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Potencialmente peligrosos / Cocina Política

 

¿Pero quién los invitó? Así no deberían andar por las calles, y otras expresiones, fueron las que escuché el pasado domingo 1 de mayo en la calle J. Pani; en plena Feria Nacional de San Marcos 2016.

Los llamados “perros potencialmente peligrosos” varían de temporada en temporada. Básicamente son aquellos clasificados por su potencial agresivo. Sin embargo, el ser potencialmente peligrosos, los deja en eso: en una posibilidad, que no se desarrolla si el ser humano no lo permite o estimula.

Rosy Quezada, de quien ya le he platicado, estimado lector, querida lectora (quizá la recuerda usted como Rosy y sus pitbulls), acudió con su familia humana, así como con un grupo de sus pitbulls rescatados de peleas callejeras, al “Circo animalista 2016”, llamado en años anteriores “Circo de la alegría”.

Pues bien, los potencialmente peligrosos, no fueron estimada lectora, querido lector, los perros pitbulls que nos acompañaron en el “Circo Animalista”; sino un grupo de jóvenes muy ebrios, que insultaron a los marchistas, a la altura de la calle J. Pani.

Los jóvenes se encontraban en semejante estado de ebriedad, que les era difícil sostenerse en pie. Así que envalentonados por los litros de cerveza que corrían en sus venas gritaron cuanta ofensa se les ocurrió; cobijados en el anonimato y vigilados de cerca por un grupo de oficiales de la policía municipal. Al final no pasó a mayor el incidente, y los jóvenes rijosos se retiraron.

Fuera de lo anterior, el Circo animalista 2016. Se llevó a cabo con un recibimiento social respetuoso. Quizá algo asombrado. Tal vez algo irritable, pero bien.

Áurea Escobedo también acudió con su familia: esposo e hijos, al Circo animalista. Ellos portaban una gran lona, en la que podía leerse “México no necesita más sangre”.

Otro de los organizadores, Alex Macías, portaba un megáfono para arengar a los asistentes y entregaba a los marchistas carteles con las leyendas “ponte en la piel del toro”, “fiestas libres de maltrato animal”, “ninguna tradición por encima de la razón” y otras…

Finalmente, pude ver a Denis Patricia Salvans, también estuvo Alma Rodríguez, Guadalupe Castorena y Gyovany Rodríguez, entre un centenar de personas más.

El Circo animalista 2016, tuvo como objetivo la abolición de la tortura y muerte de toros, como espectáculo; pero también el fomento del respeto a los animales en general y particularmente a los perros pits, por lo que nos acompañó la organización “Pitbull rescue”.

Otro objetivo de la marcha fue hacer de conocimiento de las autoridades, que las peleas de perros no han cesado en nuestra entidad. Baste que cualquier se dé una vuelta por la comunidad “los negritos” o por el fraccionamiento Villas de Nuestra Señora de la Asunción, para darse cuenta.

Llamó poderosamente mi atención, el hecho que la gente se acercara para acariciar a los perros de compañía que llevábamos varios, y al hacerlo, no estableciera un símil entre ellos y los toros: ambos seres vivos, ambos animales, ambos agradecidos por una caricia, ambos capaces de sentir dolor, ambos con derecho a vivir.

Lo mejor de la tarde, sin duda fue la juventud. El 80 por ciento de los asistentes al “Circo animalista 2016” eran jóvenes no mayores de 30 años; hombres y mujeres.

Mi alma de cocinera se llenó de esperanza al saber que a los jóvenes de ambos sexos, interesa eliminar del todo la tortura, la violencia, la barbarie.

A mi visión acudió la certeza, que mientras familias enteras, como la de Áurea Escobedo y Rosy Márquez, acudan en defensa del respeto a los seres vivos, en defensa de una vida libre de sangre, en defensa de una sociedad empática y compasiva; estaremos construyendo relaciones sociales sanas, corresponsables y solidarias.

Nos vemos en la próxima. Recuerde usted que en esta su cocina, se come, se lee, se estudia y se conversa de todo; particularmente de política.

CODA. En la calle Jesús Romo Armería, del fraccionamiento José López Portillo; se llevan a cabo a plena luz del día peleas de perros pitbulls. Los perros perdedores, muertos o malheridos son arrojados al contenedor de basura. En ocasiones simplemente los dejan agonizar en la banqueta. Nuestro(a) denunciante, suplica omitir su nombre, por temor a represalias.

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Socorro Ramírez

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