Opinión

Abuso sexual contra menores y la negación a la educación sexual laica y científica / Piel Curtida

 

 

Desde el año 2010, México continúa en los primeros lugares en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años de acuerdo a la OCDE, pero además desde el 2014 se ha señalado como el primer lugar en esta problemática, y aunque se han impulsado diferentes iniciativas para que las sanciones contra estos delitos sean más rigurosas, se ha omitido una de las mayores necesidades para incidir directamente en la prevención y la cultura de la denuncia: una educación sexual laica y científica.

En 2010, la llamada “vergüenza de México” destacaba además del primer lugar en abuso sexual de menores de 14 años por ser el quinto lugar en América Latina por tráfico sexual de menores, en 2012 se estimaba que cinco de cada diez niños habían sufrido algún tipo de violencia y en 2013 siete de cada diez; mientras que en 2014 se presentó un aumento de 73 por ciento en las denuncias por abuso sexual contra menores en comparación con el 2013 que registró 5 mil 736. En este 2016 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) dio a conocer que según el informe anual de la OCDE, México vuelve a posicionarse por abuso sexual, violencia física y homicidios contra infantes con un estimado de 4.5 millones de víctimas y considerando que sólo dos por ciento de los casos son conocidos por denuncia.

En el Código Penal para el Estado de Aguascalientes el homicidio contra menores de 15 años de edad es una agravante, mientras que las sanciones son más grandes en el caso de hostigamiento sexual, atentados al pudor y violación, en este último caso si la víctima es mayor de 12 años pero menor de 18 años de edad se pueden aplicar de 12 a 18 años de prisión, aunque por estupro (obteniendo su consentimiento por medio de seducción o engaño) la sanción baja de 1 a 6 años de prisión. Pero más allá del fortalecimiento y la congruencia entre las penas imputadas, además de asegurar el seguimiento de protocolos de actuación e investigación, se debe impulsar como política una educación sexual laica y científica.

A través de las mismas leyes se ha reconocido que en ocasiones los menores de edad no comprenden “el significado del hecho” [sexual], que se puede emplear además de fuerza física “fuerza moral”, y se ha identificado a través de diversas investigaciones que los perpetradores de abuso sexual contra menores suelen ser personas cercanas a su círculo familiar o escolar, por lo cual es indispensable ir forjando entre las y los niños una conciencia sobre su sexualidad, por supuesto de acuerdo a su edad y nivel de desarrollo cognitivo, pero es impensable impulsar la prevención y la denuncia si la sexual se niega o a lo mucho se habla entre dientes, si todo se reduce a la formación de esposas y esposos que tendrán un encuentro íntimo al contraer matrimonio eclesiástico, si pensamos que hablar de sexo es simplemente promover la “promiscuidad”.

Al charlas con amigas y amigos sobre nuestras primeras experiencias sexuales, identificamos que la mayoría sucedían antes de los 12 años de edad y se reducían a experimentación entre pares (de la misma edad) por la falta de información o el silencio de nuestros padres en su momento sobre la sexualidad humana, pero en especial nos sorprendió el reconocer entre algunas historias de abuso sexual, hostigamiento y atentados al pudor; en estos casos algunos pensaban que se trataba de un juego, de algo que se sentía “rico”, mientras que para otros la vergüenza de hablar del “pajarito” de la “colita” o la “cosita” en interacción con terceros era tan grande que se prefería el silencio, y el “no te dejes tocar” de los padres sólo parecía una amenaza de castigo por haberlo permitido. En suma: no se hablaba de sexo en nuestras familias y al sexo se reducía todo la sexualidad humana. ¿Cómo podría un infante diferenciar los atentados y la violencia contra su cuerpo del autodescubrimiento sexual inherente al desarrollo si no se habla de ello de una forma humanista e integral?

Ante el resurgimiento en lo público de esta problemática en México y la actual tensión por el aún virtual matrimonio igualitario algunos grupos conservadores podrán fortalecer sus manifestaciones contra la educación sexual y a la perspectiva de género que ridiculizan al llamarla “ideología de género”, y justo la gran polarización en todo el país obedece al tema del Estado laico, que más allá de la intromisión de creencias religiosas y dogmas en la administración pública, habla del impulso de la ciencia para atender sus problemáticas, y no sólo de las llamadas ciencias duras o exactas, sino que también de las ciencias sociales.

Las y los niños necesitan iniciar un proceso de concienciación sobre la sexualidad humana de manera integral, laica y científica para que puedan reconocer la violencia y situaciones de riesgo; lo cual podría impulsar la denuncia sobre abuso sexual, y aunque en principio podría hablar el gran incremento de cifras -en un escenario hipotético-, implicaría el traslado de los problemas, omisiones y prejuicios sobre la sexualidad al ámbito público a la observación de la ciudadanía. ¿Qué tanto nos ha costado el “buen gusto” por la castidad, el matrimonio desde una visión dogmática-religiosa y el alarmismo sobre la sexualidad, el sexo? El primer lugar en abuso sexual de menores y que sólo 2% de estos casos se llegan a denunciar.

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    07/07/2016 at 10:02 — Responder

    Magnífico artículo.
    Congratulaciones.
    Vivir en Aguascalientes, es vivir con una doble moral, observe el número tan grande de adolescentes embarazadas.
    Es una realidad que desborda la construcción de una educación sexual.

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