Cultura

El libro es un elemento civilizador, un sinónimo de resistencia / Entrevista a Benito Taibo, acerca de su novela Cómplices

“Leer es resistir” es una de las frases favoritas del escritor Benito Taibo, una frase que define su trabajo a favor de la difusión de la lectura. Pero al mismo tiempo es una frase que nos demuestra el respeto absoluto que siente este escritor, poeta y periodista cultural nacido en la Ciudad de México en 1960, siente por el libro y por los protagonistas de las mayores obras que el mundo de la literatura ha dejado como herencia de la humanidad en los últimos doscientos, trescientos años.

Escuchar a Benito Taibo es escuchar a un enamorado de la literatura, a un hombre convencido de que la lectura cambia, transforma, pero que también asocia a la lectura con la libertad: libertad de no leer o de leer cuando se te dé la gana, cuando sientas deseos, cuando quieras hacerlo. Libertad en fin de perderte y encontrarte en las páginas de un libro.

Algo que podemos observar en su más reciente novela Cómplices (Editorial Planeta) en donde vemos el camino que toma Julián, un chico que está a punto de odiar la lectura justo por la obligatoriedad que la rodea, sobre todo en los primeros años de la escuela, cuando de pronto cae enfermo de hepatitis y descubre en la lectura y en los libros a sus mejores amigos para combatir el aburrimiento. Pero también en esta novela juvenil podemos encontrarnos con Isa, una compañera de escuela de Julián, amante apasionada de la lectura, quien sin embargo sufre porque no se identifica con las heroínas de las grandes novelas del siglo XIX. Los referentes femeninos de la literatura son mujeres que no le dicen nada y la llevan a preguntarse en dónde se encuentran las mujeres del siglo XXI. Pero la literatura es una caja de sorpresas y poco a poco Isa va encontrándose con las autoras mexicanas y extranjeras que hablan de los problemas y motivaciones de las mujeres contemporáneas. Poco a poco Isa va encontrándose a sí misma a través de los libros de las escritoras contemporáneas.

Pero en Cómplices también aparecen ángeles espadachines, monjes detectives, robots replicantes y niños perdidos en islas desiertas, que nos muestran la complejidad y la riqueza de la lectura, porque tal como nos dice Benito Taibo en entrevista: “Suceden cosas mágicas con la lectura, entonces lo que quise hacer fue un homenaje a los lectores y a las diversas formas de leer, porque ninguno de nosotros se enfrenta de la misma forma a la lectura, suceden cosas que te acercan al libro, por lo tanto encontré voces narrativas distintas para contar esas diferentes formas de leer, como la historia de Julián, que es un chavito al que obligan a leer y básicamente odia la lectura y está a punto de convertirse en un no lector por culpa de la obligatoriedad que significa leer pero algo pasa que lo transforma, y está también la historia de Isabel, que es una niña que lee un montón, pero está decepcionada porque no encuentra las heroínas que la identifican, porque está leyendo personajes del siglo XIX que está lleno de heroínas trágicas, de doncellas, damas de la corte, amas de casa o prostitutas, cortesanas, que no corresponden a su tiempo ni a su espacio, y luego está el personaje que no tiene nombre y que se mete en los libros y vive todas las historias que lee, lo que quise fue hacer eso, un homenaje a todas las maneras de leer, y hacerle un guiño a los jóvenes de que se vuelvan cómplices en este viaje que es la lectura, porque leer es resistir, que leer es peligroso en estos tiempos, darles el mensaje de que los lectores somos seres peligrosos.”

Javier Moro Hernández (JMH): Sitúas a uno de tus personajes lectores en la Alemania nazi, uno de los grandes ejemplos de cómo el poder político puede odiar y perseguir a los libros y a los lectores, un poder aterrador y brutal decide que la lectura es una de sus peores amenazas.

Benito Taibo (BT): Y Hitler era un gran lector, pero justo por eso se da cuenta de que el poder que tiene el libro, y por eso lo quema, uno de los primeros libros que son quemados en esa hoguera organizada por los nazis es Adiós a las armas, que es un libro antibélico, por supuesto, que estaba en contra de sus fines prácticos, muy poco tiempo después Hitler invade Polonia, el libro es un elemento civilizador en todos los sentidos, el libro es un sinónimo de resistencia, es un manto que nos cubre en los peores momentos, todo el tiempo estoy insistiendo en estas ideas, es un guiño con la idea es que leer es resistencia.

JMH: La imagen de los jóvenes leyendo me parece una imagen revolucionaria. Pero ¿los jóvenes se están acercando a la lectura? ¿No les da miedo?

BT: Hay un montón de jóvenes, yo estoy asustando, pero por eso les digo que yo solo soy un lector que sigue asombrándose con lo que encuentra en los libros, un lector que sigue viviendo, asombrándose con lo que encuentra en los libros, un simple lector que sigue metiéndose en los libros con un enorme apasionamiento.

JMH: Vas poniendo las grandes obras de la literatura, como El Conde de Montecristo, en la vida cotidiana de tus personajes, invitándonos a los lectores comunes a revisar esas obras, como diciéndonos estas obras también forman parte de nuestra vida.

BT: Esa es la parte de la intención porque cuando descubres que hay libros canónicos, que están ahí, y que se han convertido en clásicos porque superaron todas las pruebas del tiempo, y que todo el mundo dice haber leído, pero que muchos ya no recuerdan por haberlos leídos hace mucho tiempo, en la adolescencia, o no lo leíste, esta ese guiño, porque el mundo está lleno de esos libros que transforman, yo creo que nadie sale incólume, sin una cicatriz de Cien años de soledad, por ejemplo, pero así como estoy seguro de, aparte del poder transformador de la lectura, pero estoy convencido de que tenemos derecho a no leer, y ese es el fiel de la balanza, la lectura es una decisión personal, pero un día puedes voltear hacia atrás y ver que no leíste todo lo que habías podido leer y el tiempo es un juez muy severo, implacable, y ya no hay manera de volver, insisto, hay que leer ahora, porque los libros están disponibles de muchas maneras, el Internet que ha sido considerada una caja de Pandora, que lo es, también es la gran biblioteca de Alejandría contemporánea, la gran novelística rusa del siglo XIX está ahí a un clic de distancia, el Siglo de Oro español, la generación del 27, los Contemporáneos están ahí, claro si tienes acceso al Internet, es cierto que en nuestro país necesitamos pasar por un proceso de justicia social para construir un país de lectores, y además de que es inútil enfrascarnos en las competencias tontas, si leemos 5.4 libros al año, leemos más que Chile, y ¿eso qué?, ¿qué más da? Lo que verdaderamente importa es que encontremos los cauces y las vías democráticas para que podamos leer todos, pero después de haber encontrado la justicia social, la igualdad de oportunidades, la alimentación plena, el derecho a la escuela, el derechos a servicios, etc.

JMH: El caso del personaje de Isa es paradigmático, porque ella que sí le gusta leer no encuentra referentes literarios con los que se sienta cómoda, cercana, pero cuando los va encontrando va tomando conciencia de su propia libertad, de su propio entorno.

BT: Cuando encuentras los referentes te das cuenta que los referentes sirven para hacerte a ti mismo y no para hacerte como ellos; lo moral es esa cosa que funciona que te permite dormir por la noche, es tu posición frente al mundo, es ese letrero que dice “Ni intentes comprarme porque no estoy en venta”, así es como te vas haciendo y te vas despojando de las cosas banales, superfluas, para descubrir que dentro tienes un germen libertario, independiente, necesario de construcción de ti mismo como persona.

JMH: La lectura podría ser un bien no tan importante en medio de un país con tantas carencias y problemas, pero al mismo tiempo es un justo por eso es un bien necesario: por todos los problemas y carencias que tenemos como sociedad.

BT: Y lo es, e insisto, la lectura es un instrumento civilizatorio y transformador, en los libros se encuentra lo mejor de nosotros mismos, pero también lo peor, hay que decirlo, y gracias a ello se convierte en un maravilloso referente, en un espejo que nos muestra nuestras emociones, nuestras necesidades.

JMH: En tu novela también hay una crítica muy certera al modelo educativo, a esta imposición que existe de la lectura, la imposición de leer novelas que son grandes referentes de la literatura pero que no llegan en el momento indicado o cuando tienes los elementos necesarios para disfrutarlos.

BT: Los libros llegan cuando tienen que llegar, los libros llegan sin premeditación, alevosía no. Ventaja, los libros que llegarán para siempre contigo, llegan de la misma manera que llega el amor, la imposición, la obligatoriedad, el tener que hacer un reporte de lo que has leído, todo eso mata el amor, por eso estoy en contra de las campañas de lectura que duran 20 minutos, el leer un número determinado de páginas, hay que leer cuando se te antoje, leer lo que no quieres, lee en el suelo, en el metro, en el elevador, en medio de la función de cine, lee cuando quieres, cuando sientas deseos, hacerlo como si fuera una receta para bajar de peso es un acto de locura, contrario a su principio básico, libertario que es leer cuando quiero, cuando se me antoja, en donde se me antoja.

JMH: Tu libro cuenta con muchas imágenes de gente que va leyendo en la calle, caminando, o va leyendo en el metro, y que de muchas maneras son imágenes de amor hacia el libro.

BT: Cuando uno se ha enganchado en el veneno maravilloso que significan las palabras, sin darte cuenta te conviertes, sin darte cuenta, en cómplice de ellas y no las puedes dejar, hay casos en las que se convierte casi en un vicio, hay quienes que dicen que es un hábito, pero hay hábitos que se convierten en vicios, yo no entendería el mundo sin los libros que me acompañan y que me han hecho ser quien soy, no entendería el mundo sin esos amigos invisibles que provienen de ahí, no entendería el mundo sin la posibilidad de nuestro derecho al asombro, a los sueños, a la fantasía, la imaginación y la rebeldía.

 

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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