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La violencia es una cultura / Alegorías Cotidianas

 

La época electoral pone a todos sentimentales y dadivosos. Son los dos meses y medio donde los niños y las mujeres son primero, como en las películas de naufragio, los pobres son menos pobres y tienen la oportunidad inigualable de ser escuchados y visitados por los candidatos quienes nunca volverán, y en tres o seis años recibirán la misma atención más de alguien diferente con la misma vestidura.

Rumbo a las elecciones se promete TODO y se reúnen los candidatos con aquellos que pueden ser un factor de cambio en su entorno, se toman fotos y entonces aseguran actuar en aquellas áreas de interés para cada cual.

Los candidatos se reúnen con los profesores sindicalizados, con gran pompa los reciben y les dicen lo que quieren escuchar, todo con tal de conseguir un voto. Sin embargo, los candidatos no se encuentran con los maestros universitarios pues saben que la dinámica sería diferente. Entre los docentes puede haber personas con más conocimiento sobre política, cultura, necesidades sociales y sobre todo con un pensamiento crítico mucho más desarrollado que el de algunos candidatos, tal vez uno o dos solamente tiene la cara de políticos y detrás de ellos hay un ser lleno de sabiduría, honestidad y sencillez, pues los enseñantes de las máximas casas de estudios con sus salarios no pueden ser ostentosos y se presentan a sí mismos pensantes y humildes.

En fin, tal vez los candidatos no están listos para enfrentar al gremio universitario y por ello acuden a sus desayunos con estrategias armadas donde bajo cualquier excusa o invención se puede conseguir el voto, como por ejemplo, el hacer un programa integral de protección a mujeres, la pregunta es ¿no es más sencillo aplicar la Ley General de   Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia?

Lamentablemente, la mujer no es una prioridad de nuestro país, la violencia es una cultura y afecta principalmente a las niñas, adolescentes, jóvenes y adultas quienes cada día padecen un sin número de vejaciones y agresiones sólo por el hecho de pertenecer al género.

Los prejuicios, la costumbre y las tradiciones posicionan a México como uno de los países donde más feminicidios ocurren. Las mujeres crecen con el precepto de que el maltrato es bien aceptado en la sociedad y que por ello es NORMAL que alguien ejerza violencia contra una fémina sin importar su edad o condición social.

Las mujeres feministas o quienes trabajan por la protección de las mismas en ocasiones tienen que ceder y dejar su lucha por las amenazas y la poca eficiencia de la policía.

Los políticos sólo recuerdan que debe existir equidad cuando están en campaña y lo olvidan cuando llegar al poder. Idean “programas” cuando lo único que se tiene que hacer es que las comisiones vigilen la aplicación de la ley y la protección y readaptación de la víctima.

Ya lo vemos en la FNSM, adulteran las bebidas de las jovencitas, el sinnúmero de salvajes que manosea a las chicas mientras visitan los andadores o mientras caminan por los pasillos de los antros mientras la policía cómodamente “vigila” sobre sus vehículos.

Necesitamos hombres feministas en los cargos públicos, de esos que atienden a las ciudadanas con la mirada en los ojos y no en el escote, esos mismos que sí aplicarían la ley y no la dejarían arrumbada en un cajón.

Siempre es un problema la violencia en las escuelas, se hacen reportes y reportes de los hechos violentos que atañen a los estudiantes desde la educación básica hasta la universitaria y vemos que se resuelven sólo porque se hicieron público, mas no porque la dirección hizo algo.

¿Le parece correcto lo que escuchó sobre violencia en las aulas en las noticias el último año? Niños violados por sus compañeros frente al profesor, morados de la cara por las bofetadas otorgadas por la maestra, las peleas sangrientas en secundaria donde los adolescentes incitan a las chicas a golpear a sus compañeras ¿y las denuncias progresaron?

Existe también una ley escolar contra la violencia y como la de las mujeres no se aplica ¿pensaría igual el director de una institución si fuera a su hija a quien un docente patea en un salón? ¿Exigiría que la ley se aplicara sobre el agresor en tiempo y forma? ¿O lo ignoraría como se hace con tantos casos?

Con una cultura de la violencia arraigada las instituciones educativas doblan las manos ante la violencia de género, incluidos también los homosexuales pues algunos maestros que se sienten muy machos les llaman desperdicio y les obligan a hacer más trabajo que a los demás sólo por tener preferencias diferentes.

La invitación y la obligación que hace las Naciones Unidas es a aplicar los convenios contra la violencia en toda ocasión, institución o entidad, mas en la tierra de “no pasa nada” y de intereses particulares tenemos el resultado que se vive día a día, agresores premiados y denuncias que no son levantadas correctamente, instituciones que callan por no perder su “prestigio” y elementos negligentes quienes, como no son los agredidos, desvalorizan el dolor, la angustia de las víctimas y se convierten también, en agresores de la misma por hacer omisión ante la queja o denuncia.

Las instituciones educativas no ponen en marcha las comisiones contra la violencia y la equidad, ciegos y sordos evitan los problemas que existen en las aulas, lo mismo que en la familia, las calles y todo lugar donde una persona de manera voluntaria ejerza algún tipo de violencia ya que: grita porque así es él; te pego muy fuerte esas son sus muestras de cariño; te encerró en el salón pero te quitó las faltas, no sé de qué te quejas.

México necesita un cambio de fondo, romper paradigmas luchar por los derechos universales y por salvarse a sí mismo, las mujeres de éste país, de este estado, de esta ciudad necesitan una cultura de NO VIOLENCIA, de nada serviría un Aguascalientes Valley sin una reestructuración de fondo, sin la búsqueda de lo esencial y la consolidación de una vida libre, enteramente libre para todos.

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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