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Capital erótico y la democratización de las celebrities / Piel curtida

 

Sin duda, el sistema económico en el cual nos encontramos inmersos, prioriza la acumulación de capital, donde es ilusorio el trabajo asalariado “libre” y sólo a través de su misma lógica de acopio es posible brincar a una mejor posición. En su momento, la clase obrera y la clase media creyeron que la panacea para una mejor calidad de vida era el acceso a la educación superior, ser un licenciado o ingeniero para conseguir un trabajo que requiera de menor esfuerzo físico y más remunerado; sin embargo, poco a poco el emprendedurismo se ha consolidado como el nuevo romance capitalista, la vía para obtener esas casas, coches y viajes internacionales, ya sea con o sin educación formal, aunque es indispensable ciertos conocimientos, al menos técnicos, que permitan la competitividad en escenarios cada vez más saturados y precarios. Sin embargo, la transformación social de la mano de las tecnologías de información y comunicación, muestra una nueva incongruencia del sistema capitalista en la forma en que se había concebido la generación de riqueza. Ya se advertía que el llamado capital más que un bien es un proceso para crear más dinero, pero no únicamente a través de la fuerza laboral, ahora observamos que esto es cada vez más posible gracias al capital erótico y agregaría, al morbo.

Con el acceso a las tecnologías de información y comunicación, particularmente medios sociales como Facebook, Twitter, Instagram, YouTube entre otros, los mundos de diferentes culturas y grupos sociales se abrieron a la globalidad y, ante una sociedad ávida de conocer, se pudo capitalizar lo bizarro, lo surreal, lo underground, lo oculto y lo prohibido. No es de sorprender que hasta nuestra época se haya consolidado una subcultura, un grupo identitario, como la hipster, con jóvenes ávidos por lo no convencional, o que hasta hace pocos años haya reemergido el turismo hacia Sudamérica y Asia. Lo hipster parece la unificación de los jóvenes totalmente inmersos en el romanticismo del emprendedurismo, para promover a los jóvenes talentos o empresarios “desconocidos”, a los indígenas y pueblos originarios que necesitan apoyo para hacer frente al capitalismo, aunque irónicamente se realiza a través de las mismas lógicas capitalistas: como la publicidad -de compasión-, más que la defensa de sus elementos culturales. Simplemente piense en las organizaciones que generan la imagen de marca de productos que ya generan algunas comunidades, como el café, prendas de vestir o bisutería, que son compradas a precios mínimos y vendidos a uno más alto gracias a la plusvalía de la etiqueta de una empresa.

Las expectativas por lo no convencional han logrado ser objeto de capitalización para algunos, por ejemplo: el porno amateur monetizado a través de páginas de Internet o la aproximación a la vida de una trabajadora sexual, como la cuenta de La Barbie Regia en Twitter y Facebook. Aunque se puede hablar más bien de capital social, lo cual permite obtener cierta cantidad de dinero por cada visita en una página de Internet, o la capacidad de conectarse con una gran audiencia para vender publicidad a manera de menciones o fotografías donde salga una marca interesada; hay caso especiales donde el morbo y el capital erótico son prioritarios.

Daniela Lorena Aguirre, #Lady100pesos, es una joven que fue grabada en video tras manejar en estado de ebriedad y tratar de sobornar a policías en Irapuato, Guanajuato, con 100 pesos. Su exposición tanto en medios tradicionales como en medios digitales se debió en especial por su cuerpo, por su belleza, por su capital erótico. El mercado masculino hizo patente que la joven podría ser utilizada como un recurso de capitalización, por lo que a pocos días de haber sido presentada ante las autoridades, ya tenía patrocinadores en lista de espera y caza “talentos” que la buscaban para generar ganancias. Dejando de lado la discusión ética sobre buscar como promotor de productos o servicios a una persona que de manera irresponsable condujo estando ebria, que generó accidentes y además intentó sobornar, se evidencian nuevas dinámicas para la acumulación de dinero y la publicidad a través del capital erótico que se expone en medios sociales, pero que debe ser exhibido en situaciones polémicas para ser reconocido entre los millones de internautas, productores y consumidores de contenidos digitales. El cuerpo continúa vendiendo, pero ahora se requiere de una exposición mayor, “legitimada” por los públicos y no por empresarios a través de likes, shares y memes: se trata del cuerpo utilitario en una economía que exige, ante las tecnologías de comunicación, una mayor cultura a la imagen.

Otro ejemplo reciente de esta nueva relación entre el capital erótico y el capitalismo es el de las policías topless, una de Nuevo León y al parecer se están sumando más en Puebla. La primera, Nidia García, es ahora exintegrante de la Policía de Proximidad, que ha sido contratada por una empresa de entretenimiento para dar show en diferentes ciudades de la República Mexicana, ahora bajo el nombre artístico de la Polisex, gracias a una fotografía que se viralizó (compartida varias veces) donde usaba uniforme de la Secretaría de Seguridad Pública y mostraba sus senos. Aunque una mujer que hace “topless” no debería ser vista de una manera más sexual que un hombre sin playera, esto representó una oportunidad de comercializar el erotismo a partir de un fenómeno mediático. Tal vez por ello parece que otras mujeres policías están subiendo a Internet sus selfies en topless con la esperanza de tener la misma suerte que Nidia García, lo cual ratifica que nuestra época está marcada por la exposición y el cuerpo instrumental, que más allá de ideales o discusiones teóricas, la práxis nos rebaza, surgen más incongruencias, pero a la par se perfilan nuevas alternativas de emprendedurismo, de ese bello romance que surgió por la unificación del mundo capitalista y la desigualdad entre naciones, aunado a la incapacidad regulatoria de los Estados.

Si bien caben los debates sobre la ética de exponer nuevamente a las mujeres como objetos de capitalización, publicidad y venta, y la forma de replicar esta visión al aceptar este tipo de relaciones o incluso buscar estas “oportunidades”, también es importante reflexionar sobre las formas en que nuestro mundo se reconfigura, donde la sociedad de la imagen ha sobrepasado las dinámicas comerciales y ante fenómenos como #Lady100Pesos o la Polisex, los empresarios necesitan correr a buscarles pensando únicamente en que su marca o producto tendrá más visibilidad al ser promocionadas por estos personajes emergidos de la polémica digital e interactiva.

Aunque esto no es algo nuevo, podríamos hablar de una democratización de acceso para lograr ser una celebridad (celebrity), que para muchos sectores productivos realmente significa un recurso de marketing. Lo irónico para México es que en un país con tantas carencias y problemáticas tal vez se pensaría que poca gente buscaría o demandaría productos promocionados o shows a cargo de este tipo de personalidades emergidas gracias al escándalo, pero como ya se ha descrito por diferentes académicos, las contradicciones del sistema capitalista continuarán.

Después de unos días durante los cuales #Lady100pesos capturó la atención de medios de comunicación tradicionales y emergentes, se reactivó la noticia -no tan fresca- de que Olga Medrano, una joven de Jalisco, había logrado ganar la medalla de oro en la Olimpiada Europea Femenil de Matemáticas, celebrada en Rumania, a mediados del mes de abril. Aunque ya se había difundido la noticia, se recicló con el hashtag #LadyMatemáticas por parte de los medios de comunicación, mientras que algunos usuarios “independientes” desarrollaban y compartían memes comparativos entre ambas ladies, argumentando la importancia de exponer este otro tipo de personajes que destacaban por sus capacidades intelectuales. Si bien, se utilizó la popularidad y polémica generada por Daniela Lorena Aguirre, convertida por los usuarios de medios sociales en sex-symbol, para traspasar la coyuntura hacia otro caso muy distinto, es importante reconocer como algunos internautas dieron mayor peso al logro de la mexicana en una competencia de matemáticas.

Si los medios digitales actuales parecen ofrecer la oportunidad de ser celebridades a través del morbo, la polémica y el capital erótico, ¿será posible emplear este recurso para exponer los logros intelectuales de nuestras y nuestros jóvenes? Así como las empresas buscan esos personajes con la capacidad de exposición para promocionar sus servicios o productos, ¿podríamos obligarlos a buscar los verdaderos talentos de nuestro país? Quizás, de esta manera podríamos demostrar la capacidad con la que cuenta México. Por lo pronto, podremos ir evaluado, en el día a día, qué es lo que llega a nuestros muros en Facebook, cuáles son los temas de tendencia en Twitter, cuáles son los videos más vistos en YouTube: ¿una oportunidad de impulsar el desarrollo de nuestra sociedad o para simplemente reforzar el consumo de cuerpos y del morbo?

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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