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Saldos electorales

La jornada electoral del 6 de junio deja enseñanzas diversas. Acaso la más importante sea que los mexicanos deseamos mejores gobiernos de los que en lo general padecemos. Buena noticia para la pluralidad política del país es, sin duda, el fortalecimiento de Morena en la Capital y en los bastiones históricos de otros partidos como Veracruz, Oaxaca o Zacatecas, en contraste con el desfondamiento del PRI y sobre todo del PRD, que fue incapaz de ganar una sola elección a donde se presentó solo, rebasado ampliamente por la izquierda por Morena.

Así, el péndulo electoral osciló hacia el PAN, del que no se esperaban grandes resultados y que sin embargo ganó inopinadamente y contra muchos pronósticos, varias elecciones a gobernador. Pero sería un error pensar que dicho partido ganó por sus propios méritos, por sus propuestas de campaña o por la intrepidez de su bisoño dirigente nacional, pues la información disponible apunta a que la oscilación electoral se debe sobre todo al gran hartazgo ciudadano con el gobierno en turno y sus principales exponentes. “Mal humor social” le llamó el titular del Ejecutivo Federal, cuya popularidad, por cierto, roza el nivel más bajo desde que ésta se mide para un presidente de la República, sima que ni siquiera Calderón alcanzó al final de su sangriento sexenio.

En la apuesta electoral del PAN hubo marcados contrastes. En positivo destaca el caso de Chihuahua, donde un buen candidato como sin duda lo fue Javier Corral consiguió ganar el gobierno al partido oficial con un amplio margen. El contrapunto lo pone Veracruz, con un impresentable candidato por donde quiera que se le mire, quien sin embargo, ganó la elección, así haya sido de manera cerrada. También es el caso de Quintana Roo y Durango, con otros expriistas.

Los sorprendentes triunfos del PAN residen también en alianzas de corte pragmático, vaciadas totalmente de cualquier contenido ideológico, pues en varios estados sus candidatos iban con el PRD, quien ha pretendido en los últimos años ostentarse como una izquierda responsable y moderna, alejada del extremismo mesiánico. Pero resulta que la principal promesa de campaña allí donde compitió en coalición con el PAN, fue la alternancia misma, que se consolidó como argumento más o menos convincente ante los muchos desastres cotidianos y recientes de dominio público. Dichas promesas de alternancia recuerdan mucho al pésimo desempeño de un locuaz Fox, renuente por todos los medios para asumir sus responsabilidades políticas después de ganar el gobierno. Es verdad que como sostienen algunos, la idea de limpiar gobiernos y administraciones aplicando la ley, ha sido un acicate importante para los votantes: Yunes y Corral prometían en campaña encausar penalmente a los próximos exgobernadores, ambos de apellido Duarte, tal como en su día hizo el Bronco en Nuevo León con su antecesor. Ya veremos, pues prometer no equivale a cumplir, y menos entre políticos. Pero de ocurrir, significará que finalmente la alternancia sirve por lo menos para combatir la impunidad descontrolada.

Así las cosas, lo que se preveía como una baja participación electoral finalmente se cumplió. En el caso de Aguascalientes la participación ciudadana llegó a poco más de la mitad del electorado (52.4 por ciento, PREP 2016). En otros estados es todavía menor: Baja California 33.06 por ciento, Chihuahua 48.55 por ciento, Ciudad de México, 28.36 por ciento).

Esto refleja claramente la falta de interés ciudadano por gobiernos y partidos que son vistos en lo general como incompetente y corrupto, parte sustancial del problema y no de la solución.

Las variopintas alianzas del PRI no cuajaron en el caso de Aguascalientes, y la tendencia de los pasados procesos electorales a favor del PAN se confirmó. Todas esas encuestas en las que el resultado era adverso a la oposición, erraron sus pronósticos a favor del partido oficial estrepitosamente.

Los que sí sufragaron, demuestran una clara insatisfacción con el gobierno en turno al no ratificarlo, así que parecen dispuestos al cambio y a la alternancia política cuantas veces sea necesario. Los que no votaron o anularon el voto (más de la mitad de los posibles votantes, como las cifras indican) enseñan claramente que entre las alternativas ofrecidas, ninguna les convenció para ir a votar.

Como novedad destacable, el PRD ganó por primera vez el gobierno de un Ayuntamiento del interior del estado, Pabellón de Arteaga, y en otro Ayuntamiento el de Cosío, triunfó un candidato sin partido de los llamados “independientes”. Aunque sea marginalmente, esto indica que los ciudadanos de Aguascalientes comienzan a contemplar otras opciones políticas más allá del bipartidismo y coaligados y del voto útil, que parecen dejarnos sin otras opciones. Es deseable entonces para la salud política de Aguascalientes que esta tímida tendencia a la pluralidad política se consolide y crezca en las siguientes elecciones.

El senador con licencia Martín Orozco ha sido un candidato duramente cuestionado antes y durante sus dos campañas a la gubernatura. Por ejemplo, algunas de sus posiciones partidistas o de sus apoyos y amistades políticas dentro y fuera de Aguascalientes no son necesariamente compartidas por la mayoría de los ciudadanos a los que ahora gobernará. Para despejar dudas, y en aras de legitimarse, sobre todo ante los muchos ciudadanos que no votaron por él, tiene ante sí la tarea de hacer simplemente un mejor gobierno, que no significa otra cosa más que un ejercicio sensato, eficaz y honesto. ¿Será mucho pedir?

 

@efpasillas


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Enrique F. Pasillas

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