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Libertad de expresión, redes sociales y campañas políticas / Enrique F. Pasillas en LJA

En el pasado eras lo que tenías, ahora eres lo que compartes

Bogaard

 

La comunicación social es un fenómeno complejo. Otra cosa diferente es el marketing tan al uso entre nuestros políticos y políticas en su desmedido afán de ser vistos, oídos y reconocidos a tiempo y destiempo por propios y extraños; todo, por supuesto, con cargo al presupuesto público Pero las redes sociales no se tratan, como muchos creen, de una simple herramienta de marketing directo, sino que son esencialmente comunicación humana. Detrás de cada tuit, blog o share hay seres humanos reales, con inquietudes y preocupaciones antes que consumidores acríticos de propaganda.

Mucha razón tiene Noé García entonces cuando apunta que las precampañas en abierta campaña no hacen más que simular lo evidente a ciencia y paciencia de las autoridades electorales, que como hemos constatado muchas veces, no nos salen precisamente baratas ni especialmente efectivas a los contribuyentes a la luz de la pobre calidad de nuestra democracia y la bajísima efectividad de nuestros gobiernos. ¿Por qué entonces sostener a un costo tan alto autoridades tan omisas? ¿Quién y cómo evalúa el desempeño de estas y otras autoridades “ciudadanizadas” y “autónomas”? Buen asunto para analizar en otro momento.

El caso acá es que la laxitud de estas autoridades electorales, so pretexto de que internet y las redes sociales, no están claramente reguladas por la legislación electoral, no se sostiene, porque tiempo y ocasión se ha tenido de sobra para hacerlo de manera clara y minuciosa. Así que podemos decir que no se hace porque no se quiere, pues resulta mucho más conveniente dejar las cosas al libre arbitrio del “libre” mercado político, con la coartada perfecta de un supuesto y mal entendido derecho constitucional a la libre expresión. Pero es preciso señalar que los tiempos electorales no son tiempos ordinarios en ningún régimen que se pretende mínimamente democrático, así que puede y debe haber toda clase de reglas y límites para candidatos y partidos en campaña en aras de atenuar la gran inequidad política y electoral prevaleciente. Por lo demás, en todo tiempo la libertad para expresarse públicamente no puede ser absoluta. Está limitada por el interés público de modo puntual, como también lo están otros bienes considerados jurídicamente valiosos ¿Cuáles son estos límites? Están establecidos en diferentes ordenamientos internacionales y en el sistema regional de protección a los derechos humanos, que deriva de tratados suscritos y ratificados por el estado mexicano y que por tanto tienen rango constitucional. De un modo general y en lo que nos interesa, son las siguientes:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura sino a responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar: El respeto a los derechos o la reputación de los demás.” Y: “la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas”. Se prohíbe: “toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión u origen nacional.” (Artículo 13 de la Convención Americana de Los Derechos Humanos).

Es evidente entonces que no se trata de sancionar “al huevo” de Twitter, que difama, denosta o denigra, como cínicamente señala el presidente del INE citado por Noé García en su texto, sino a los autores o autoras que usan el supuesto anonimato para hacer campañas negras en redes sociales. Porque si a estas alturas está más que demostrado que todos los gobiernos del mundo espían legal e ilegalmente a sus ciudadanos, empezando por los de los países supuestamente más “civilizados”; y si aceptamos también que todos los días se intervienen comunicaciones privadas de todo tipo (al mismo presidente del INE le consta, pues no hace mucho que se le evidenció públicamente filtrando a los medios grabaciones ilegales de sus jocosas y zafias conversaciones telefónicas); así que está claro que se dispone de los medios técnicos y legales para saber quiénes son y en donde están los anónimos que usan y abusan de las redes sociales, lo que puede ser incluso considerado un delito. Pero nuevamente en este caso, la impunidad parece ser la regla. Ya lo vimos, por ejemplo, en el caso del proselitismo del “Piojo” verde y otras estrellitas de Televisa, a quienes no se sancionó en modo alguno a pesar de haber violado pública y notoriamente la llamada veda electoral en Twitter durante el pasado proceso electoral federal.

También es verdad que las redes sociales pretendes ser usadas para construir realidades edulcoradas o ficticias con más que desiguales resultados, pero esto no es más grave que lo que sucede desde hace décadas con la televisión o con los otros medios masivos como la radio y la prensa escrita. Así, lo de las redes sociales constituye la misma tendencia, replicándose en nuevos espacios de comunicación que repiten y amplificar la propaganda ya presente en otros medios.

Pero internet es un medio abierto por definición y las redes sociales aún más. De allí el interés de muchos gobiernos por controlarlo y censurarlo. Así, la dinámica propia y compleja de las redes es difícil de digerir para unos políticos y políticas de mentalidad antigua, acostumbrados a la opacidad, las verdades a medias y a las medias mentiras, donde casi todo es enrevesado y mediatizado, no inmediato. Por eso, entre otras cosas, es que las redes sociales les resultan en general tan indigestas, pues a diferencia de los medios tradicionales, en las redes hay contenidos e informaciones instantáneos, además de diálogos y conversaciones constantes que sirven para articular lo mismo tendencias o trending topics, que movimientos y protestas sociales. Así es como muy difícilmente los promotores de los candidatos y candidatas pueden controlar o dirigir las reacciones o conversaciones de una ciudadanía cada vez más crítica y mejor informada, aunque ciertamente minoritaria.

Lo interesante es que incluso antes de empezar oficialmente las campañas hemos visto ya ejemplos claros del desastroso manejo de estas herramientas, que produce a ciertos precandidatos y precandidatas un negativo efecto “bumerán” sin necesidad de ninguna denostación ni guerra sucia en su contra. Así que son ellos, ellas y sus coristas en redes sociales sus peores adversarios políticos. Porque imitar, replicar o copiar lo que han hecho campañas ganadoras y célebres en otras latitudes ni es tan fácil ni está al alcance de un sistema político clientelar y atrasado, donde internet y las redes sociales no tienen la misma penetración que en otros países o que los medios de comunicación tradicionales. Para desgracia de la República, está claro que el voto duro y corporativo que apuntala los triunfos casi nonagenarios pasa menos por las redes sociales y más por la compra del voto, que se aprovecha históricamente de las necesidades y carencias muy reales de la mayoría de los mexicanos.

Habrá que apuntar entonces que las redes sociales tratan más de sociología y de psicología que de consumo o de marketing. Además, cualquier publicista en la vida real sabe que para vender un buen producto primero hay que tenerlo. Pero la política y el gobierno no son, o por lo menos no debieran ser un espectáculo ni una mercancía en subasta, como se han vuelto. Es así que los gobernantes, políticos y candidatos “cocinados en microondas” a los que alude con atinada razón cierto colega jornalero, no pueden vendernos ni menos tuitearnos lo que no son y lo que no tienen.

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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