Opinión

Efectos irremisibles, al elegir / Opciones y Decisiones

 

La estructura y el mundo social de la Tierra aceleraron su pulso, aunque ésta sigue impasible la revolución sobre su propio eje a razón de una velocidad en el ecuador de 465’11 m/s, que conocemos como las 24 horas para dar una vuelta en relación con el sol, y llamamos día. Con respecto a las estrellas, la Tierra tarda 23 horas y 56 minutos en completar una vuelta sobre su eje, y esto se conoce como un día sideral. El otro movimiento de la Tierra, la traslación, se realiza por una vuelta completa alrededor del Sol en un año sidéreo, cuya duración es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos. Su órbita tiene un perímetro de 930 millones de kilómetros, con una distancia promedio al Sol de 150 000 000 km, distancia que se conoce como unidad astronómica (U. A.). De esto se deduce que la Tierra se desplaza en el espacio exterior a una velocidad de 108 000 km por hora, o 30 km por segundo, en el plano de la eclíptica. Debido a la inclinación del eje de rotación terrestre, se propicia la sucesión de las estaciones, cuya medición del tiempo es importante para las actividades terrestres.

Decimos, pues, que la estructura y el mundo social aceleraron su pulso debido a la decisión tomada respecto de una opción, eminentemente política, que afecta sustancialmente las otras esferas concomitantes de lo económico y cultural, del planeta como un todo. Nos referimos a los Resultados del Referendum EU, Brexit, que se presentó en la isla de la Gran Bretaña de cara al continente europeo, para determinar su permanencia o salida de la Unión Europea. Y esto a pesar de la pasmosa permanencia de los movimientos siderales.

La opción de salir se quedó con el 51.9 por ciento de los votos (17.4 millones), frente al 48.1 por ciento para el “remain” (16.1 millones), de acuerdo con los resultados finales de las 382 áreas de votación. Efectos inmediatos de su efervescencia: la libra cayó hasta un 11 por ciento a 1.3305, en camino a su peor día histórico, el petróleo cayó un 5.3 por ciento, el oro subió un 5.7 por ciento y los futuros sobre el índice FTSE 100 cayeron un 7 por ciento. El banco HSBC, que a principios de este año decidió mantener su sede en Londres, se hundió hasta un 8.7 por ciento en los mercados asiáticos. La ola se agrava porque los mercados habían sido optimistas sobre la permanencia del Reino Unido. (Fuente: Bloomberg, 23.06.2016. Última actualización 24.06.2016). Término cierto de los resultados de la opción tomada que, aunque por una diferencia marginal de 3 puntos porcentuales del padrón de votantes, inicia la salida de Gran Bretaña/UK-RU de la mancomunidad europea, y sacude las bases de una iniciativa paneuropea que nace por allá de los años cincuenta del siglo pasado. No sin algunas notas de conspiración de sociedades secretas con acentos de sucesión histórica de reyes merovingios, por un nuevo orden mundializado.

Lo cierto es que la decisión histórica tomada por el Reino Unido sobre la opción de separación o unión con el bloque continental europeo, nos lleva a las consideraciones éticas fundamentales de cómo una decisión, aparentemente, libre y consciente determina el tiempo y el modo como gravitamos sobre la superficie de la Tierra, y en y desde ella con el resto del Universo. Implicando desde luego una modificación o cambio significativo en las relaciones, tanto estructurales como dinámicas del todo social, que es el que acusa el sacudimiento de sus bases y su necesaria reorientación.

El punto crítico al que quiero aludir es el relativo al objeto sobre el que decidimos y el cómo lo elegimos. La ilustración más clara y precisa del por qué lo hacemos así y no de otra manera, se encuentra en el proceso de la negociación. En efecto, el arte de negociar no es otro que el arte de tomar acuerdos de manera que las partes intervinientes acepten como satisfactorio el esquema y los resultados esperados.

Acepto de antemano que el proceso negociador puede llegar a ser sumamente complejo, dependiendo de la materia, el objeto y el modo sobre el que versa. Pero, simplificando sus procedimientos, podemos observar que un equívoco o franco error, muy común a la hora de negociar, es confundir –por no distinguir y aclarar- un objetivo de la negociación con la necesidad fundamental que debo satisfacer.

Me explico con un ejemplo muy simple. Voy de regreso a casa, después de una larga y fatigosa jornada de trabajo, tengo hambre y comienzo a imaginar que al llegar me voy a preparar un sabroso y reparador sándwich. Llego a casa, abro el refrigerador y para mi desconsuelo encuentro que no hay jamón ni pan. Me siento molesto por no poder conseguir el objetivo que me había propuesto; ante lo cual puedo tomar al menos una de dos alternativas, la peor es irme a la cama con el enojo y el hambre insatisfecha, dejando que el estado de inconsciencia ponga punto final al desagradable incidente. La mejor alternativa es satisfacer mi hambre con algo de leche o yogurt, fruta y un poco de cereal guardado en la alacena. La moraleja de esta escena es clara, confundir un objetivo preconcebido, por importante que sea, con la satisfacción de la necesidad que debo satisfacer, es un grave error que vicia de fondo una acuerdo o una negociación.

Existen evidencias y datos históricos de este craso error en una negociación trascendental, que conlleva graves y onerosos resultados, generalmente para todas las partes involucradas. Recordamos, por ejemplo, la negociación entre los controladores aéreos y las autoridades de comunicaciones y transportes de los Estados Unidos de Norteamérica, por allá en los años ochenta. Conflicto que hizo estallar la huelga del sindicato de los controladores aéreos que reclamaban más descansos en una jornada larga de trabajo, ocasionado por su alta exposición de riesgo al estrés laboral que implica su trabajo. La unión de controladores al final se planteó como objetivo el logro de un alza importante a su salario, para compensar sus gastos personales y familiares en salud, y así compensar su necesidad de contratar costosos seguros de gastos médicos, en suma su pliego petitorio era mejores salarios, una semana laboral más corta y mejores beneficios de jubilación; el sistema federal de transporte se veían arrinconado a erogar cuantiosas sumas financieras con las que no contaba, para satisfacer esta demanda. Ambas partes tensionaron sus posiciones al extremo de poder causar un colapso del flujo aéreo de la nación. El gobierno federal tuvo que intervenir y obligarlos a llegar a un acuerdo, so pena de intervenir los puestos aéreos y remplazar con personal militar los puestos de control de las aeronaves.

La resolución final vino del propio Presidente Ronald Reagan quien respondió inmediatamente, presentándoles un ultimátum: O regresan a trabajar en 48 horas, o todos serán despedidos por quebrantar la ley federal. Dos días más tarde, 11,345 controladores de tráfico aéreo fueron despedidos sin posibilidad de postular a otro empleo federal. Los líderes de la unión acusaron a Reagan de haber cometido una “brutal exageración,” pero Reagan mismo, miembro vitalicio de la unión, dijo que “ningún presidente puede tolerar una huelga ilegal por parte de empleados federales.” (Hoy en la Historia: Huelga de controladores de tráfico aéreo, agosto 03, 2010. http://goo.gl/x54rem) Moraleja, el gremio de controladores erró gravemente al confundir un objetivo de negociación, con la necesidad explícita de aliviar de raíz el estrés laboral al que estaban sometidos; confundir salario con la satisfacción de una necesidad imperativa de salud, les llevó a un fracaso negociador.

Mutatis mutandis, la decisión por salir de la Unión Europea, el Brexit, puede probar en un próximo futuro que la confusión acerca de cómo definió un punto fundamental de su permanencia o retirada frente a la EU, que al final pretendía restaurar su autonomía de decisión política nacional y con ella sus condiciones fundamentales de relaciones laborales y niveles salariales de las clases más desprotegidas internas; está resultando en una amenaza cierta para el futuro de las generaciones de jóvenes ciudadanos que verían constreñidas sus posibilidades de empleo y desarrollo integral en el universo más amplio del conjunto de países del continente europeo. La decisión fue zanjada por la separación, objetivo, haciendo caso omiso de qué necesidad debía satisfacer, en principio. De ahí la pregunta crucial a la hora de decidir: ¿para qué me sirve, ésta decisión? La disputa ya está allí presente, aparte de la volatilidad que ha inducido esta decisión en los principales factores de los mercados mundiales del capital y del intercambio mercantil, con afectación a países del resto del mundo.

[email protected]


Vídeo Recomendado


The Author

Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

No Comment

¡Participa!