Opinión

Por un voto razonado / Enrique F. Pasillas en LJA

En el contexto de una ya larga crisis del conjunto del sistema-mundo muy reseñada por sus negativos efectos globales, nuestra República (nunca mejor entendida como la res pública de los romanos, aquella “cosa pública” que a todos interesa por lo que nos es común en tanto ciudadanos de ella) languidece, dominada por la casi ausente división de poderes y de balances y contrapesos que han dado paso a la corrupción generalizada con sus hermanas la impunidad y la opacidad; lastrada por vacuos escándalos y montajes mediáticos, por los pésimos resultados gubernamentales en temas tan sensibles como el económico, el ambiental, o las graves violaciones de los derechos humanos por todo tipo de autoridades; según ha podido documentarse extensamente en sendos informes públicos y recientes de diversas organizaciones no gubernamentales, entre los que destacan el de Transparencia Internacional (mide la percepción ciudadana de la corrupción, donde México ocupa el último lugar entre 34 países miembros de la OCDE) y el de Amnistía Internacional (violaciones graves y generalizadas de los derechos humanos en más que conocidos lugares); que dejan muy mal parado a un régimen agotado ante los ojos de propios y extraños.

En este contexto, Aguascalientes, como otras once entidades federativas, vivirá en junio próximo sus elecciones locales para elegir a un titular del Poder Ejecutivo local, once alcaldes y sus respectivos cabildos y a casi tres decenas de diputados locales; elección cuyo resultado final es inédito por incierto.

Así las cosas, sabemos por una parte que las elecciones se han vuelto cada vez más cerradas, más competidas y caras en casi todo el país, sin que ello signifique en lo general mejores gobiernos. La geografía política nacional está llena de ilustrativos ejemplos al respecto. También sabemos del gran desprestigio alcanzado por los partidos y por los políticos, que los pone en el último lugar de la confianza pública, por detrás incluso de las corporaciones policiacas. Así se explica en gran medida la emergencia de proyectos políticos más o menos independientes (Aguascalientes no es la excepción) con mayor o menor grado de autenticidad y posibilidades de éxito.

Todo parece indicar que la entidad, que en números gruesos representa el 1% del electorado nacional (con el electorado más joven y más numeroso de su historia) y cuya economía coincidentemente también representa más o menos el 1% del PIB nacional, elegirá un nuevo gobernador o gobernadora de entre dos o acaso tres candidaturas viables ante la falta de otras alternativas sólidas. El reto de todos los candidatos y candidatas será convencer a un electorado en su mayoría joven y muy crítico con los partidos, con los políticos y con los gobiernos. Vaya un simple dato para ilustrar el tamaño del reto: según la Encuesta Nacional de la Juventud, al 90% de los jóvenes mexicanos (y serán once millones aproximadamente en 2018) les interesa poco o nada la política, a la que consideran una carga indeseable.

Entonces, tendrá mucho que ver con el resultado de las elecciones y la configuración política del estado lo que hagan los dos principales partidos que se enfrentarán, sus clientelas y sus aparatos de movilización del voto. Pero también y cada vez más el perfil de candidatos o candidatas, su personalidad, su trayectoria, sus antecedentes y sus apariciones y declaraciones públicas. Ya no bastarán las siglas del partido, las alianzas o los perfiles que vendan las candidaturas para ganar “automáticamente”.

Se anticipa así una elección cerrada, tal como han sido las anteriores elecciones o más. Y entre más se cierre, más probable es que la parte perdedora no acepte el resultado y los impugne por la vía judicial, como ya hemos visto en otros casos. Cabe observar que los tres principales candidatos visibles a gobernador fueron ya alcaldes de Aguascalientes, y pueden ganar. Lorena Martínez, Gabriel Arellano y Martín Orozco compitieron y ganaron elecciones en el enclave electoral más exigente y más importante del estado. En cuanto a la alcaldía de la capital, en obvio de circunstancias el cargo más importante después del de gobernador, también puede variar el resultado en función de quienes sean los candidatos contendientes, pero al igual que en los otros diez municipios del estado, cualquier cosa podría pasar, como se vio ya en otros procesos. Y lo mismo cabe decir de la composición de la legislatura local.

Así las cosas, no será ocioso para ciudadanos y votantes atender y comparar los resultados de aquellos candidatos que ya han sido servidores públicos y de sus respectivos equipos. Lo que prometió, lo que cumplieron y lo que no cumplieron; lo que hicieron y lo que dejaron de hacer. De quiénes y por qué se rodearon, cómo gestionaron y gastaron el dinero público y cómo ejercieron sus responsabilidades, pues un candidato ganador no gobierna solo.

Más elementos de análisis, al margen de las simpatías o antipatías personales a las que somos tan afectos o del uso y abuso del marketing político: será muy sensato observar los compromisos de transparencia y rendición de cuentas que cada candidato o candidata sea capaz de asumir. Hay en principio un mecanismo propuesto por diversas OSC en el país llamado 3de3, que consiste en que los candidatos a cualquier cargo público o los servidores públicos en funciones den a conocer por medios indubitables su declaración de impuestos (acreditar que pagan impuestos como cualquier otro ciudadano), su declaración patrimonial (cuanto tiene y por qué medios) y su declaración de intereses (quienes son o han sido sus socios, compadres, prestamistas y/o empleadores). La 3de3 es importante porque nos deja ver una foto fija del patrimonio, intereses y compromisos de quienes aspiran a un cargo o de quienes ya ejercen funciones públicas. Naturalmente que hay resistencia de los políticos a transparentar sus intereses y haberes. No es que participar en esta iniciativa los vacune de una vez y para siempre contra la corrupción o el mal gobierno, pero sí nos puede dar un indicador muy simbólico del nivel de su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.

Luego habrá que observar la plataforma electoral y las propuestas de campaña contrastadas con lo que han hecho los partidos que postulan a los candidatos allá donde han gobernado o gobiernan, ya sea en ejecutivos o legislativos locales y federales. Habrá que ver también, más allá de los lugares comunes y de las manidas fotos de campaña con niños y abuelos, lo que proponen en temas cruciales para Aguascalientes, tales como gestión del agua y medio ambiente sano, empleo bien remunerado, infraestructura, movilidad y desarrollo urbano, seguridad pública y mando único policial, procuración y administración de justicia, federalismo o educación y sanidad públicas de calidad; entre otros grandes temas que interesan a todos. Así, habrá que preguntarles una y otra vez a los contendientes lo que diagnostican y proponen para el Estado durante los próximos años. Y habrá que contrastar sus propuestas, cosa de entrada difícil en una realidad política banalizada, donde predomina la imagen sobre la propuesta y donde cada vez es más difícil distinguir el centro de la derecha o de la izquierda porque se han acabado pareciendo demasiado.

Seguro que también influirá en el resultado electoral el contexto de crisis económica y política y los montos de dinero y la forma de gastarlo que cada candidatura invertirá en su campaña. Y desde luego que no sobra preguntar a los candidatos o candidatas si conocen el precio de un kilo de tortillas, el valor del salario mínimo o cuáles son sus lecturas preferidas, por ejemplo.

Hay que reconocer que de inicio la ventaja parece corresponder a los candidatos que postule el Partido Acción Nacional, que ha consolidado un voto fiel y mayoritario, suficiente para ganar diputaciones federales, senadurías de mayoría, la alcaldía de la capital, de otros municipios y muchas diputaciones. Pero en esto también tienen que ver las pifias, ocurrencias, imposiciones y errores de su principal oponente a nivel local, que como buena cabra, siempre tira al monte. De allí el lógico interés del partido en el gobierno y de sus candidaturas por consolidar una coalición electoral que en el papel le dé alguna ventaja sumando todos los votos hipotéticamente posibles. Se dice que allí es donde los llamados “partidos pequeños” pueden inclinar la balanza a favor o en contra de unos u otros. La experiencia demuestra que en política no hay nada ganado de antemano y que esas coaliciones de coyuntura no son infalibles. Luego entonces, para que una coalición electoral convenza a un electorado cada vez menos corporativo y mejor informado se requiere de una oferta de gobierno creíble y no sólo de una alianza puntual de intereses que pasa por el reparto de cuotas y cuates, pero no de la asunción de responsabilidades políticas. Allí están los casos de Oaxaca, Sinaloa o Puebla, que demuestran los nefastos resultados de coaliciones electorales sin pies ni cabeza. El cómo se pueda avanzar en el futuro hacia gobiernos de coalición es una asignatura pendiente ante la ausencia de herramientas de control democrático propias de todos los regímenes parlamentarios, pero ausentes en este caso.

Así las cosas, tendrá también mucho que ver en los resultados la mayor o menor participación ciudadana traducida en votos efectivos, pues ya en el pasado proceso electoral federal la abstención y el voto nulo alcanzaron su nivel más alto en Aguascalientes ante el gran descrédito de partidos, políticos y gobiernos.

En suma, dadas las evidentes limitaciones y déficits de un régimen representativo en crisis como el que tenemos, el panorama es complejo y el resultado incierto, donde tal parece que sería un grave error que algún contendiente o sus entusiastas promotores se adjudique el triunfo por adelantado, pues lo cierto es que en Aguascalientes urgen gobiernos que enfrenten con solvencia la grave desigualdad económica y social como parte de sus tareas fundamentales y que además sean eficaces en el ejercicio sus funciones. Esto es sin duda una condición sine qua non, vale decir, indispensable para el desarrollo social.

@efpasillas


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Enrique F. Pasillas

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