas o tapándolas, en doble fila, en líneas amarillas o en las rampas de discapacitados, los ciudadanos ofendidos son el jefe de la oficina de la presidencia, el último hallazgo de Arne, quien con su camioneta tapó las rampas para discapacitados y sólo dijo: hay que sancionarlos.

Los ofendidos son los gobiernos que violentan el derecho de la libertad de expresión o el funcionamiento de un medio público, los ofendidos son los gobiernos municipales o congresos locales que no publican información cuando la ley los obliga, o que juegan con la ley y le dan la vuelta publicando información imposible de leer, de manejar o de acceder a ella. Ellos son los ofendidos en nuestros tiempos incongruentes.

Algo tenemos que dejar claro: nada ni nadie está por encima de los derechos humanos, sin embargo no se puede proteger el derecho de la buena fama a quien por años se ha ganado mala fama y no recibe sanciones, no se puede proteger el derecho a la privacidad a quien violenta el derecho público de caminar por una banqueta libremente o el derecho personal de no ser molestado, o el derecho de saber en qué se gastan los recursos. Hay un debate fundamental, largo y hasta de tinte filosófico que despierta pasiones, sin embargo algo que no está a debate es que los ofendidos no son ellos sino los ciudadanos.

Leyes y decisiones como las de la Comisión de Derechos Humanos no tienen en el centro a los ciudadanos y la preservación del Estado de Derecho, mucho más que eso un principio democrático que en México se viola a diestra y siniestra: la justicia. Es justo que un guardia de seguridad sea evidenciado cuando viola la ley y agrede a un ciudadano, no es justo que se pida que ya no se evidencien esas violaciones sistemáticas a la ley, por ejemplo: ahora resulta en estos tiempos incongruentes que hasta Humberto Moreira es el ofendido.

 

@caguirrearias | [email protected]


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Carlos Aguirre

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