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Qué es el laicismo / Tlacuilo

Dad al César lo que es del César

y a Dios lo que es de Dios.

Mateo, 22,21

 

Uno de los temas impartidos en las pláticas mensuales de los Amigos de Jesús Terán fue el del “Estado Laico”, porque dimos por hecho que el significado del término laicismo era del dominio público. A partir de allí, durante estos meses hemos llegado a la conclusión de que antes de hablar del Estado laico debimos haber empezado por analizar la definición del concepto laicidad y su significado histórico, porque no es tan conocido como suponíamos.

La idea más generalizada al respecto es la que afirma, erróneamente, que el laicismo es una posición materialista -sino es que atea- que combate a la religión, particularmente la católica.

En el extremo opuesto, igual de erróneo, nos encontramos con el enfoque de un muy reducido sector, que considera al laicismo como una posición que admite luchar en contra de la religión, cualquiera que esta sea.

Entre ambos polos hay diversas interpretaciones intermedias, pero pocas son las que se apegan al verdadero significado del término.

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, el adjetivo laico proviene del griego laikós, que se traduce como del pueblo; de allí pasó al latín laicus probablemente con el mismo significado y finalmente al español laico, en el que adquiere ya, claramente, la acepción de toda persona que no tiene órdenes clericales, como sinónimo de seglar o mundano, seguramente luego que la católica se expandió por Europa como religión oficial del Imperio Romano a partir del siglo IV d.C.

El Estado europeo continuó gobernando conjuntamente con la única iglesia autorizada, consagrando al monarca con el poder hereditario otorgado por la divinidad, que exige la obediencia ciega.

Sin embargo, los avances tecnológicos que desembocan en la Revolución Industrial del siglo XVIII provocan la derrota del feudalismo por el capitalismo, que requiere un régimen de libertades para poner en circulación la riqueza concentrada en pocas manos, a efecto de contar con un mercado en el que la población trabaje a cambio de un salario que le permita adquirir en el mercado los bienes producidos.

Entonces aparece la teoría liberal que establece, en el terreno político, que la monarquía será sustituida por la república cuyo titular supremo, denominado presidente, será investido por el pueblo que a partir de entonces es declarado depositario de la soberanía, mediante la práctica democrática del voto.

Es en este momento en el que la iglesia oficial es separada de las funciones del Estado; no para destruirla, sino para suprimir sus prácticas inquisitoriales y permitirle que los ciudadanos elijan con plena libertad y convencimiento la doctrina religiosa que más les satisfaga.

Es lo que se conoce como laicidad, o principio que establece la separación entre la sociedad civil y la sociedad religiosa. O bien laicismo, que es la independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa.

Desde el punto de vista legal, el laicismo es definido por nuestra Constitución Política de la siguiente manera:

Artículo 24. Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política.

El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.

Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de éstos se sujetarán a la ley reglamentaria.

Tanto la Constitución como la Ley de Asociaciones y Culto Público son claras en cuanto a la libertad que las iglesias tienen para practicar sus respectivos cultos siempre y cuando se abstengan de participar en política, de la misma manera que el gobierno se abstiene de intervenir en su labor espiritual.

Así pues, la población tiene el derecho de ejercer su libertad de creencia, así como las iglesias tienen el de ofrecerle sus servicios.

A las personas que por ignorancia, o influenciadas por información deformada continúan creyendo que los liberales del siglo XIX eran enemigos de la religión, les invitamos a comprobar por sí mismas que eso no es verdad; la mayoría de ellos eran católicos practicantes y murieron asistidos por un sacerdote que les dio los auxilios espirituales, como en el caso de Jesús Terán, cuya lucha no fue contra su religión sino a favor de la libertad de pensamiento de todos los ciudadanos.

Aguascalientes, México, América Latina

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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