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Cocina Política ¿Por qué fui?

Le voy a explicar a usted por qué fui.

Fui porque el destino puso en mis manos tres asuntos de los que tomé conocimiento y ahora se los expongo.

El de Linda María. Mujer de 58 años, despedida injustamente por el “chofer del senador”, de su trabajo en la actual Presidencia Municipal de Aguascalientes por no satisfacer los bajos deseos de su exjefe.

Si bien Linda María ya fue reconocida como trabajadora municipal, y ya no le dicen “mounstrito” ni “lisiada”; sigue sin obtener su reinstalación. Así que esperan a Linda, cercana a los 60 años, largos años de juicio laboral, sin percibir mientras tanto ni un solo centavo.

Debido a su edad no es posible saber si Linda María llegará a conocer de la culminación de su juicio laboral. En esta cocina le deseamos que sí, que llegue a obtener su tan ansiada reinstalación y posterior jubilación, para que pueda ¡Por fin! Vivir sus últimos años en paz. Por eso fui.

El de Lilia Monserrat. Que está desde agosto del año pasado obligada a tomar una silla, sentarse en el estacionamiento de la institución y cumplir así su jornada laboral en el Instituto Tecnológico del Llano. El problema es que Lilia Monserrat es secretaria, y obtuvo su plaza en el sistema de Institutos Tecnológicos mediante concurso: aguantar el sol que cae a plomo en el estacionamiento no es su función.

¿Por qué Lilia Monserrat pasa sus días en el estacionamiento del IT de El Llano? Porque es una medida de intimidación laboral para que desista de señalar el acoso sexual de que fue objeto por su jefe inmediato. Si Lilia se calla, su castigo cesa. Sólo que Lilia Monserrat aún conserva su dignidad… y no se calla.

Fui porque Lilia Monserrat presentó una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos por el trato recibido contra de ella del jefe de Posgrado y jefe de la joven trabajadora; a quien le parece que el hostigamiento “es una broma” y que Lilia Monserrat “no aguanta nada”; para encontrarse, con que la “recomendada” fue ella: la propia Lilia Monserrat. Ahí en la casa estatal de los Derechos Humanos, en la defensoría de la dignidad y el respeto de los ciudadanos hidrocálidos, un alto funcionario le sugirió a Lilia Monserrat, que “mejor dejara de hacer tanto escándalo”. Por eso fui.

Finalmente, en el caso de Lilia Monserrat, una joven y delgada mujer casada, de 31 años de edad, con tres hijos menores de edad; no ha existido poder humano o autoridad responsable que le conceda el cambio de centro laboral que ella solicitó apenas inició el conflicto. De nada han servido una decena de oficios sindicales, en los que se reprocha a la dirección del plantel su postura omisa ante esta situación laboral y se solicita el cambio de plantel, en favor de Lilia Monserrat. Por eso fui.

El de maestra bonita, una joven y bonita profesora de biología con grado de maestría en educación, que laboraba en una de las escuelas de educación básica, pertenecientes al IEA, asentadas en Calvillito, Aguascalientes, Ags.

Maestra bonita me suplicó ocultar su identidad, porque en su caso las autoridades educativas afortunadamente sí actuaron de inmediato para resguardar a la víctima de acoso, de las reiteradas agresiones de su jefe: nada más y nada menos, que el propio director del plantel. Sólo que esas mismas autoridades, una en particular, la subdirectora del área, concedió el cambio de plantel, con la condición de que la víctima cesara de inmediato las acciones legales en contra del presunto acosador sexual y “ya no le moviera” al asunto.

Una vez más, nos encontramos con autoridades administrativas que no quieren escándalo, sin importarles la condición física y emocional de la víctima. Con autoridades que exigen que todo quede en absoluto secreto, sin importarles la injusticia que implica liberar a un presunto acosador, de juicio y probable castigo: aquí nadie vio nada, aquí nada pasó. Por eso fui.

Finalmente en el caso de maestra bonita fui porque al solicitar e iniciar un procedimiento de mediación, en la agencia conciliadora número 4, de la Vicefiscalía de Investigación de Delitos, de la Fiscalía General del estado; el malhumorado agente “conciliador” le pegó tremenda regañada a la víctima (maestra bonita) por cometer el “agravio” de aceptar el ofrecimiento de resguardarla mediante el cambio de plantel. Por lo visto para el agente era más importante seguir a como diera lugar con el procedimiento que resguardar la seguridad de la víctima.

El furibundo agente también la emprendió contra el representante jurídico de la víctima, por atreverse a brindarle su asesoría y representación profesional; ya que según el agente “esto no es cosa de abogados”. Quizá el acoso sexual sea para el agente “conciliador” cosa de tablajeros, o acróbatas, o ¡qué sé yo!

Finalmente, y sin importarle la presencia del asesor legal de maestra bonita, el agente poco conciliador y muy hambriento (se molestó porque estaba comiendo a la hora de la cita), se dirigió al presunto acosador para decirle ¡aunque usted, no lo crea! Que a él “nunca le pareció seria la víctima”, que la veía “como muy insegura” y que si gustaba el presunto acosador “tenía todo el derecho de contra demandar a la víctima”: así literal. ¡Hágame usted el favor!

Por eso fui. Por usted, por mí, por nuestras madres, por nuestras hijas y sobrinas, por cada mujer de agüitas y cada mexicana. Por cada humana… por eso fui a la “Marcha contra las violencias en contra de la mujer 2016”.

Cuando acompañé a maestra bonita a solicitar la mediación, luego truncada; el temor, hacía que su voz apenas fuera audible. Pero el domingo pasado, que sumamos nuestras voces a la de ella, éramos una sola voz tan fuerte, una exigencia tan firme, que fue imposible ignorarnos.

Fuimos muchas mujeres y muchos hombres, pero nos faltó usted, apreciable lectora, querido lector; ahí lo esperamos en la próxima. Que su voz sea la voz de Linda María, la de Lilia Monserrat, o la de maestra bonita, o… la de tantas y tantas otras.

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Socorro Ramírez

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