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México es uno por el odio / Piel curtida

Escribo con miedo ante el acecho de quienes nos vomitan, quienes no desean ocultar y mantenernos, pues ya nos han relegado, como infrahumanos. Durante los últimos días se ha señalado a las personas con una orientación y/o identidad distinta a la heterosexual como la gran amenaza para la sociedad, los anticristos de la modernidad, los leprosos que podrían restar votos, el gran error para la política mexicana, y el egreso de una chica que, como acto de lucha, se asume como trans, se desea reducir a un número más sin reconocer esa identidad que aunque encarna exclusión histórica ha logrado superar a múltiples sistemas para acceder a los derechos que para otros son simples procesos de rutina.

El conservadurismo y el machismo han retomado el poder de los estilos de vida en Aguascalientes, lograron ser el yunque para blandir instrumentos para amenazar el acceso a los derechos que debería tener cada persona por el simple hecho de ser un ser humano en búsqueda de desarrollarse plenamente en diferentes ámbitos y espacios de la vida social.

Ante la posibilidad, ni siquiera confirmada, de una agenda nacional en favor de los grupos no heterosexuales, los grupos conservadores altamente influidos por dogmas religiosos hicieron patente su poder para orientar la contienda y renovación de puestos de elección popular. El argumento fue la amenaza a la estructura básica de la sociedad, la familia, como una estructura única y reducible a un hombre y mujer sin más consideración.

A nosotras las lenchas, los jotos, las vestidas, se nos ha negado el reconocimiento de asociación (matrimonio) civil, al derecho de voluntad para unirnos en familia, como las demás, para cohabitar bajo la protección del Estado para poder ofrecer seguridad a las y los que amamos, para cuidarnos mutuamente ante la enfermedad a la que toda persona está expuesta, para reconfortarnos ante la muerte, de poder brindar tranquilidad a aquellos con quienes compartimos vida.

Sin embargo, esta ira, esta violencia legitimada, respetada y reproducida en lo público en nombre de las buenas costumbres, la moralidad y ene dioses, al empoderarse en los diferentes procesos electorales y políticos en múltiples lugares sólo es una advertencia. Tras un periodo en el que virtualmente se nos permitió transitar, hablar de nuestra sexualidad y hasta iniciar con foros, congresos, actividades académicas y exposición de políticas públicas, el machismo ha retomado su poder frente al Estado, los dogmas religiosos han traspasado los muros de los templos para orientar los proyectos gubernamentales, por lo cual se podría fortalecer la ideología machista, homo, lesbo y transfóbica.

Hace algunos años las personas visiblemente homosexuales, las chicas trans (travestis, transgénero y transexuales) y las parejas no heterosexuales podrían ser retenidas por faltas a la moral o atentados al pudor, tan sólo a petición de alguna persona “de buenas costumbres”, simplemente por el hecho de ser, parecer, de manifestar su identidad o afecto de manera distinta a las y los heterosexuales. Un simple beso o tomarse de la mano se transformaba automáticamente para el policía, el ministerio público o el juez como un acto sexual en público.

Ahora que el conservadurismo ha retomado el “biopoder” en México para orientar los proyectos de campaña y las agendas públicas, el terrible escenario punitivo contra las personas no heterosexuales podría reemerger, pues la homofobia es latente y sólo necesita de un respaldo para fortalecerse y qué mejor que una visión acorde a sus intereses desde los puestos de poder. ¿Se volverá a buscar cerrar los espacios “gay”? a los cuales se ha relegado a la comunidad LGBTTTIQ por ser los únicos libres de discriminación, los únicos para poder buscar una pareja sin peligro, para escapar de la presión familiar o del matrimonio heterosexual forzado para continuar con los privilegios y el reconocimiento social.

Algunas personas comentan que el matrimonio igualitario ya es tema superado, que existe el amparo, sin embargo la necesidad de sostener un proceso especial sólo ratifica el plano de desigualdad; otras consideran que sólo se busca evitar este derecho y la posibilidad de adopción, pero todo gira en torno a intentos para evitar la visibilidad de las y los no heterosexuales, como si su presencia reconocida por el Estado de Derecho significara el colapso de los núcleos de la organización social, es decir, las familias, las cuales no están sujetas a perfiles y roles específicos, sino que habla de una asociación de unidad, convivencia y protección mutua.

Tal vez, sólo tal vez, después de importantes y constantes avances en materia de inclusión social y reconocimiento de derechos humanos, se presenta la resistencia y tensión por parte de grupos conservadores ansiosos de evitar la transformación de la sociedad; algo similar a la década de los 80 del siglo XX, cuando después de dos décadas de revolución sexual, desarrollo científico y movilización social el poder tradicionalista retomó el centro de poder a través de narrativas y discursos en los cuales la libertad simplemente era un instrumento terrorista.

Los cambios culturales son los más lentos y difíciles pues están arraigados e interconectados con múltiples ámbitos y sectores, pero indispensables, como en su momento el reconocimiento de las personas de color como individuos con los mismos derechos y dignidad, el aceptar que las mujeres deben tener las mismas opciones de desarrollo profesional y político que los hombres. ¿Será acaso que sólo a través de la muerte y el derrame de sangre multitudinario es posible reconocer el daño del odio, la intolerancia y la violencia? ¿Necesitamos un nuevo genocidio para pensar que merecemos los mismos derechos? No lo creo, pero escribo con miedo de una nueva persecución contra aquellos que sólo deseamos vivir, conformar una familia, y que nuestro “error” para la tradición sólo ha sido el buscar ser libres.

 

[email protected] | @m_acevez


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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

1 Comment

  1. Jos
    10/06/2016 at 13:47 — Responder

    Ah? Soy un convencido que las preferencias no nos tendrían que diferenciar y menos generar vilencia, pero anunciar una persecución basado en los resultados de las elecciones (si es que ese es el ‘argumento’) parece muy poco fundamentado y alarmista. Si el tema se ha discutido y con ello aumentado el acoso, no estaría relacionado con las elecciones, sino con la sentencia de la SCJN y la reciente iniciativa del ejecutivo. Otro dato, la actual legislatura (mayoría pri-verde) no ha homologado la legislación a pesar de la misma sentencia.

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