OpiniónSociedad y Justicia

Reduccionismos de la delincuencia y la violencia / Piel curtida

 

En ocasiones preservar la seguridad pone en dilema el ejercicio de la libertad, como el no salir de casa para evitar dejarla sin cuidado, modificar los trayectos para llegar o salir del hogar con el fin de no pasar por zonas percibidas como peligrosas o en el caso de las mujeres para evitar el acoso callejero; pero ¿hasta qué punto estas restricciones a la independencia sólo ayudan a reproducir o alimentar la delincuencia y la violencia?, ¿qué tanto se justifica que el Estado condicione las garantías individuales sin consenso?

De acuerdo a declaraciones de Juan Antonio Martín del Campo, presidente municipal de Aguascalientes, se ha puesto en marcha un operativo similar a un toque de queda en Calvillito y “en otras zonas donde hemos tenido problemas de inseguridad”: “Después de cierta hora, después de las 10:00, 11:00 de la noche, invitamos y hablamos con los jóvenes para que puedan pasar a sus domicilios y que ya no estén en las esquinas, damos el rondín y si otra vez están ahí mismo, entonces llegamos y los tenemos que poner a disposición del C4, ¿por qué?, porque esto nos va a ayudar a disuadir a la delincuencia”. Y cabría el cuestionar bajo qué argumentos se presentan a los “sospechosos”, ¿simple reunión?, ¿simple tránsito?

Esta acción podría ser pertinente, pero ante un diagnóstico previo en el cual se identificara que los actos delictivos fueran recurrentes por individuos “externos” a la zona en cuestión, con lo cual se podría hablar más de una estrategia de localización de imputables. Sin embargo, ¿qué ocurre si los transeúntes son habitantes de la región en vigilancia?, todos serían considerados posibles infractores en potencia, y si este fuera el caso, ¿qué razones tendrían los vecinos para no denunciar?

Hace algunos años nos dirigíamos con unos amigos a una fiesta en el fraccionamiento Pirámides, decidimos que el taxi nos dejara frente al INEGI y caminar sobre las calles Montealban y Mitla, pues teníamos confianza en la seguridad que siempre habíamos experimentado en la ciudad, pero un grupo de chicos banda nos interceptó y persiguió a pasos lentos, sólo pensamos en tocar una de las casas para que saliera a “hacernos plática”, dejarnos pasar a la cochera y esperar a que se fueran los tipos. Alguien se asomó, pero no salió ni nos permitió comentarle lo que sucedía. Nos gritaban si traíamos alcohol para ellos, que querían dinero y gritaban cómo se estaban poniendo de acuerdo para “repartirse” a las amigas con quienes íbamos. Pasó una patrulla y pensamos que todo terminaría en una anécdota. Me dirigí con el policía que conducía y le dije lo ocurrido, a lo cual sólo vociferó: “Pues échenselos encima, ¡ni modo que no puedan!” Arrancó riendo y al pasar frente a nuestros amedrentadores sacó la mano por la ventanilla para saludarles. Lo bueno fue que en ese momento pasó otro amigo en su coche, sin pensar nos subimos como pudimos, y sólo le gritamos: “¡Arranca!”

Ante los llamados delitos “comunes”, que son los primeros que inciden directamente en la percepción de los delitos y la violencia, los gobiernos y dependencias de seguridad deben realizar una autoevaluación, así como someter al escrutinio a su personal y procesos, pero no sólo con pruebas técnicas, sino que también a través de la observación, participante o no, que haga posible su inmersión como ciudadanos, testificar e identificar esas prácticas que simplemente han mermado la confianza de la población en la policía, aquellos quienes deberían ser los que protejan y cuiden a los demás.

La percepción generalizada sobre la inseguridad, la delincuencia y la violencia es tan abrumadora que es entendible que los gobiernos busquen la aplicación de acciones visibles y ostentosas, como los toques de queda, llamativos operativos, puntos de control, pero, ¿en qué zonas son implementadas estas estrategias?, ¿bajo qué argumentos, objetivos y preceptos? Buscar “perfiles criminales” podría ser válido, pero en muchas ocasiones la “criminalística” de los cuerpos de seguridad está más influida por imaginarios simplistas y reduccionistas. Sólo basta recordar las declaraciones del secretario de Seguridad Pública Municipal de Aguascalientes, Pablo Godínez Hernández, quien creía que los tatuajes podrían ser un indicativo para localizar a sospechosos, lo cual generó una gran controversia debido al silencio del Ayuntamiento que además alimentó una campaña política en su contra. Urgen trabajos multisectoriales, profesionales, con apoyo de la ciencia, y no sólo de la criminología tan influida por ideas biologicistas, sino que son indispensables las ciencias sociales con una visión holística.

En la colonia Obraje, a tan sólo una cuadra del Centenario Hospital Miguel Hidalgo y donde fue rehabilitada la calle Galeana, un grupo de niños y adolescentes acosan a niñas y mujeres. Algunos vecinos, en especial jóvenes y de la tercera edad, padecen de persecución y bromas de mal gusto, por lo cual se ha buscado a los padres de los ya mencionados para solicitar disciplina, pero incluso han recibido amenazas con palo en mano. También podría aplicarse un toque de queda a solicitud del vecindario, pero, ¿cuáles serían los efectos? Podría emerger una reacción con mayor violencia por parte del grupo de los menores de edad y sus padres contra los cohabitantes de la zona… pero eso sí, en un horario diurno.

Más que la administración de la violencia, se requiere atención, contención y prevención, una verdadera “proximidad” social sin tacones y escotes, como se hizo en Aguascalientes hace poco tiempo; y para ello las dependencias deben reestructurar sus funciones, su visión y su cuerpo de trabajo para orientar los esfuerzos hacia la seguridad integral y no sólo a la reacción. Además de patrullas, armas, restricciones y persecuciones ante un “extraño enemigo” es urgente una educación que permita reconocer en el de enfrente a otro ser humano con carencias, problemas, necesidades, que también hace lo propio para comprarse un coche, muebles, un celular, para guardar dinero… tal vez así no sería necesario pensar en guardaespaldas, coches blindados o sistemas electrónicos de seguridad que sólo algunos cuantos podrían pagar.

 

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@m_acevez


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Juan Luis Montoya Acevez

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