Opinión

Ninguna, como esta tuna / Cocina Política

Tunas hay muchas. Pero como ésta ninguna. La tuna más conocida y que goza de prestigio popular por su fresco y dulce sabor, y su consistencia ligera y suave, es la fruta mexicana por excelencia: la tuna.

¡I-as y ancas, velita. I-as y ancas!, decía el entonces pequeño Carlitos, mi hermano mayor, cuando deseaba que la abuela Juana Casillas le comprara tunas amarillas y blancas. En aquel entonces pasaba por la calle Guerrero, colonia Centro, un vendedor de tunas que a viva voz pregonaba su mercancía. La abuela Juana pedía medio bote de amarillas y medio de blancas. Rojas no, porque -decían- “tapaban” (causaban obstrucción intestinal).

Hay otro tipo de tunas o estudiantinas. Esas que nos obsequian alegres melodías con su característico sonido a pandero y mandolina. Con su vestimenta al estilo medieval y sus múltiples listones de colores, llenan de vida y alegría juvenil los lugares en que se presentan. “El beso”, “el bachiller”, “el toro y la luna”, “las cintas de mi capa” y otras más forman parte del clásico repertorio de la estudiantil Tuna.

Regálese, estimada lectora, apreciable lector, una noche de Tuna, en la presente edición de la Feria Nacional de San Marcos 2016. De preferencia acompañe la velada con vino tinto, quesos de la región y pequeños trozos del pan de su preferencia. Quizá después de unas tres copas del tinto elegido quiera usted imitar las piruetas que realizan los jóvenes de la Tuna o quizá le dé a usted por llenarse de nostalgia, y solicitar a los integrantes de la Tuna que interpreten la canción “Wendoline”, que le recuerda a su antigua novia de la adolescencia. En el primer caso, lo más seguro es que termine usted con severos dolores musculares y la prohibición de su médico familiar de andar ejecutando piruetas juveniles a sus años. Y en el segundo, lo más seguro es que termine usted durmiendo en la casita de madera de “rufus”, luego de explicar una y otra vez, que ni la exnovia se llamaba Wendoline ni fue el amor de su vida ni la ha vuelto a ver luego de la escuela secundaria. En realidad dormir en la casita de madera de “rufus” no representaría un reto mayor si usted hubiera adoptado un raza San Bernardo como quería su esposa, y no un mini-toy schnauzer como usted se empeñó por aquello de los costos. ¡Ándele pues!

La tuna de terror. La tuna, tunanta de la política hidrocálida, que en verdad causa estupor, es la señorita Tere. En verdad que esta joven tuna no tiene parangón en la historia política hidrocálida.

Agüitas posee el honor de tener a una de las primeras mujeres presidente municipal, la intelectual Carmelita Martín del Campo; la fortuna de haber contado entre sus líderes políticas a mujeres congruentes y tenaces como Lilia Palomino Topete; a la sensible Gabriela Martín del Campo; a la inteligente Cecilia Flores; a la siempre digna María Alicia de la Rosa; a la estudiosa Georgina Barkigia e inclusive entre las más jóvenes a la brillante campeona nacional de oratoria de El Universal Iris Cardona (23 años) o la actual y también muy joven diputada federal Dennis Ibarra, seria y comprometida como pocas.

Pero nunca, que yo recuerde, habíamos visto a una representante popular que en etapa tan temprana estuviera ya apestada por el señalamiento de la corrupción: la señorita Teresa.

Por lo sesenta cobró fama la bella actriz Maricruz Olivier personificando a la hermosa, pero fría y ambiciosa “Teresa”, primero en una telenovela y posteriormente en una película, basadas ambas en el guión de Mimí Bechelani. De manera cruda, en “Teresa” se exhibe el malicioso desempeño de una chica humilde, cuyo talento consiste en utilizar a las personas y a las situaciones en provecho de su propio crecimiento.

La calculadora Teresa sería luego representada por Salma Hayek y Angelique Boyer, conservando, desde luego, del personaje original la desmedida ambición y la poco ética utilización de todos los medios lícitos o no para la obtención de sus egoístas fines. Los medios de la despiadada incluyen su transformación física; que va de una apariencia natural, bonita pero sencilla, a una espectacular y artificial.

¡Maestra! Me nombran los jóvenes oradores y políticos, a pesar que sólo soy una orgullosa profesora normalista. Pero como maestra de la política aprecio e impulso jóvenes limpios de corazón, pensadores, estudiosos. Apasionados ¡Sí! Pero del servicio a la sociedad. Con auténtica vocación de dar, no de darse a sí mismos.

Se lo planteo de manera simple. Si algunos de los jóvenes que llegan plenos de ideales a los partidos terminan hundidos en la corrupción, y en la sola obtención de sus fines personales, nada se puede esperar de una joven que llega, a ojos vistas, sin límites qué respetar ni ideales qué perseguir.

Teresa es Teresa. Apreciable lector, querida lectora. Y quien mal inicia, mal acaba, y si no… al tiempo.

¡Nos vemos en la próxima! Recuerde usted que en esta su cocina son bienvenidos los jóvenes limpios de corazón.

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Socorro Ramírez

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