OpiniónSociedad y Justicia

Es momento de sentir vergüenza / Disenso

El domingo pasado se llevó a cabo una marcha contra la violencia machista en todo el país, 42 ciudades participaron. Miles de mujeres se movilizaron en todo México para hacer un reclamo público, para gritar al unísono un “Ya basta” contra la violencia de género y la terrible normalización que tiene en nuestra patria.

La violencia masculina hacia las mujeres está más presente de lo que muchos incautos pueden imaginar. Porque convivimos tanto con ella, que no nos damos cuenta de su terrible dimensión. La marcha fue una oportunidad no sólo para dar testimonio de las mujeres asesinadas y desaparecidas que tiene el país, lo fue también para ponerle un alto al acoso que sufren las mujeres todos los días en el transporte público, en el seno familiar, en las escuelas, en la calle.

Junto con la marcha, las mujeres, en un acto de proverbial valentía compartieron experiencias bajo el hashtag #MiPrimerAcoso, ofreciendo un terrible panorama de la asquerosa normalización que hay en el país hacia este tipo de violencia. Este movimiento no sólo deja en claro el escandaloso panorama acosador, sino que da cuenta de un país que no sólo ha normalizado la violencia hacia las mujeres, sino que convive escabrosamente con la pederastia. Muchos de los testimonios, muchísimos, más de los que cualquiera podríamos imaginar, incluyen narraciones de acosos hiper-violentos durante la infancia y provenientes incluso de familiares.

Muchas de las reacciones “críticas” sobre este movimiento no dan sino cuenta de la visión machista que domina nuestra realidad: atacar el movimiento porque no incluye todas las violencias, porque se centra en las mujeres, porque se gritan cosas violentas, no es sino ignorar que esta reacción es absolutamente explicable a partir de la realidad que hemos elegido construir. “Deberían de ser menos violentas”, “la violencia no se combate con violencia”, “deberían ser más inclusivas”, son las críticas más “elaboradas” hacia un movimiento que contesta con palabras fuertes a actos criminales.

No me parece que éste sea el momento propicio para hacer una revisión sobre la agenda feminista. Podemos, como en cualquier postura ideológica, no estar de acuerdo con algunas cosas, pero esperaría que, en el otro extremo, estuviéramos en total desacuerdo con la ideología que humilla, excluye, violenta y mata a mujeres diariamente en el país. Ese sólo principio debería impulsarnos, pondero, a pasarnos a un lado del espectro sin ningún miramiento. A quienes cuestionan la forma en que se han desarrollado los feminismos deberíamos invitarles primero que nada a revisar la forma en que se ha salvaguardado el machismo por años en nuestro país.

En México la desigualdad salarial se manifiesta con las mujeres ganando en promedio la mitad que los hombres. En Aguascalientes por cada mujer que gana más de dos salarios mínimos hay tres hombres. En el espectro contrario, por cada hombre que gana un salario mínimo hay dos mujeres.

El Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo en México coloca a Aguascalientes en el número 32 del ordenamiento en cuanto a desarrollo en condiciones de igualdad. Si bien las condiciones en el Índice de Desarrollo Humano no parecen tan desfavorables, en términos de crecimiento pareado de ambos géneros Aguascalientes resulta el estado peor calificado. Tenemos más desigualdad pues, no sólo que el promedio de México, sino que somos más desiguales que el promedio de América Latina, mucho más cerca en los niveles de desigualdad del África subsahariana que de los de Europa y Asia central.

Esta noción es, sin embargo, extraña para muchas y muchos aguascalentenses. La noción de que “las cosas no están tan mal” es más o menos amplia entre las clases media y alta, sin tener la idea de que realmente lo que hemos logrado es más bien una invisibilización del tema.

Urge construir una sociedad en donde la condición femenina no represente una desventaja. Urge construir una sociedad en donde ser mujer no sea una condición de alto riesgo. No queda, creo firmemente, sino guardar silencio respecto a cualquier anotación que pudiera hacerse a las agendas de reivindicación femenina. Por lo pronto y ante el terrible panorama desnudado el pasado fin de semana, no queda sino sentirnos profundamente avergonzados y apresurarnos a generar mejores condiciones. Ningún apunte hacia el feminismo puede ser tan urgente como la erradicación del machismo.

 

/alexvazquezzuniga

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

5 Comments

  1. Federico Krafft
    30/04/2016 at 19:07 — Responder

    Excelente artículo; da en el clavo en lo que algunos hombres sentimos ante esta situación: vergüenza.

  2. Álex Zúñiga
    01/05/2016 at 15:02 — Responder

    Muchas gracias por darte el tiempo de comentar, Federico. Saludos.

  3. 05/05/2016 at 11:50 — Responder

    Estimdo Alex muchas gracias por tu artículo me parece muy interesante y la normalización de la violencia es algo detestable. En tu artículo mencionas:

    “En México la desigualdad salarial se manifiesta con las mujeres ganando en promedio la mitad que los hombres. En Aguascalientes por cada mujer que gana más de dos salarios mínimos hay tres hombres. En el espectro contrario, por cada hombre que gana un salario mínimo hay dos mujeres.”

    ¿Me podrías dirigir al estudio o los estudios que apoyan dicha aseveración? Es un tema muy importante como bien lo mencionas

    Gracias de nuevo!

  4. Patricia
    13/03/2017 at 06:37 — Responder

    Muy acertado tu escrito, me alegra habérmelo topado en un comentario de un tal ‘callo de hacha”.
    Con respeto, me permito compartirlo en el grupo de mujeres #MiPrimerAcoso de Ecuador.
    Saludos cordiales,

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