Cultura

Acerca de Memorias de un hombre nuevo / Entrevista a Daniel Espartaco Sánchez

  • El fracaso de los dos sistemas políticos económicos y sociales enfrentados durante toda la segunda mitad del siglo XX

 

El protagonista de la más reciente novela del escritor Daniel Espartaco Sánchez, Memorias de un hombre nuevo (Literatura Random House), es un hombre que no se encuentra a sí mismo, un hombre que vive como un extranjero en su propio país, en su propia familia. El protagonista ha nacido en un país comunista que ya no existe, la República Socialista de Ruritania, hijo de una activista de izquierda y de un brumoso guerrillero mexicano, herencia que en teoría lo convertirían en el “hombre nuevo” de la teoría comunista, al heredar lo mejor de la educación de la izquierda mexicana que lo señalaba como el indicado para liderar la vanguardia de la revolución que crearía el mundo nuevo.

Sin embargo, la realidad es que tras la caída del muro comunista el mundo se ha inclinado sobre el modelo económico y social triunfante: el capitalismo extremo y salvaje que nos gobierna hasta ahora.

Algo salió mal, nos dice el protagonista de la novela de Daniel Espartaco Sánchez, autor, de entre otros libros, Cosmonauta, Gasolina y Autos usados. Algo salió mal cuando su realidad se concentra en vivir lo más alejado posible del lugar en el que viven sus padres y recibir unos sueldos miserables en trabajos precarios que apenas le permiten ocupar un pequeño departamento en una de las muchas unidades habitacionales construidas en la ciudad por un estado benefactor que también se asumía, a su manera, como un estado social, del pueblo para el pueblo. Algo salió mal, cuando todos esos mitos del “hombre nuevo” terminaron por construir dictaduras sangrientas y terribles en el nombre de la “nueva sociedad”. Pero algo salió terriblemente mal cuando tus aspiraciones se basan en la posibilidad de estudiar un doctorado para sobrevivir en el mercado laboral de nuestro país, como Ruth, la amiga, la amante y la relación más seria que mantendrá el personaje principal durante varios años.

Memorias de un hombre nuevo retrata así el fracaso de los dos sistemas políticos económicos y sociales que se enfrentaron durante toda la segunda mitad del siglo XX, para terminar construyendo sociedades en donde la desigualdad y la pobreza se extienden como la única realidad para millones de personas a lo largo del orbe. La novela de Daniel Espartaco Sánchez retrata el fracaso de una sociedad que, como la mexicana, se ha construido durante años sobre mitos, medias verdades y mentiras dolorosas, para no enfrentarse de frente con el gran fracaso de sociedad y de país que hemos construido en los últimos treinta años: “Es un libro que maduré más tiempo, con el propósito de cambiar el tono de mis libros anteriores. Creo que Memorias de un hombre nuevo es un libro que utiliza de pretexto el país para hablar de un sentimiento de orfandad personal, aunque no es un libro autobiográfico, pero también tiene que ver con la idea de ser adulto y vivir en un mundo despiadado, como lo es la ciudad en la que vivo. Entonces está la atmósfera que rodea al personaje, una atmósfera de una ciudad nublada, fría, mi idea era escribir una historia muy personal, porque no creo que sea un sentimiento generacional, pero sí hablo de este ambiente general en donde las personas ya no tienen un trabajo permanente, de esta generación que trabaja como freelance y no recibe su pago a tiempo, es la generación antidepresivo, porque todo el mundo está tomando antidepresivos, creo que en los últimos quince años las condiciones sociales han empeorado muchísimo y la gente vive con una incertidumbre económica permanente, quería que esas sensaciones de derrota estuvieran en la novela, que ese ambiente me sirviera para describir un poco el ambiente que rodea al personaje principal de esta novela” .

Javier Moro Hernández (JMH): Es una novela que describe el desencanto de cierta clase media mexicana, una clase media progresista, por llamarla así, que fue activa políticamente en la década de los setenta y de los ochenta. Una clase media que educaría a sus hijos con esas ideas. Hijos que son ahora una clase media desencantada de la realidad y que observa, de manera un poco cínica, en lo que se ha terminado convirtiendo este país.

Daniel Espartaco Sánchez (DES): En los ochenta y noventa todo el mundo te decía que deberías tener una carrera para lograr tener una estabilidad económica y familiar posterior, para ascender socialmente, pero lo que sucedió con los amigos cercanos que se mataron años estudiando una ingeniería y que se mataron para conseguirla ahora son personas a las que les falló el sistema y se la viven trabajando entre una maquiladora y otra porque los contratos son siempre por temporadas cortas, es gente a la que les falló el sistema, porque sí hubo un tiempo en la que si eras ingeniero podías tener una buena chamba, tener una casa, realmente vivir de lo que habías vivido, ahora ya no es posible, falló algo entre el sistema y la realidad, entre las promesa de un futuro y lo que vivimos día a día

JMH: Hay una escena de la novela que ocurre en unos columpios en medio de una unidad habitacional, en donde el protagonista está con Ruth, que se está despidiendo pues se va a estudiar una maestría en los Estados Unido. Es una imagen que nos habla del final de una era, nos retrata un momento en el que todo se está terminando, el mundo anterior de las promesas y este mundo vacío.

DES: He vivido en unidades habitacionales, y me gustan mucho, me gusta mucho esta idea de la colectividad, de la seguridad social, ese tipo de cosas y soy una especie de fan de las unidades habitacionales, entonces quería que apareciera también como escenarios personales, que te digo, me gustan mucho, pero también quería hacer una comparación entre el mundo socialista y México, que fue un país que en algún momento jugó con la ideología comunista, tuvo sus acercamientos con ella, con la idea del “hombre nuevo”, cuando se construyeron estas unidades estaban retomando esa idea de posible futuro, y ahora vas a las unidades y todo el mundo personalizó sus departamentos, al estilo que quiso, se ve decaída, hay crimen adentro, pero esto es un paralelo mundial, porque esto mismo ocurrió en Inglaterra, en Alemania, en Nápoles, lo que veo es una tendencia mundial de que todo se fue a la mierda, entonces estos proyectos políticos y sociales, que podían tener buenas intenciones, fueron transformando en el fracaso del presente, es decir, sí hay un parecido entre las realidades construidas a partir de una ideología, de una idea compartida.

JMH: El llamado “hombre nuevo” es una construcción ideológica que proviene de los sistemas comunistas, pero en tu novela el “hombre nuevo” es colocado en un mundo que ha colapsado, en donde este “hombre nuevo” ya no tiene cabida, ya no tiene sentido.

DES: Claro, es una ironía, porque este “hombre nuevo” en la propaganda comunista era muy parecido al “superhombre” de Nietzsche, un ser totalmente positivo, que no tiene temores, no tiene dios, la manera en la que primero se pensó al “hombre nuevo” en la Unión Soviética, una idea que al final terminó siendo un fracaso, por supuesto, pero que también fue una idea que desde un principio se pensó, se planteó mal, es decir cuando se instaló el comunismo el hombre no cambió, no todos los hombres cambian, y hay algunos que son corruptos o malvados, siempre habrá de ese tipo, que puede echar cualquier plan utópico o  buena onda que sean.

JMH: Eres un escritor preocupado por la historia, por cuestionar este mito del “hombre nuevo” y lo que terminó siendo, pero también nos das pinceladas del horror de lo que se terminó convirtiendo la vida.

DES: Es que crecí en medio de una narrativa priista, la narrativa “oficial” en la que el Partido te hablaba de la revolución y que esa revolución nos había traído el seguro social, el Infonavit, etc. Es decir, esa versión oficial nos decía que el Estado había logrado cosas, había construido cosas, una especie de Estado bienestar, y esa narrativa desapareció en el momento en el que el PRI se va y se da el paso hacia la transición democracia, que desaparece la antigua narrativa del progreso, del estado del PRI, que ya era una narrativa bastante decadente, por otro lado, sobre todo después de los sexenios de López Portillo y De la Madrid, que fueron los sexenios que me tocaron vivir a mí, años en los que ellos decían que vivíamos una realidad que nadie conocía, nadie vivía realmente. Ahora pasa algo extraño, que es el que regresa el PRI pero ya nadie les cree nada de su narrativa, ni ellos mismos se lo creen. Eso nos deja con un problema, que es que no sabemos hacia dónde vamos, algo que creo que es un problema mundial, que nos atañe. Claro, yo me preocupo por eso porque es algo que he visto toda mi vida, algo que he vivido, para mí la caída del bloque soviético fue algo que representó cosas, para mí, para la gente con la que me juntaba, que era más grande que yo, y ahora nadie se acuerda de eso, sales a tomar unas cervezas. Hay gente que nació en 1990 y que sólo conoce esta realidad y no le preocupa qué pasó antes. Yo lo vi, entonces creo que eso me ha condicionado a tocar y a hablar de estos temas.

JMH: La vida en ciudades pequeñas es uno de los temas que se pueden encontrar en varios de tus libros,  la vida familiar, pero de una familia que piensa y se comporta de otra manera, familias de izquierda que tienen que vivir en medio de sociedades muy conservadoras.

DES: Es que básicamente el norte es muy conservador, Chihuahua es uno de los lugares en donde el PAN empezó a ganar fuerza, y crecí en un barrio de obreros y en los ochenta todos eran católicos, nosotros no creíamos en dios, todos votaban por el PRI, mis padres estaban en el PSUM, nadie leía, mis padres sí leían. Nosotros llegamos a ese barrio porque ellos eran trabajadores, pero sí crecí con el sentimiento de ser diferente, pero yo siempre anhelé ser un poco como los demás, porque obviamente los otros niños eran mejores que yo jugando fútbol, pero al mismo tiempo llegar a la adolescencia es darte cuenta de que el mundo sigue una lógica muy parecida, y uno crece con otros valores, pero que de alguna manera no logras encajar en el entorno, y esa asfixia se transmite a mis personajes, creo, es obvio, mi forma de pensar choca con la forma en la que piensa la gente del norte, que es muy pragmática y la gente siempre está metida en tus cosas, siempre está observando y siempre va a tener una impresión sobre lo que eres y lo que haces de tu vida. Esa sensación de agobio sí es algo de lo que mis personajes respiran antes de nacer.

 

Daniel Espartaco

 

Nació en Chihuahua, Chihuahua, el 13 de noviembre de 1977. Poeta. Estudió la licenciatura en Historia en la Unam. Ha sido becario del Fonca en dos ocasiones (1998 y 2004) en el Programa de Apoyo a Jóvenes Creadores, en las especialidades de cuento y poesía; y en dos ocasiones del Centro Mexicano de Escritores en la especialidad de novela; obtuvo el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes David Alfaro Siqueiros de Chihuahua, en guión cinematográfico. Ganador del Premio Benemérito de América, en poesía, categoría juvenil, de la UABJ de Oaxaca. Premio José Carlos Becerra de poesía otorgado por la representación del Gobierno del Estado de Tabasco en el Distrito Federal. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2005, en cuento, por El error del milenio.

 

Ficha de diccionario de Catálogo biobibliográfico de escritores de México de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA

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Javier Moro Hernández

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