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Contradicción Biológica (lucha y utopía) / Esencias viajeras

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Para Ariana, por su incansable

amor revolucionario que me ilumina

y enciende como el fuego

 

Otro día en la gran urbe, si bien Santiago podría considerarse una ciudad mediana en comparación con las grandes megaciudades del mundo los habitantes de la región metropolitana representan el 40% de la población total del país, Chile cuenta con 18 millones de habitantes, a su vez la región se divide en seis provincias siendo Santiago la que concentra el 78% de la población. En la capital como se podrá intuir ocurren gran parte de los hechos que le dan forma al país, así ha sido históricamente. Santiago es la cabeza ancha y amorfa de un cuerpo flaco y alargado, en él se encuentran concentrados los poderes económicos, el poder político, comunicacional y religioso, también las principales manifestaciones culturales, aunque este año la ciudad portuaria de Valdivia se convirtió en la Capital Americana de la Cultura siendo así la más austral del continente con esta denominación.

La gran urbe también densifica las expresiones sociales, salgo del apartamento y algo rápidamente me hace percibir que no será una mañana común, es una sensación que está en el aire y que es difícil de describir, onda expansiva que viaja desde el pasado nos atraviesa y se proyecta al futuro. En el quiosco los diarios anuncian la realidad del país que los chilenos no creían que existía -o al menos no querían creer que existía o no se les había informado que existía-, las noticias por casos de corrupción están a la orden del día, desde políticos que están siendo investigados por recibir sobornos de empresas para modificar la ley a su modo bajo intereses empresariales, financiamientos ilegales a campañas políticas, investigaciones a exfuncionarios por tráfico de influencias, negocios de especulación inmobiliaria, fraudes tributarios, venta de informes a empresas mineras, controversias por el envenenamiento de miles de algas y peces en la zona costera de la región de Los Lagos por las más de nueve mil toneladas de salmones en descomposición vertidos en el mar al sur del país, intensas confrontaciones por las reformas en los ámbitos constitucional, laboral y educativo que empuja el gobierno de Bachelet hasta la superficialidad del bicampeonato de la Copa América que duró poco, en la liga local el Sindicato de Futbolistas Profesionales aplazó a la huelga obligando a postergar el inicio del torneo por condiciones de seguridad salarial por parte de los clubes.

Esta mañana lo que se percibe no es esto aunque pareciera a su vez parte de todo, todos los días para llegar al metro estación Universidad de Chile camino la calle Arturo Prat, héroe nacional de la Guerra del Pacífico -acontecida entre 1879-1883 entre Chile y los aliados Perú y Bolivia, básicamente por territorio, guano y salitre- donde encontraría la muerte defendiendo su legendario barco de madera llamado Esmeralda destrozado por el barco de metal peruano Huáscar, en una historia de voluntad, valentía y heroísmo que hasta el día de hoy supera el mito del patriota romántico que se arroja a la muerte contra el enemigo, la obstinación por la convicción, la utopía en carne propia. Tal fue la potencia del arresto heroico que hasta Auguste Rodin participó del concurso para edificar el monumento que recordaría al héroe en la ciudad porteña de Valparaíso, Prat desnudo cayendo con sable en mano y protegido por una musa alada, la propuesta se consideró demasiado audaz y se rechazó. La calle Arturo Prat es la dirección de legendario Instituto Nacional, en toma estudiantil desde el 5 de Mayo. La reforma educativa es lo que se percibe esta mañana tal como en los últimos años.

El Instituto Nacional José Miguel Carrera es un emblemático liceo para varones, fundado en 1813 es la segunda institución educativa más antigua del país, cerrado en sus comienzos por autoridades españolas y reabierto por patriotas chilenos cuyo objetivo será la formación de ciudadanos para la patria; que la defendieran, la dirigieran, la hicieran florecer y le dieran honor. La misión del Instituto fue entregar educación intelectual y militar a todo joven, sin importar su origen social ni la condición económica, buscando una vigorosa influencia sobre la conducta de la sociedad, convirtiendo en convicciones públicas las ideas impartidas en sus aulas, es así como a lo largo de más de doscientos años el Instituto Nacional se edifica como un bastión de la educación pública chilena, pasando por sus aulas Presidentes de la República, políticos, intelectuales, artistas, escritores y empresarios. La filosofía imperante en el aula será la filosofía del Gobierno del futuro, escribiría Abraham Lincoln.

Ahora los estudiantes del Instituto lo mantienen en toma en señal de protesta, manifiestan que la reforma educacional comprometida por el Gobierno no contempla un cambio sustancial al esquema de financiamiento escolar, que continúa poniendo el énfasis en la asistencia en vez de un financiamiento basal a distintos proyectos educativos y de desarrollo social, educación gratuita y de calidad. La entrada del Instituto por la calle Prat se encuentra con una barricada de pupitres uno sobre otro, mesas de trabajo amontonadas y pintas acerca de la política, la educación, la gratuidad y el sistema, cada una más reflexiva que la otra, al pasar caminando y leerlas es como recibir un puñetazo en la cara para despertar de algún letargo, la mayoría de transeúntes camina mirando ya no la calle sino la pantalla de su teléfono móvil. Esta mañana el Instituto por orden gubernamental tiene que ser desalojado a la fuerza por los Carabineros. El desalojo inicia temprano, los autobuses repletos de policías antidisturbios se colocan en la calle Prat frente al liceo, solo la alta reja de metal con pupitres de madera separa a los Carabineros antimotines con sus escudos y sus toletes de los alumnos con las caras cubiertas, no siempre cubiertas para ocultar el rostro, en esta ocasión para poder al menos respirar un poco después de los gases lacrimógenos que Carabineros ha disparado para disuadirlos de seguir dentro de las instalaciones, la tanqueta que dispara chorros de agua a presión aguarda la orden por si la situación se complica, decenas de Carabineros también se sitúan en los alrededores. Los jóvenes -que no superan los 17 años- se refugian en las aulas donde el Centro de Alumnos se ha turnado durante casi un par de meses para soportar la toma y que les sirven como dormitorio, espacio de reunión y de trabajo, donde desarrollan foros de discusión, conferencias, charlas participativas para la comunidad que discute la forma y el método de movilización sobre el proyecto educativo tratado de diversos ángulos y en diferentes comisiones como Acción y Propaganda, Cultura y Difusión y otras que tienen que ver con la operatividad de la toma como Seguridad, Abastecimientos y Aseo.

Son las nueve de la mañana y se da la orden, el intenso gas pimienta no ahuyento a los jóvenes encapuchados, Carabineros entra al liceo, el espectáculo es intimidante, es ver una foto de décadas pasadas, una imagen anacrónica, una lección no aprendida, recorren sala por sala desalojando a los estudiantes, si bien no se producen incidentes mayores, la represión como mensaje a llegado, amedrentar y desorganizar, el diálogo parece ser un instrumento obsoleto e ineficaz por parte de la autoridad.

Los estudiantes exigen el diálogo y el uso de la palabra, las autoridades exigen el desalojo por medio de su instrumento de represión y fuerza; los Carabineros de Chile. Su origen se remonta en la fusión de los distintos cuerpos policiales existentes en el país hasta 1927 en donde son unificados por el dictador general del Ejército Carlos Ibáñez del Campo, concentrando así la idea de entregar al Estado central el monopolio de la fuerzas policiales a su único servicio, formando una verdadera guardia en torno a los interés del poder. Durante el golpe de estado de 1973 la junta militar encabezada por Pinochet declaraba; “Que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile están unidos, para iniciar la histórica y responsable misión de luchar por la liberación de la Patria del yugo marxista, y la restauración del orden y la institucionalidad”.

Horas después del desalojo los estudiantes del Instituto Nacional volvieron a entrar al recinto por la parte contigua del edificio que comparten con la Casa Central de la Universidad de Chile -también en toma-, donde los universitarios dan soporte a los estudiantes del liceo para volver a la movilización, el fin es mayor y volveremos cuantas veces sea necesario, comentan. En Santiago hasta hace algunas semanas había 162 colegios y varias universidades en toma, la mayoría bajaron las protestas en estas últimas semanas. Los “métodos de diálogo” por parte de las autoridades fueron muy similares a las usadas en el Instituto Nacional. Por lo pronto los alumnos de la calle Prat mencionan que la lucha de hoy es para evitar que la problemática educativa no se convierta el día de mañana en contingencia nacional y que abordaran la lucha con el significado histórico de ser “El primer foco de luz de la Nación”. En las últimas horas el Instituto y la Universidad retomaron las clases, las lecciones también se aprenden defendiendo el aula.

Vuelvo como todos los días a caminar por la calle Prat, paso por el Instituto que es observado desde una intimidante distancia por Carabineros, en una relativa calma, con los muros pintados por consignas y los pupitres que alzan la pared de la utopía, ahí se asoman los estudiantes, ahí adentro se agita algo, ahí dentro de ellos está encendido el foco, la luz, ahí están esos jóvenes como Prometeo que roba el fuego de los dioses para regalárselo a los hombres llevándoles la luz, ahí están los estudiantes con sus sueños de futuro y patria arrojados como Prat tras la romántica utopía que solo se espera de ellos, de los más jóvenes, ya lo mencionaría Allende en aquel mítico discurso en la Universidad de Guadalajara, “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

 

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