Opinión

Cuauhtémoc: por el bien del futbol y las instituciones / #PolíticaForDummies

 

Rara vez aquí en Política For Dummies hablamos de futbol, una de mis pasiones, sin embargo hoy quiero hablar del personaje más importante en la historia de nuestra selección nacional, un tipo aguerrido, que no arrugó nunca nada de su garra más que la espalda y la rodilla frente a unos trinitarios, mis ojos no han visto un jugador enfundado en la playera verde más descarado que él.

Mi primer recuerdo de un mundial es un personaje con el 10 en el short, short blanco, medias rojas y playera verde entre dos coreanos levantando el balón entre sus piernas para bautizar la famosa cuatemiña, dicen algunos que ese ha sido el mejor mundial de México, que tuvimos a Alemania y perdonamos a Holanda, al matador le faltó lo que al 10 le sobró.

Luego recuerdo a otro número 10 dejando la pierna para que el carnicero Moreno se la triturara, recuerdo a Blanco rescatando a un Vasco en dos ocasiones, lo recuerdo tirando penales, lo recuerdo anotando tres goles bajo amenaza de muerte y sobre todo lo recuerdo festejando de manera descarada y retadora frente a sus rivales, este 10 lo he visto despedirse en más de dos ocasiones, se ha retirado siete veces y divorciado unas cuantas. A este 10 también lo he visto mentando madres, lo he escuchado hablar y lo he visto golpeando a periodistas. Fue un jugador de futbol muy talentoso, de los mejores que ha dado nuestro futbol mexicano, pero su calidad moral está por los suelos.

Un tipo que nunca quiso ser profesional y entregado, me recuerda un poco a la película Rush, donde James Hunt disfrutó la vida de más y ganó un campeonato y donde Lauda disfrutó la vida de menos y fue una leyenda en el deporte, así ese 10 nunca quiso disfrutar la vida de menos, dejar de un lado la comida, la bebida y el cigarro para emprender una carrera profesional en el máximo nivel: el futbol español.

Sí, le hizo un gol al Real Madrid pero nunca pudo sobresalir, él extrañaba su comida, a sus amigos, sus vicios y sus mujeres. Ese 10 nunca quiso ser profesional, como muchas veces nos pasa en México, nunca queremos ser profesionales, nunca queremos ser mejores gobiernos, nunca queremos ser mejores estudiantes, la vida fácil es la mejor. Y sí, ahí también nos ganamos partidos de homenaje, pero no como los mereciéramos.

Ese 10, que usó el 100, ha pisoteado dos de los máximos estandartes de nuestro país, nuestro Estado y nuestro futbol mexicano. Blanco no sólo demuestra que el futbol mexicano es una broma, que las reglas se pisotean cuando se quiere y que no importa que no haya sido registrado, no importa que su número ya estaba registrado y que se violen los reglamentos, Blanco jugó un partido oficial. No sólo evidencia esa corrupción de las normas en el futbol mexicano, también nos echa en cara que tenemos tan pobre espectáculo futbolístico y que no generamos figuras mediáticas y talentosas que necesitamos acudir a Blanco, un jugador caduco para subir el rating.

También Blanco evidencia la burla a nuestras instituciones, esa burla que no sólo la hace él, por supuesto que no, una burla que la hacen los alcaldes con vínculos con el narcotráfico, los alcaldes corruptos, opacos, los alcaldes que usan de estrategia de comunicación una canción de banda, los alcaldes que desvían los recursos públicos a sus beneficios, esos también se burlan de las instituciones mexicanas, pero Blanco lo hace a nivel nacional como la figura mediática que es.

En primer lugar evidenció que un personaje sin capacidad de gobernar puede convencer a los ciudadanos de un municipio por su carisma y su trayectoria futbolística para presidir un Ayuntamiento, ha demostrado su desconocimiento en la materia y que su discurso de hacer las cosas diferente era eso sólo un discurso, al designar a su representante como alto funcionario del Ayuntamiento: sigue las mismas prácticas que tanto criticaba. Blanco no sólo evidencia eso, sino evidencia la parafernalia del poder al ingresar a las instalaciones del Club América en una camioneta de lujo e imponente, resguardada por militares (Militares que están con él, según Graco Ramírez, porque recibió amenazas de muerte).

Demuestra también que un alcalde puede ausentarse de su trabajo de tres o cuatro días para jugar futbol un rato. No digo que las actividades deportivas estén prohibidas, lo que digo es que no puede dedicarle tres o cuatro días a esa actividad. Blanco, el hombre de la joroba, el hombre que se retiró campeón, no sólo pisotea y mangonea la institución municipal y nuestro futbol mexicano, sino que utiliza al Club América para mejorar su imagen negativa como alcalde de Cuernavaca. El partido no fue un homenaje, fue un favor pagado, un favor que no debió concederse, por el bien de las instituciones mexicanas y del futbol mexicano.

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

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