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Di no a las drogas… legales / Análisis de lo cotidiano

El alcohol y el tabaco son drogas legales. Esto significa que el tabaco, la caña de azúcar, el viñedo y el agave pueden ser cultivados bajo vigilancia de las autoridades y una gran cantidad de restricciones e impuestos. Puede producirse industrialmente, comercializarse, venderse y consumirse libremente, bueno no tan libremente, con algunos límites. Y puesto que son sustancias adictivas, finalmente acarrean graves trastornos a la salud personal como en el caso del alcoholismo, cirrosis hepática, trastornos de la coagulación y Delirium Tremens (Síndrome de Wernicke Korsakoff), además de los daños colaterales como son las lesiones y muertes por accidentes viales, accidentes domésticos y violencia. En el caso del tabaquismo: enfisema pulmonar, asma, cáncer de vías respiratorias y agravamiento de otros padecimientos con hipertensión arterial y cardiopatías. Además de los daños colaterales como son estas mismas enfermedades en los fumadores involuntarios que son los familiares del tabáquico. Sin embargo, algo se ha logrado. Las firmes decisiones de nuestros congresos se han convertido en leyes que han reducido la publicidad de las bebidas alcohólicas, han limitado el espacio de los fumadores, han obligado a colocar leyendas de advertencia en las cajetillas de cigarros (aunque no en las de puros y tabaco para pipa) y han prohibido la venta a menores de edad. La disminución en la consumo ha sido sensible. O sea que las medidas limitantes sí funcionan. Pero hay una asignatura pendiente de gran magnitud y de enorme impacto porque no se habla de este problema, no se menciona, como si no existiera. Se trata de la farmacodependencia, que es la habituación a consumir medicamentos prescritos legalmente por el médico. Esta adicción suele durar años y conlleva un gran daño a la salud física y peor aún a la salud mental, porque el paciente llega a convencerse de que sin el fármaco, no puede vivir. Las ganancias para los laboratorios farmacéuticos son estratosféricas, lo cual significa también un daño económico al paciente que tiene que consumir una buena parte de su presupuesto en una sustancia, que no es esencial, pero que él cree que es necesaria. Al momento actual, en nuestro medio existe una enorme población de adictos a los ansiolíticos, antidepresivos, analgésicos, esteroides, anabólicos y complementos nutricionales. Todos ellos pueden acarrear graves trastornos tales como psicosis, cardiopatías y muerte súbita. Además de la depresión y ansiedad que ocurren cuando no toma el medicamento porque no tiene dinero para comprarlo, lo que agrega la posibilidad de que se convierta en una carga para la familia o caiga en la delincuencia con tal de obtener dinero para comprar su medicina, igual que hacen los otros adictos. El asunto es grave porque está rodeado de grandes inconsistencias legales en el ámbito mundial. Uno de los medicamentos más adictivos en todo el planeta son lo analgésicos derivados de la codeína como el Oxicontin y el Vincodin que se venden por millones de tabletas diarias en Estados Unidos. Resulta que están elaborados a base de codeína, que se obtiene del opio, que a su vez se obtiene de la amapola. También del opio se obtiene el Nubain (nalbufina) poderoso analgésico. Solo que el cultivo de la amapola está prohibido en ese país y en muchos otros. Los choferes de autos de carga utilizan frecuentemente los “pericos” cuyo nombre comercial es Asenlix (clobenzorex) que es una anfetamina, para no dormirse y tener más resistencia. Solo que ocasiona un severa adicción muy difícil de suspender. Se vende por miles y es un negocio de millones de dólares diarios. Al igual que muchos otros productos que contiene anfetaminas, es derivado de la efedrina, alcaloide de la planta Efedra, cuyo cultivo está prohibido en muchos países. O sea que en el mundo vivimos en un estado permanente de contradicciones, muchos medicamentos se elaboran a base de plantas cuyo cultivo está prohibido, pero se necesitan y esto hace que se manejen clandestinamente oficialmente. El resultado es encarecimiento, tráfico e ilegalidad. Lamentablemente no hemos terminado. Aún nos falta por analizar los ansiolíticos y los antidepresivos de uso diario. El problema es de enormes dimensiones, pero no se avizora ninguna solución a nivel legal. Tal vez estamos muy preocupados todavía con las drogas ilegales.

 

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Héctor Grijalva

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