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¿Dónde están ellas? / Alegorías Cotidianas

 

El 8 de marzo siempre es caótico. Todo tipo de manifestación se hace con respecto a la conmemoración del Día de la Mujer. A favor o en contra siempre se realizan ceremonias por convicción o a fuerzas. Las asociaciones civiles se encargan de dar números con respecto al maltrato, feminicidios y nunca nadie está contento.

Un artículo de una revista francesa asegura que si se contabilizara como actividad económica el trabajo doméstico podría ser el 33% del PIB de ese país y que mientras se busca la equidad en las labores los hombres de dicha nación en los últimos diez años sólo han aumentado sus tareas 2 minutos al día. En Francia se trabaja 36 horas semanales, según lo estipulado por la ley y la suma de todas las horas trabajadas en el quehacer duro de las francesas se estima en 33 horas semanales más tiempo completo o medio tiempo en el trabajo remunerado.

En México son pocos hombres que apoyan a las madres trabajadoras, quizá las horas semanales de una mexicana de quehacer duro doméstico sea mayor a 33 pues todavía no se rompe con el paradigma de equidad en las tareas de casa, y en algunos hogares toda la carga de limpiar, cocinar, atender hijos lo lleva en un ciento por cierto la mujer. Sin embargo, así como hay mujeres quienes trabajan 44 horas en una empresa y lo que resta en casa casi sin descanso también hay hombres que son sobre exigidos y tienen el papel de ama de casa sumisa sin que sean remunerados o reconocidos por ello. Agradecemos a los hombres quienes trabajan equitativamente en casa realizando tareas domésticas a la par que su pareja o compañera de vida.

Mas las tareas domésticas no es lo único que necesita equidad, también el comportamiento de las mujeres sobre ellas mismas. Culturalmente, las mujeres señalan a aquellas que no actúan según los cánones con los que “una buena mujer debe actuar” entonces se discrimina a la que viste diferente, piensa diferente o actúa libremente. Hay un sinnúmero de quejas de las mujeres por apelativos puestos por los hombres cuando se refieren a ellas como objetos sin escuchar que ellas mismas son más duras para criticar a sus congéneres.

La visión actual de la mujer objeto no es una tendencia machista ya que con las redes sociales el parecer “objeto” está de moda, las descalificación del yo con respecto a recibir un me gusta desvirtúa la otredad y el sentido de autonomía personal. El morbo puede hacer popular lo insignificante y bajo ese nuevo precepto la lucha por la equidad se anula.

Existen visiones ambiguas sobre los derechos que pelean la igualdad más si la educación matriarcal en México sigue educando a ciudadanos que callan todo tipo de acto violento no habrá nunca equidad. Los hombres que son violentados económica, física y sicológicamente no denuncian dichos actos, por temor a represalias cómo perder a sus hijos o ser objeto de burlas por parte de sus allegados. Si vemos a un hombre pegarle a una mujer indigna pero si observamos a una mujer sonarse a su pareja a puño cerrado causa gracias sin ver que el desagravio tiene el mismo nivel de gravedad.

Por educación no todas las mujeres alzan la voz o tienen carácter fuerte para luchar ellas mismas por sus derechos; en cuestiones de violencia hace falta más apertura y respeto para que los hombres violentados por mujeres hablen, puedan recibir ayuda y tratamiento, estamos tan volcados en las leyes en el feminicidio y el racismo femenino que olvidamos el significado de equidad donde se parte todo por igual.

El conocimiento y la cultura no están hechos para algún género más cuando sale a la venta en México un libro extranjero que habla sobre lo que es tabú en estas tierras las lectoras prefieren consumir literatura light, no se apoya entre congéneres a las escritoras mexicanas, los aparadores de las librerías ya no exhiben nombres como Rosario Castellanos, Gabriela Mistral, Cristina Rivera Garza, Guadalupe Nettel. Sin apoyar la economía social y el pensamiento creativo mexicano la lucha de la equidad se ensombrece. Tal vez el objetivo no sea el presentar una figuras estricta y severa una mujer sino ser flexible, creadora, culta y un poco lejana de los melodramas televisivos con sus lugares comunes y figuras obsoletas completamente lejanas a la realidad.

Los personajes de las novelas mexicanas escritos por mexicanas son más propios para la identidad femenina del país, recrea ambientes, costumbres y nuevos paradigmas con respecto a la visión de ella misma.

Los países de primer mundo están centrados en la economía social, si las mujeres soportaran a las escritoras mexicanas comprando sus libros la nueva perspectiva del ideario colectivo se asentaría y cobraría más auge lo que produciría un mayor número de publicaciones de escritoras para así el trabajo intelectual se viera remunerado ganando vigencia y presencia.

Lo mismo ocurriría si compramos obras plásticas de jóvenes mujeres emprendedoras quienes hacen arte y esperan vivir del arte.

Para la equidad hace falta que en las casa mexicanas se apoye a las jovencitas decididas a estudiar algún tipo de manifestación artística. Es importante el tener la libertad de elegir a qué dedicaran su vida y no ser vistas como futuras amas de casa tras un mostrador. El talento y la creatividad existen y se puede incentivar desde casa. La cultura no es un pecado ni una falta de fe sino una oportunidad de manifestación interna donde se pueden gestar nuevos paradigmas para construir un futuro verdaderamente equitativo y pacífico.

¿Dónde están ellas, las mujeres creadoras? Si conoce alguna, joven, adulta, mayor, divulgue su arte y comparta su filosofía de vida.

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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