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El payaso de rodeo / Ciudadanía económica

Una de las actividades típicas de la cultura forjadora de los Estados Unidos de América (EUA) es la realización de eventos -rodeos- donde intrépidos vaqueros montan reses bravas y caballos salvajes. Especialmente peligrosa es esta suerte si el vaquero cae, ya que lo primero que hace el toro violentado por los amarres y la incómoda montura es buscar al atrevido y pequeño ser para embestirlo con todo el justo coraje que la bestia ha acumulado. Es entonces cuando salta al ruedo un personaje sumamente particular. El payaso de rodeo, ataviado estrafalariamente y haciendo gala de gritos y aspavientos, distrae al toro de su original objetivo, para dar tiempo al vaquero de incorporarse y ponerse a resguardo. El payaso de rodeo es un personaje extravagante, excéntrico, sobrecargado y abigarrado cuya función es distraer engatusando al toro y permitiendo que éste pueda ser sometido y desbravado para volver a ser montado por otro vaquero.

Donald Trump, el controversial personaje que pretende hacerse con la candidatura del partido republicano a la presidencia de los EUA, descuella en la actual campaña política por su despotismo y carácter pendenciero. Así distrae, cual payaso de rodeo, alejando a la opinión pública de temas sociopolíticos realmente importantes para el futuro de esa nación y del mundo.

Es uno de los millonarios más populares de un país donde mucha gente valora la capacidad de hacer dinero como virtud humana. El dueño y morador de la Trump Tower, propietario de yates de lujo, helicópteros, un equipo de futbol, del famoso edificio Empire State, y con un patrimonio valorado en 4,000 millones de dólares, se ha atrevido a afirmar que se debería prohibir la entrada de todo musulmán a los EUA. Ha sido acusado de alterar orden público y sus declaraciones fuera de tono lo han colocado como uno de los personajes públicos más polémicos por su carácter egocéntrico. El que se diera a conocer a través del programa El Aprendiz ante el público televidente de la nación que otorga la mayor credibilidad a lo que emite por ese medio electrónico, emite constantemente comentarios rabiosamente racistas.

Hispanos y musulmanes son causantes, según él, de los crímenes violentos en los EUA, por lo que insiste en construir un muro en la frontera con nuestro país para evitar el ingreso de “los salvajes” e iniciar un proceso para “recuperar nuestro país que por culpa de los mexicanos se está yendo al infierno”. En la cadena televisiva Fox anunció que abrogaría la Enmienda 14, que permite tener la nacionalidad a toda persona nacida en los EUA.

Se autopromueve como hombre hecho a sí mismo, para dirigir al país como un negocio. Es un tipo mediático, notorio y provocador. Se hace el loco pero tiene una función muy concreta en este proceso electoral a realizar en el año en el que la economía de los EUA y el sistema monetario mundial basado en el dólar pasan uno de los peores momentos de su historia.

El expresidente Bill Clinton, de quien el expresidente George W. Bush se refirió como “hermano de otra madre”, fue quien lo impulsó a ser el candidato del partido republicano. La precandidata con más posibilidades para representar al partido demócrata a la presidencia de los EUA y esposa de éste fue notoria invitada a la última de sus bodas, con lo que Trump se regodeó diciendo que “Hillary no podía negarse a asistir porque yo doné a su fundación una buena suma de dinero”. Todos ellos, los políticos de ambos partidos de los EUA, de alguna manera o están emparentados entre sí o comparten vastas redes políticas y de recaudación. La campaña presidencial es también un espectáculo que genera mucho dinero.

El voto hispano en la nación norteamericana asciende al 44% del padrón electoral. Las diatribas de Trump contra la población afroamericana y las minorías asiáticas y musulmanas le restan el apoyo que necesita para poder llegar a la presidencia. Su función, según parece, es allanarle el camino a Hillary Clinton a la Casa Blanca. Es el payaso que, con la ingeniería electoral de este gran espectáculo, distrae entreteniendo a la población con sus estridencias.

Quienes deciden el futuro de la nación al norte de nuestras fronteras son los enormes poderes fácticos que representados por la banca, los dueños del negocio petrolero, las armas, los alimentos, los medios de comunicación y las farmacéuticas. El medio de comunicación por excelencia de estos grandes poderes que dirigen el mundo es la revista The Economist.

El que se considera ser el semanario de política y economía más importante, preciso e influyente del mundo, vocero de muchas estructuras de poder, la City, por ningún lado parece considerar siquiera la posibilidad de que Donald Trump acceda a la presidencia de los EUA.

Es el único medio de comunicación que tiene autorización para entrar a las reuniones del Grupo Bilderberg y opera mancomunadamente con las más importantes organizaciones para la planeación del desarrollo de los negocios y estrategias geopolíticas del mundo como la Comisión de Relaciones Internacionales (CFR) y Comisión Trilateral. Sus artículos no son firmados, son todos artículos editoriales, por lo que lo que aparece en su portada del número dedicado a los eventos esperados en 2016 es considerado por muchos analistas mundiales el anuncio encriptado de lo que sucederá en el mundo en este año.

Allí se destaca, en tres palabras, la expectativa de quienes representan los poderes fácticos, lo que distinguirá a este año: “women, woes, wins” (mujeres, penas, triunfos). Y aparecen las imágenes de mujeres influyentes, destacando la efigie de Hillary Clinton sin que se vea la triste figura de Trump, a quien la simple exposición mediática sólo le permitirá ser aún más rico.

 

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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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