OpiniónSociedad y Justicia

Por una vida pública rica y plural / Disenso

A menos que usted viva en una cueva, si es de Aguascalientes conoció de sobra el mame de la semana: resulta que, en el norte de la ciudad, allá donde se repartieron mejor los billetes y las buenas conciencias, pusieron un espectacular con un espectacular beso sensual de dos espectaculares muchachones en el lecho y la leyenda “Mil formas de amar, una sola de protegerse. ¡Usa condón!”. Unos cuantos días después -sería más preciso decir horas- y ante la indignación y presión de grupos conservadores, el espectacular fue removido. El escándalo tomó proporciones importantes: afortunadamente, nutrido en mayor número por las y los indignados no por el contenido sino por el claro acto de censura, que después se precisó en homofobia, y después se precisó en intolerancia e ignorancia cuasi medievales hacia las cuestiones públicas.

Confieso que por un momento concedí mucho, demasiado, a quienes se indignaron por la propaganda, pregunté públicamente si podría deberse al cuestionamiento sobre si era absolutamente necesario mostrar una estampa erótica para dar un mensaje de salud pública. Rápidamente la realidad me dio de golpe: se reemplazó el espectacular con otro, el de una pareja heterosexual donde una mujer, al frente, con senos prominentes, era abrazada por un hombre. Mucho más explícito y erótico que el anterior. Como causó menos revuelta social, concluí que lo que realmente molestaba a las buenas conciencias era la homosexualidad. No voy a ahondar mucho en esto porque he escrito varias columnas en este, su periódico, La Jornada Aguascalientes, al respecto. También porque el politólogo Alan Santacruz escribió una brillante columna hace unos días, titulada La pía sociedad de las sociedades pías en donde resume, contundente, mi opinión, teniendo además un extraordinario dejo humano al hablarnos de su intimidad:

“Tengo una hija. No veo -por ningún motivo- nada que represente un problema al explicarle que el amor puede ocurrir entre las personas, independientemente de su género; y que las expresiones del afecto son naturales en el estricto marco de la decisión libre, consciente e informada, del irrenunciable consenso, y de la equidad de circunstancias. Si nosotros como padres somos incapaces de explicar eso a nuestros hijos, no son los valores sociales los que han fallado, somos nosotros como padres los que -con nuestro fracaso- reproduciríamos una generación más de ciudadanos educados en la ignorancia, la culpa, la intolerancia y la oscuridad, incapaces de integrarse comunitariamente con la otredad. Y eso es inadmisible.”

Más tarde, resultó que un grupo de presión social, también estaba pidiendo que se retirara el nuevo anuncio, que se reculara con la campaña entera. En un primer momento podría parecer simple coherencia, hasta que empezaron a conocerse las razones: que les espantaba el uso del condón y que hacía que sus niños se desviaran del recto camino que les habían mostrado en casa. Agrego al acertado juicio de Santacruz: si como padres no pueden explicarles a sus hijos qué es un condón (en el nivel adecuado a la edad en que pregunten) son ustedes un fracaso como padres: extremadamente perezosos, terribles didactas, negadores de la realidad o tienen tan poca confianza en lo que han inculcado que piensan que un espectacular logrará “derrumbar” la formación dada. Y aquí viene una noticia: la sociedad no va a renunciar a sus derechos para hacerles más cómoda su tarea como tutores, las instituciones de salud no van a dejar de hacer lo que deben porque ustedes piensan que su modelo de vida es el único válido.

La censura en primer lugar no es nunca el camino correcto. Yo he propuesto que todas las opiniones deben ser escuchadas, jamás acalladas, pero sí después señaladas, si se amerita, como erróneas, y quienes creen que con presiones sociales se puede modificar la vida pública ad hoc a su vida privada está simplemente equivocados.

No sólo eso: este grupo conservador reta años de investigación científica seria, repartiendo panfletos que dicen, a la letra: “El condón falla de 10 a 30 por ciento de las veces.” Falso: los índices más altos de error que han reportado los estudios son menores al 3% y tienen que ver, mayormente, con empleo equivocado. “El virus del Sida puede atravesar los poros del condón” Los estudios más recientes demuestran que se disminuye el riesgo de contraer VIH en un índice de entre el 85% y 95%. “El virus del papiloma humano puede contagiarse aunque se use condón” La literatura indica no sólo que se disminuye en un 70% el riesgo de contagio, sino que el uso del condón resulta tener efectos benéficos en quien ya tiene papiloma. “Tener relaciones antes del matrimonio no da la felicidad” ¿Qué demonios quiere decir esto? Esta afirmación es una mera creencia. “Tener relaciones antes del matrimonio prepara para ser infiel en el matrimonio” ¿De verdad, creen que la fidelidad se relaciona con el no-uso del condón? Aseguro que no somos los liberales quienes depositamos la lealtad o su ausencia en un pedazo de látex. “El Sida puede tardar hasta 10 años en manifestarse” ¿A qué con este dato? “El único sexo seguro es esperar hasta el matrimonio y fidelidad.” La abstinencia como método para combatir las ETS, una ridiculez sólo comparable a promover la inanición como método de combate a la obesidad.

Sé que parece ocioso que haga la lista y gaste mi tiempo y el de usted en contestarla, respetable lector, pero es que se pone peor, el mismo panfleto de marras asegura que, al promover el condón, implícitamente se da el siguiente mensaje: “Son como animales incapaces de dominarse”. “Usen a las mujeres como objetos”. “No se responsabilicen de sus actos”. “Sean promiscuos”. “Tener un bebé es algo malo”. No: no es una broma de mal gusto. Desgraciadamente.

A mí me preocupa la censura, pero también la oportunidad de que alguien, protegido por sus “creencias” esparza papelería con mentiras y juicios tan obscenos sobre quien decide sobre su vida sexual distinto a ellos. Este mal chiste debe de parar. No porque sus creencias difieran de las mías -porque además defenderé su derechos a tenerlas, como ya nos enseñó Voltaire-, sino porque están equivocados. En primer lugar porque todo lo anteriormente mostrado es falso: están equivocados epistémicamente. En segundo, porque están equivocados políticamente: la sociedad se debe regir bajo el principio de los derechos humanos, los cuales no están a discusión ni a contentillo. ¿No se ajustan a sus creencias, los hacen sentir incómodos? La buena noticia es que estos grupos tienen y deben tener asegurada la libertad de sus creencias, siempre y cuando no traten de imponerlas ni normar la vida colectiva, que debe estar alejada de toda creencia metafísica y de índole privado.

Creo firmemente que este desagradable momento debe ser una oportunidad para todos quienes que defendemos la vida pública rica y plural, para alzar la voz contundente sobre los derechos que TODAS Y TODOS debemos tener como ciudadanos. No sólo derecho a información sobre salud: derecho a integrarnos plenamente a un mundo donde la unión civil, la adopción, la vida social en su máxima expresión no sea limitada ni determinada en función de sexo, preferencia o creencias. Ya no podemos exigir sino eso. Lo merecemos.

 

/alexvazquezzuniga


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Alejandro Vázquez Zuñiga

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