OpiniónSociedad y Justicia

El chofer del senador / Cocina Política

¡Oscar! Para “el chofer del senador”. ¿Verdad que parece el título de una película? Y digo, ahora que aún nos llegan los efluvios de la entrega hace un par de días, de los premios cinematográficos “Oscar de la Academia” 2016, se antoja extenderle una estatuilla dorada a ese chofer de ese senador.

¡Pero no! Estimada lectora, apreciable lector. Lo que en realidad ese chofer debería tener es el frío acero de una celda; el frío desprecio de la sociedad a la que dice servir y el frío político por su proximidad con un servidor público al que poco le ayuda y poco le conviene, la presunción de poder con que se conduce, en nombre suyo. Aquí la historia.

Capiv. Al Centro de Atención y Prevención Integral a la Violencia de Género llegó Linda María Hernández Maldonado, mujer de casi 60 años, en compañía de su esposo.

Linda tenía 25 años trabajando en el Ayuntamiento de Aguascalientes y contaba ya con su base laboral, lo que la hacía sentir una estabilidad económica tal que su vida transcurría sin sobresaltos. “Ganaba poco, pero era seguro”, nos cuenta Linda.

Un día llegó a la jefatura de su departamento Ramón: el chofer del senador; y la vida cambió para Linda María quien poco a poco perdería todo, a cambio de su integridad como mujer. Como ser humano.

Un chofer, con poder. Desarrollaba Linda María sus labores en el vivero municipal. Quizá extasiado por la verde naturaleza que los rodeaba, quizá soberbio por el azul de que se pintaba la nueva administración, o quizá simple y llanamente por su necesidad obsesiva de control sobre las mujeres, Ramón exigía de Linda María favores íntimos, a cambio de su permanencia laboral.

Muy claro dejaba Ramón a Linda María que más le valía cumplir con sus calenturientas exigencias, ya que él tenía una relación muy directa con el senador Martín Orozco, al fungir como su chofer particular. Por lo que en contra de él -del chofer, no del senador- no habría poder alguno que procediera, ni mano que se atreviera a removerlo de su puesto. Es por eso que decidimos llamarlo en este texto: el chofer del senador.

Señora de canas. A sus casi seis décadas de edad, nos refiere Linda María que era objeto de comentarios irrespetuosos e insinuaciones obscenas. Al no funcionar la estrategia del seductor; siguió entonces, en la escalada de la violencia, la agresión dirigida a denigrar, a humillar, a quebrar la voluntad humana; así, fue llamada lisiada y mounstrito en referencia a un problema físico que presenta Linda María. Ella, en esa etapa de la violencia, se sentía cada vez más ansiosa, y con gran temor se presentaba a trabajar.

A la congeladora. Siguió la escalada de violencia. A Linda le quitaron su computadora de trabajo. La removieron de área. Le quitaron toda responsabilidad y actividad laboral, y de plano la ubicaron en un rincón de la oficina, donde fue privada de la convivencia con sus compañeros de trabajo.

A pesar de todo, Linda María asistía una y otra vez a su jornada laboral, que consistía en permanecer aislada desde su llegada hasta su salida.

No me la dejen pasar. Un día surgió la instrucción ¡al que me deje pasar a esa señora le pasa lo mismo! Y ya no hubo acceso, a su centro laboral, para Linda María. Pero no la despidieron. Ni la finiquitaron. Ni la notificaron de algo. Simple y llanamente ¡Ya no la dejaron pasar!

Alguno de sus compañeros, conmovido ante su desdicha, llamó a Linda más tarde por teléfono, rogándole que no revelara su nombre, para comentarle que Ramón, el chofer del senador, los había reunido para informarles que “la lisiada había causado baja”. ¡Así: baja! Como un bien mueble averiado que ya no forma parte del inventario de la administración municipal.

Linda ahora no tiene empleo y no ha recibido notificación alguna sobre su despido.

En el Capiv, Linda María, a su avanzada edad, ha sido violentada según la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia con la de tipo psicológica, por el maltrato, insultos y humillaciones; con la de tipo sexual por las insinuaciones y obscenidades. El ámbito de la violencia es el laboral y requiere de asesoría jurídica y psicológica.

Se ha tenido que intervenir integralmente a Linda María por presentar depresión, trastorno de ansiedad, trastorno de sueño, baja autoestima, aislamiento, problemas de adaptación y síndrome de la mujer maltratada.

Martincito Martín. En lo legal laboral ¡Ni hablar! Lo último que se le informó a Linda María es un “no puede pasar”. Sigue sin trabajo y sin la atención y respuesta que merece.

¡Ay, mi Martincito Martín del Campo! Mi presidente municipal ¡No me falles! Ahí te encargo a la infortunada abuelita Linda María. ¿Qué culpa tiene ella de las frustraciones íntimas de Ramón? ¿Y qué culpa tienes tú, de tener entre tus “compromisos” al poderoso (según su dicho) chofer del senador?

Nos vemos en la próxima. Recuerde usted que en mi cocina se come, se lee, estudia y platica de todo… especialmente de política.

CODA. Centro de Atención y Prevención Integral a la Violencia de Género. Calle Nicolás Bravo 105, Barrio de Guadalupe. Atención de mujeres que sufren cualquier tipo de agresión y violencia, de lunes a viernes, todo el día. Asesoría Psicológica, Médica y Legal.

[email protected]

The Author

Socorro Ramírez

Socorro Ramírez

No Comment

¡Participa!