Opinión

Con pena y sin gloria… otra legislatura que se va / Punto crítico

 

Vaya que está deteriorada la imagen del diputado. El 31 de julio concluye el último período ordinario de sesiones de la LXII Legislatura local y a pesar de lo que ellos mismos califican como “esfuerzos”, por lo pronto quedarán más de 140 iniciativas pendientes, algunas de éstas que ya se vienen arrastrando de diputaciones anteriores, otras más que fueron presentadas por los actuales representantes populares y que finalmente no se abordarán por falta de acuerdos, por la poca disposición, porque no son los tiempos, en fin, argumentos de su parte siempre sobran.

Deben alinearse los planetas, la luna y el sol para que nuestros legisladores lleguen a los acuerdos; además para sacar el trabajo adelante, tienen que tomar en cuenta otros factores: los intereses particulares de cada fracción, las consecuencias para próximas contiendas electorales, la buena relación con los gobiernos, incluso hasta el estado de humor o el ánimo de algunos. Al final, pero vaya que muy al final de la lista de todas estas condiciones pareciera, quedaría el interés por la ciudadanía.

Cada diputado al momento de asumir su encomienda, debiera ser consciente -y lo digo así por la salvedad de las honrosas excepciones- que por los siguientes tres años no tendrá horario de entrada ni salida, deberá además dedicarse a su labor los 365 días de cada año, no gozará de privilegios, mucho menos se enriquecerá de las arcas del pueblo.

Además, tendrían la obligación de ver por los intereses de la población, especialmente de los más vulnerables, convertirse en gestores para la solución de las problemáticas sociales, luchar porque las leyes sean acordes a los tiempos que vivimos y que se apliquen de manera equitativa, en fin, podría seguir enumerando las características de un digno representante popular, lo que es un hecho, es que tristemente la realidad dista mucho del modelo ideal de diputado mexicano.

Cómo no exigirles que cumplan sus promesas de campaña y su responsabilidad ante la encomienda que asumen, si de entrada sus sueldos no son nada despreciables. Cada diputado percibe solamente por concepto de salario alrededor de 50 mil pesos mensuales, es decir 48 mil 500 pesos más de lo que recibiría un trabajador que percibe el salario mínimo en Aguascalientes que asciende en promedio a los mil 500 pesos mensuales.

Hay que agregar a las percepciones de los representantes populares, las partidas especiales que reciben para “apoyos sociales”, vehículos, gasolina, viáticos, pago de celulares y otros muchos conceptos que se manejan por debajo del agua y que la mayoría de los ciudadanos desconocen.

Vemos pasar las legislaturas y no percibimos un compromiso real. Al mismo tiempo constatamos que muchos de ellos ni siquiera tienen la preparación necesaria, qué decir del conocimiento de las leyes, nadie los evalúa mucho menos se establecen sanciones para los que abusan.

Este pues es el escenario, y no podemos dejar de referir que somos nosotros mismos los culpables de tener a los representantes que elegimos. Hay muy poco razonamiento al emitir el sufragio. Hoy en día lamentablemente vemos que la gente vota por la cara bonita o el beneficio inmediato que reciben: la despensa, el recurso económico, a veces hasta una promesa es suficiente.

Está en nosotros el replantear los escenarios. Con mucha pena y poca gloria esta legislatura se irá, pero vendrán otros a los que deberemos exigir cumplan con su responsabilidad.

 

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Leticia Medina

Leticia Medina

1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    07/07/2016 at 10:06 — Responder

    Totalmente de acuerdo.
    La peor de todas las Legislaturas, ya vayanse .
    Es vergonzosa.

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