OpiniónSociedad y Justicia

Extrañamiento a la iglesia católica / Cinefilia con derecho

 

Hace muchos años que defiendo y entiendo la idea de que la Iglesia Católica no está integrada sólo por sacerdotes, sino por todos los que participamos de ella. No obstante lo anterior, el extrañamiento que hoy hago a mi iglesia es así, a ella en su integridad y no sólo a los párrocos. Me entristece profundamente el papel activo que tomó en las elecciones violentando por un lado el artículo 130 constitucional que establece claramente la idea de separación entre religión y estado y por otra parte desdeñando el precepto bíblico de Lucas 20:25 “dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Esta participación activa nos duele profundamente a los priistas católicos, porque su activismo fue en contra de nuestro partido, porque no puede escudarse en la defensa de valores, porque en todo caso, suponiendo sin conceder que esté por medio la familia, hacerlo en época electoral pecó de una grave imprudencia, de falta de tacto, de una clara muestra de poder, tan es así que aún el día de ayer la Arquidiócesis reivindicó esta activa intromisión política. No abundo más en el punto porque en mi posición partidista habrá un claro sesgo.

Me concentro en el tema de la familia y el matrimonio entre gays, reprocho profundamente y con coraje que no existiera nadie dentro de mi iglesia que saliéramos a defender a la familia en su integridad, la forma en que se interpretó por la jerarquía católica daña en su integridad a lo que es en verdad el núcleo fundamental de la sociedad, cito la Carta Pastoral con motivo de las elecciones del obispado de Aguascalientes: “La familia nace del compromiso conyugal” esta afirmación raya en el fascismo, atenta contra el sentido del amor que Cristo profesó, y es que ¿cómo limitar esta asociación a la integrada por un hombre y una mujer? Desprecia de facto una enorme cantidad de comunidades de otra naturaleza: madres y padres solteros, nietos que viven con abuelos, familias integradas por parientes de distintos grados, los solteros, los huérfanos, viudos y un largo etcétera. Y es que vincular la familia a hombre y mujer es dejar fuera a todos los demás, porque nunca escuché matices, en Catolicadas, esa hermosa serie de animación mexicana que definitivamente nada a contracorriente, la temporada siete en el capítulo dos, trata justamente el tema, en esta ocasión Sor Juana se enfrenta a el Padre Beto para explicarle los diversos tipos, no todas son como la sagrada familia.  

La afirmación tajante del matrimonio heterosexual como piedra angular en contra de la reforma constitucional que reconoce la unión de personas del mismo sexo no sólo va en contra de las resoluciones que ya la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dejado como jurisprudencia, encierra una profunda discriminación hacia el otro, anida y fecunda un odio viral en contra de la comunidad LGBT. ¿Hay diferencia entre una acción mediática y sistemática del clero contra los gays y un homofóbico asesinato en un bar de EUA? Moralmente ninguna. Las dos conductas encierran un principio de rechazo, de intolerancia. En los sermones que pude escuchar, la mayoría de los sacerdotes siguió esta idea. ¿Por qué no les queda clara la idea de SS. Francisco? ¿Quiénes son ellos para juzgarlos? No quiero decir con esto que acepten el matrimonio de personas del mismo sexo, puedo comprender que no sea la posición de la Iglesia, pero de eso a transformarlo en una movilización, en una bandera, en un activismo que se vio en los domingos en misa, es incomprensible. Sé que algunos, los menos, trataron de matizar, sin embargo, no escucho una voz organizada dentro de la propia iglesia que salga a poner un alto.

Reprocho, porque me preocupa, que en estas manifestaciones se encierre un tufo a cristiada, que nos recuerda pasados ominosos que debieran desaparecer, la posición radical en tiempos electorales sólo logró una polarización que la iglesia, la verdadera, la de Cristo, la que se funda en el amor, la que es prudente y sabia, no debería permitir bajo ninguna situación. Reprocho esta posición lacerante y poco honorable a José María de la Torre, no es posible llamar obispo a una persona que no supo guiar a sus feligreses por este arduo camino, que los enfrenta, que provoca desunión, pero sobretodo que no cumple con lo que dijo Juan en 13:34: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros”.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

2 Comments

  1. Reyna Cornejo López
    13/06/2016 at 17:18 — Responder

    Muy acertado su reportaje, lo felicito por dirigirse con respeto pero desde una perspectiva clara y con veracidad ojala y haga eco en los dirigentes religiosos y hagan lo que les corresponde, no meterse en lo que no les incumbe, pues hasta donde yo se Jesús siempre fue respetuoso de todos incluso de los que no estaban de acuerdo con el, daba libertad y respetaba el Gobierno.

    • Rubén
      14/06/2016 at 12:02 — Responder

      Gracias por leerme y por el comentario. Saludos.

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