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Terán y Contreras en la Feria* / Tlacuilo

 

El día 13 de Marzo del 2015, fecha en que los Amigos de Jesús Terán entregaron su propuesta al c. diputado Salvador Dávila Montoya, presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la LXII Legislatura, para que se considerara la procedencia de imponerle nombre al año 2016, cerramos el documento sugiriendo la conveniencia de que tal designación recayera en favor de Jesús Terán y Jesús Contreras “…cuya muerte y nacimiento, respectivamente, se fundieron en el eslabón con que el año de 1866 se encargó de enlazar, simbólicamente, la grandeza de dos generaciones de aguascalentenses ilustres… que elevaron a nuestra patria chica a niveles políticos, intelectuales y espirituales cuyo esplendor aún no hemos logrado asimilar: la de la Reforma y la del Nacionalismo Mexicano en el Arte”.

Pero sigamos el orden en el que se expusieron las ideas:

Las ferias agrícolas. La invención de la agricultura en el macizo eurasiático (hace unos siete mil años) propició la reunión de campesinos para intercambiar excedentes en época de cosecha. Cuando se inventa la moneda acuñada (hace unos cinco mil años) empieza a desarrollarse el comercio y esas reuniones fueron haciéndose más frecuentes, creciendo y enriqueciéndose con productos artesanales, así como con celebraciones mágicas y religiosas, acompañadas de espectáculos artísticos y deportivos en lugares y fechas establecidos, generalmente en la cercanía de un templo. Cuando llegaron los españoles a América se encontraron con la sorpresa de que había ferias (tianguis) mejores y más grandes que las europeas, como la de Tlatelolco.

La “función” del huesito. Durante la época colonial, Aguascalientes no tuvo oportunidad de organizar ninguna feria debido a las restricciones mercantiles de la corona española; pero después de la independencia tramitaron el permiso correspondiente para organizar la suya, que inauguraron el día de los fieles difuntos de 1828 en un edificio que construyeron especialmente para ello y al que le impusieron el nombre filipino de Parián (a imitación del de la Ciudad de México que fue designado así porque las mejores mercaderías eran traídas de Asia por el Galeón de Manila). El éxito fue rotundo. Vale la pena mencionar que fue allí donde se inspiró José Guadalupe Posada, desde su infancia, para crear sus mundialmente conocidos personajes de las calaveras.

Las ferias industriales. Los liberales, que estaban al tanto de lo que acontecía en Europa, al enterarse de un nuevo tipo de ferias o exposiciones en las que se daban a conocer los inventos producto de la Revolución Industrial iniciada en Inglaterra el siglo anterior, sintieron la necesidad de participar en aquél despertar a un nuevo tipo de conocimiento que consideraban prometedor de tiempos mejores.

La ciudad había empezado a organizarse y embellecerse gracias a gobernantes como Guzmán, López de Nava, Condell y otros que fueron construyendo un hermoso jardín frente al templo de San Marcos, que fue concluido durante la administración de Jesús Terán, que seleccionaron como sede de la primera feria industrial no sólo de Aguascalientes sino de México, que se inauguró en la primavera de 1851 con el nombre del santo patrono del templo, sin que desapareciera la del Parián que siguió funcionando en noviembre.

El éxito coronó el esfuerzo de los liberales y uno de sus resultados -no sólo el mejor sino uno de los más duraderos- consistió en el apoyo que proporcionó Jesús Terán a dos industriales franceses que, habiendo visitado la primera exposición, se interesaron en instalar una fábrica de hilados y tejidos totalmente tecnificada, que se conoció con el nombre de San Ignacio.

La intervención francesa interrumpió la feria y al reanudarse no volvió a tener la calidad e impulso de su inicio, razón por la que, para la organización de la de 1891, el responsable de la junta, que era el reconocido intelectual doctor Jesús Díaz de León, pensó en invitar como uno de sus colaboradores al gran escultor aguascalentense Jesús Contreras, que había tenido una exitosa participación en la Feria Internacional de París de 1889.

La idea dio un gran resultado, pues el genio no sólo artístico sino empresarial de Contreras le dio a esa feria un impulso formidable en la exposición que se dedicó básicamente a las artes plásticas.

Todo mundo esperaba que a partir de ese gran éxito la Feria de San Marcos reverdeciera sus laureles, pero lo que ocurrió fue inesperado y decepcionante: esa fue la última edición de la Feria. La razón no la conozco a ciencia cierta pues no he encontrado constancia alguna de ella, pero la verdad es que en el siglo XIX no se volvió a dar otra.

La feria resurgió en el siglo XX, pero en el XXI la participación del Jardín de San Marcos en ella es mínima. Tal pareciera que el lema “orden y progreso” de los liberales positivistas fue tan aplastante que no sólo no consiguió la justicia esperada, sino que acabó, también, con el romanticismo provinciano que cantaban los poetas de épocas pasadas.

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

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*Adaptación de la exposición sustentada por el autor en el coloquio mensual de los Amigos de Jesús Terán celebrado el martes pasado en la Casa Terán.


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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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