Opinión

Cuando no son los mejores / Ciudadanía económica

 

Estimados lectores, en esta ocasión les comparto una perspectiva que, si bien se genera en este pequeño gran pedazo de Patria llamado Aguascalientes, podría también reflejar lo que sucede en otras entidades y regiones del país. Apenas hace unos días los comerciantes de Aguascalientes, a través de sus asociaciones, cámaras y representantes, lamentaron públicamente que las ventas continúan a la baja, partiendo de niveles cada vez más bajos desde hace más de un lustro. Los ciclos económicos parecen renuentes a responder al mandato de la lógica de temporadas. Antes pensábamos que después de épocas difíciles en las que las ventas bajaban, seguiría necesariamente una temporada con ventas al alza.

Desde hace ya varios años, con una necedad sin precedentes, las ventas de los comercios locales se mantienen oprobiosamente bajas y sin mostrar ánimo de levantarse. Consecuentemente, los ingresos de los negocios permanecen bajos, los sueldos también, si es que no hay recortes de personal y las compras que realizan los comerciantes a sus proveedores también se reducen o se suspenden. El grueso de la población opina que en el pasado ha habido tiempos mejores y que, desafortunadamente no se percibe un ambiente que prometa pronta recuperación.

Por su parte, el Gobierno del Estado se ha dado a la tarea de difundir ampliamente los logros obtenidos durante el sexenio que está por fenecer. Con un evidente esfuerzo mercadológico se proporciona a toda persona que esté dispuesta a creer, la verdad estadística que demuestra lo equivocada que está la realidad.

Si aún existiera algún incrédulo de la exitosa economía del estado, habrá que hacerle saber que la inversión extranjera que llegó a nuestra noble tierra acumuló una cantidad equivalente a una y media veces el valor del producto interno bruto del estado. Que durante los seis años que próximamente cumplirá la administración que está por concluir se generaron más empleos que durante el tiempo que gobernaron los antecesores al actual inquilino del Palacio de Gobierno. Habrá que hacerle saber que en Aguascalientes hay menos desocupados que en gran parte del resto de la República.

Sin embargo, a pesar de ello, en las elecciones locales del domingo 5 de junio, la población local no refrendó con apabullante votación a favor de tan grandilocuentes resultados de la administración que está por concluir. El partido del que emanó el actual gobernador no recibió una avasalladora votación que habría sido congruente con los resultados mostrados por la estadística gubernamental, a pesar de haber presentado en esta ocasión a la candidata con mejor programa, mejores credenciales y mejor preparación que ese partido ha presentado en muchos años.

El despliegue publicitario de la exitosa política económica choca con una realidad que muestra, además, un desánimo extendido a prácticamente la mitad de la población que optó por no votar. Y así aconteció en una gran parte del territorio nacional cubierto por las entidades federativas donde se llevaron a cabo elecciones. De esta manera en el país se gesta un importante cambio en la geografía política que no representa el triunfo de alguien en particular, ya que a quien se ha proclamado vencedor, en la mayoría de los casos, no lo es más que por el rechazo de la mayoría al estado actual de las cosas.

Muchos de quienes estarían al frente de los gobiernos locales a partir de finales de este año, tendrían que realizar importantes cambios en la política social y económica para hacerla absolutamente distinta a como ha sido hasta ahora. La política económica que ha dominado hasta ahora el panorama nacional y en gran medida el local, tendrá que comenzar a considerar a las personas; al ser humano como verdadero centro de prioritaria atención de la política en vez de la ganancia monetaria. La política económica tendría que ser congruente con una verdadera política social en vez seguir siendo un conjunto de paliativos que se aplican para mitigar la pobreza que dicen que no existe y generar aparatosa numeralia económica.

El enorme rezago social ya cobró en el partido mayoritariamente gobernante una factura de desaprobación. Pero se cierne sobre la población la posibilidad de mayor depredación cultural y medioambiental si no saben cómo enfrentar la anunciada reducción presupuestal –por la caída en los ingresos petroleros de nuestra nación-, o cómo mitigar los efectos de los planes y programas incorporados en el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus en inglés). De nada le habrá servido al pueblo el cambio resultante de la pasada elección si quienes asuman el poder local no identifican el porqué la política económica ha pauperizado a la mayoría de la población.

A veces la democracia electoral no es garantía para que lleguen al poder los mejores. Cuando una gran mayoría -la mitad de la población- no participa por desinterés, desánimo o rechazo se abre paso a desaseos políticos y jurídicos. También es cuando la contienda electoral puede tomar visos similares a las pasiones que despierta un partido de futbol o una reyerta familiar al estilo de telenovela. Cuando esto sucede, se corre el riesgo de que quienes tomen posesión en puestos relevantes no sean las personas mejor preparadas para el cargo.

Hasta ahora, no se ha sabido de alguno de los gobernantes y legisladores electos que haya reconocido que no se podrá continuar con la política económica y social vigente, y que cuente con una propuesta correspondiente a los cambios por venir. Ante ello, es fundamental no dejar sin vigilancia ciudadana a quienes asumirán los cargos administrativos y legislativos en el futuro inmediato. La población habrá de alimentar su formación con ideas y propuestas que les permitan trabajar realmente por el bien de todos. En las próximas entregas aportaré mi grano de arena.

 

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José Luis Gutiérrez Lozano

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