Opinión

Autoridad Moral / Tlacuilo

 

A mi querido amigo Agustín Morales Badillo,

líder cabal y honesto de la vieja guardia del SME

Una de las labores que tienen que cumplir quienes emprendan la tarea de forjar ciudadanía, consiste en aprovechar el deseo de aquellos que tengan el propósito de fortalecer su conciencia crítica aprendiendo a tomar decisiones firmes por sí mismos en relación con su propia persona, pero también como parte interactuante de la sociedad.

Para ello es necesario, por una parte, liberarse del bombardeo mercadotécnico enajenante de la publicidad privada y la propaganda del Estado, con la que a cada paso pretenden condicionar nuestra conducta por actos reflejos, sin analizar el verdadero sentido o intención de su contenido.

Un instrumento que puede ayudarnos a ejercitar esa consciencia crítica consiste, precisamente, en darnos la oportunidad de preguntarnos cuál es el significado real de las palabras que tanto nos repiten.

Uno de esos conceptos es el de Autoridad. Siendo otro tema de alta complejidad por su contenido político pero también ético, social -particularmente religioso- y económico, al que nuestro pueblo le da el significado de poder -frecuentemente autoritario- porque en nuestro inconsciente colectivo está impreso así desde los más remotos antecedentes de su origen en las ciudades-estado esclavistas y feudales, hasta el verdadero enredo jurídico que para proteger la propiedad privada inventa el estado-nación capitalista cuando la burguesía europea asciende al poder en el siglo XVII.

Pero la autoridad también se puede describir y encuadrar, teóricamente, en sus acepciones básicas, lo que haré siguiendo en parte el trabajo “Definición de autoridad”, de Julián Pérez Porto y María Merino, que encontré en: http://definicion.de/autoridad/:

Hay dos tipos de autoridad:

  1. La Autoridad Jurídica. Que el Estado impone en forma obligatoria y se subdivide en:
    1. Formal. Que es la que aplica a sus subordinados, a los que también faculta para ejercer el poder en sus respectivas áreas. Y la
    2. Operativa. Potestad que pone en práctica al realizar acciones concretas.
  2. La Autoridad Moral. La que se reconoce en una persona que posee alta capacidad profesional, habilidad técnica y conducta intachable. También se subdivide en:
    1. Autoridad Moral Técnica. Persona a la que se tiene en gran estima por sus opiniones sobre los temas en que es reconocidamente experto, y la
    2. Autoridad Moral Personal. Persona a la que se tiene en gran estima y confianza por su prestigio personal y sensibilidad social, sin necesidad de constancias ni apoyos legales.

Esta última categoría es la clave que ayudará a los ciudadanos con consciencia crítica para juzgar a los funcionarios públicos, a quienes en muchas ocasiones se les da el título de autoridad gratuitamente, cuando probablemente no lo merecen. Me explico:

Cuando a un ciudadano se le confiere un cargo público se le otorga el poder que le permita cumplir con su deber, incluso con el apoyo de la fuerza pública; pero nadie le puede conferir autoridad moral, porque esa solo se la pueden otorgar sus conciudadanos cuando reconozcan en él a un auténtico servidor público; es decir, honrado, eficaz y justo. Ese es el sentido de la expresión “Siervo de la Nación” que se asignó a sí mismo José María Morelos y Pavón, cuando en el Congreso de Anáhuac le quisieron endilgar el título de Alteza serenísima.

En conclusión, un buen ciudadano solo aplicará el honroso título de autoridad al funcionario público que juzgue merecerlo y con eso calificará su desempeño. Pero claro, eso requiere también aprender a ejercer otra cualidad del ciudadano, que es el valor civil.

 

Aclaración

 

En el párrafo penúltimo de la columna Tlacuilo de la semana anterior escribí lo siguiente: “Y en cuanto a la violación del Estado laico, son francamente lastimeras las peticiones al clero católico para que se comporte respetuosamente, a sabiendas de que les entrarán por una oreja y les saldrán por la otra.”

Esta fue una generalización incompleta que es necesario enmendar: dentro del clero católico hay, efectivamente, sacerdotes que no solo irrespetan nuestra Carta Magna, sino que ofenden e incluso incitan al odio fanático contra quienes, de acuerdo con su propia religión, deberían considerar como hermanos; ellos son los que siguen a la iglesia que encabeza el obispo de la Diócesis de Aguascalientes.

Pero en el mismo clero católico existen muchos sacerdotes honorables, que siembran fraternidad y se consagran con convicción a ejercer su ministerio, que no solamente actúan como ciudadanos respetuosos, sino que están a favor de superar muchos de los fanáticos usos y costumbres inquisitoriales del medievo que, como la mala hierba, son difíciles de arrancar; ellos son los que siguen a la iglesia que encabeza el papa Francisco y le apoyan en la ardua labor de recuperar su esencia cristiana.

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina  

2016, año de Jesús Terán y Jesús Contreras

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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