Opinión

Galeano y la política / Política for dummies

A un año de la partida de Eduardo Galeano quisiera escribir algo sobre él. Eduardo Galeano marcó mi vida, en la preparatoria leí el fútbol a sol y sombra por recomendación de Jorge y me enamoré de él, en la Universidad leí Las venas abiertas y descubrí a un enamorado de Galeano y su pluma, no he conocido a ningún hombre como Memo que descubrió en Galeano la idea de soñar y quizá de no despertar. Galeano es un filósofo moderno, un hombre sabio, si bien lo podríamos citar en futbol, sociología, historia, economía y hasta en el arte, la verdad es que trascendió en todas esas disciplinas, fue más grande que eso. Estas 800 palabras son insuficientes, inútiles, ni se acercan a él, pero lo intentan.  

La palabra política se ha manoseado tanto que significa todo y no significa nada. Entonces desconfío mucho de la etiqueta política.

Podríamos dejar las frases del uruguayo y no escribir más, no necesitan explicación, traducción o adjuntos, pero de eso se trata esta columna, la política significa tanto, significa una ciencia, una práctica, un conjunto de acciones que busca reducir la incertidumbre por el bien común, significa las acciones que realiza el gobierno, significa la ideología con la que se conduce un gobierno, significa robo, corrupción, conflicto de interés, relaciones privadas, cabildeo. Significa tanto y nada, esa frase explica el porqué de la desconfianza ciudadana.

No soy fanático ni religioso en política. No creo en el fanatismo, creo que los fanáticos deberían estar todos encerrados en el manicomio, porque son peligrosos.

Si algunos musulmanes, si Hitler, si Franco, si los católicos fanáticos, judíos, budistas, terroristas de la religión, hubieran leído a Galeano, este mundo se enmarcaría en hechos de tolerancia y no de guerra e intolerancia. Este mundo, moderno o no. Nadie sabe a lo que se refiere cuando dice moderno. Pero hoy el mundo necesita de tolerancia y pluralidad de ideas para construir un mejor lugar, eso es plausible y se debe promover, pero no necesita de fanáticos, autoritarios, que impongan su pensamiento, se necesita de personas capaces de deliberar, de escuchar, conocedoras de que nadie posee la verdad, esos fanáticos que se creen el monopolio de la verdad recurren a la violencia y provocan un mundo en caos, el mundo de París, de Bélgica, del apartheid o del holocausto.

Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.

Experto en campañas electorales, Galeano descubrió el hilo negro de una manera suspicaz, fina e inteligente. Las campañas electorales, como si lo hubiera escrito hoy, se basan en la construcción de mentiras, de propuestas que no se cumplen, de mensajes que buscan manipular a la audiencia, que no proponen, no comunican, sino que manipulan, venden y monetarizan la política a tal grado de convertir las campañas en el mercado, el político en el ofertante y el elector en el demandante que no analiza ni compara propuestas sino que decide en el plano superficial.

Y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla.

Y así se nos olvida el autoritarismo y la censura de los sesenta y los setenta, el asesinato de estudiantes, activistas, indígenas, mineros, manifestantes, así se nos olvida el monopolio de las telecomunicaciones, se nos olvida el unipartidismo, la faramalla de las elecciones, las desapariciones y preferimos repetir la historia en lugar de hacer la nuestra, una historia democrática, que incluya a los ciudadanos en el centro de las decisiones, con nuevos personajes, nuevos modelos para gobernar, comunicar y rendir cuentas.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

En esencia, la política, los partidos políticos y la democracia nos invitan a tener acciones que busquen el bien común, el beneficio de todos, reducir la desigualdad, la pobreza y aumentar la calidad de la vida, nuestra trascendencia se basa en enfocar todas nuestras acciones para cambiar la esencia de las instituciones, de nuestra actuar, de nuestro entorno, transformarnos para ser un lugar mejor.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

En la democracia todos los ciudadanos participan, deciden, gobiernan. Los ciudadanos son libres, capaces de decir lo que quieran, cuando quieran, como quieran sin miedo a ser censurados, violentados, no se mueren los periodistas, los gobernantes no se roban el dinero y son transparentes, rinden cuentas y obedecen a los ciudadanos, en democracia no hay diferencias abrumadoras entre clases sociales, no hay privilegiados que no pagan impuestos, no hay empresas que abusan del consumidor sin regulación o sin recibir ningún castigo, no hay ciudadanos de primera o de segunda, no hay trámites y títulos que se compran, no hay servicios médicos de primera o de segunda, no se cobra el internet, ni el agua, ni el aire, en una democracia se cuida el medio ambiente para crear una comunidad que pueda vivir en armonía. La utopía sirve para eso, para caminar.

@caguirrearias

 


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Carlos Aguirre

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