OpiniónPolítica

La llegada de la marea rosa / Piel curtida

 

En el Día Internacional contra la Homofobia, el presidente Enrique Peña Nieto envió una iniciativa para reformar el artículo cuarto constitucional para garantizar la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en favor del matrimonio igualitario en todo el país, es decir, para reconocer las uniones civiles entre personas del mismo sexo, y anunció la revisión del Código Civil Federal para evitar cualquier disposición discriminatoria, para así permitir, por ejemplo, facilitar el reconocimiento de identidad de género de personas trans o intersexuales. Sin embargo, ¿el discurso pro diversidad sexual de la Presidencia será sólo una estrategia para minimizar los contestatarios?

Sin duda los anuncios de Peña Nieto son un paso importante para el reconocimiento de los derechos humanos de los grupos que históricamente han sido marginados y violentados, pero también es importante dar continuidad al discurso en espera de observar acciones explícitas. Ante un escenario de grandes resistencias y cuestionamientos en el país, una alternativa para el Gobierno Federal es reducir los indignados e incrementar los adeptos, y podría ser a través de acciones que puedan lograr la simpatía de sectores “estratégicos”.

El reconocimiento de los derechos humanos de personas LGBT es un tema que se ha posicionado en el ámbito internacional, con excepción de Rusia que, como Estado, incluso ha criminalizado el ser visiblemente no heterosexual. Este posicionamiento se ha logrado gracias a la lucha y el trabajo de la sociedad civil organizada, pero también por la pujante economía rosa que en parte se debe a la exposición de personas de estos grupos en lugares céntricos, como el futbol internacional, empresas mediáticas, la cultura pop y el entretenimiento. Tal parece que este es el momento de la marea rosa al ser capitalizada por la economía occidental.

Impulsar una agenda nacional a favor de la diversidad sexual es el menor de los males para el Estado que dar continuidad al caso Ayotzinapa, o someter a escrutinio y vigilancia al gobierno de Veracruz, y si bien, repito, el presentar la iniciativa de reforma al artículo cuarto constitucional, considerar el análisis del lenguaje del Código Civil Federal e incluso, simplemente, el recibir a representantes de la comunidad LGBTTTI en Los Pinos, significan un hito para la historia de la democracia en el país, el gran cuestionamiento ante este bello discurso recae en el seguimiento y vigilancia de estas intenciones. Peña Nieto emergió del PRI, ¿su partido apoyará la iniciativa como en otras ocasiones?; el PRI después de enarbolar la laicidad retomó sus estrechas relaciones con la iglesia católica con Carlos Salinas de Gortari; ¿los gobiernos y legisladores del partido en los estados respaldarán la propuesta de su presidente? ¿o todo se trata de acto performativo con un guión y final estipulado para iluminar al presidente nacional como alguien que al menos lo intentó?

Además de leyes, que son necesarias para respaldar y reconocer los derechos de las personas, es necesario impulsar acciones e implementar mecanismos para asegurar la libertad, la dignidad, el respeto y la inclusión de todas las personas. México aún continúa entre los tres primeros lugares por crímenes de odio por homofobia; en Aguascalientes y otros estados de la República, a pesar de las imágenes con la bandera gay en cuentas de medios sociales de secretarías y secretarios de Estado, los congresos siguen estando en inconstitucionalidad; la iglesia continúa con una preponderancia en la opinión pública respecto a derechos civiles; los actos de discriminación en comercios se siguen justificando con el llamado “nos reservamos el derecho de admisión”; la ciudadanía continúa aceptando que es prudente taparle los ojos a un menor de edad para que evite ver un beso entre personas del mismo sexo; a las personas les sigue preocupando que una mujer trans entre al baño de mujeres; una campaña federal de salud no se pudo implementar en un estado por organizaciones Pro-vida.

Tal parece que el único recurso para el reconocimiento de la diversidad sexual como elemento fundamental para el desarrollo de una sociedad justa, sana y armónica es el posicionamiento económico de las personas no heterosexuales, el dinero y el mercado rosa. Recuerdo que a inicios del siglo XXI en una revista digital de la Ciudad de México se presentaba un apartado con las empresas “A favor de lo gay” y otras en contra, por lo cual sólo pensé en que se trataba de una estrategia de mercadotecnia y para recibir mayores recursos por publicidad; sin embargo, tras el boicot económico en Indiana y Arkansas, en Estados Unidos, y después de conocer el movimiento impulsado por Harvey Milk, reconocí una opción de resistencia y lucha a través del mismo sistema que ha minimizado el desarrollo de diferentes grupos y sectores. ¿Qué ocurriría si las personas no heterosexuales, sus familiares y amigos dejaran de consumir entretenimiento, contenidos, servicios y productos que han promovido, realizado, permitido o ignorado actos de discriminación? Aunque la misma configuración del capitalismo ha sometido a la comunidad LGBTTTI a un rezago educativo, económico y de desarrollo, nos encontramos en un momento de gran oportunidad para la marea rosa, pero sólo será posible en la medida en que cada uno de este sector asuma una sencilla postura política: salir del closet.

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Juan Luis Montoya Acevez

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