Opinión

La corrupción cotidiana y el sistema que ¿acabará con ella? / Punto crítico

Un grupo de amigos viajó a la Ciudad de México hace algunos días por motivos de trabajo, sin tomar en cuenta las medidas que está llevando a cabo el Gobierno allá para disminuir los niveles de contaminación que están afectando la salud de los capitalinos. Justamente, por el doble hoy no circula, el vehículo en el que viajaban no podía transitar el día en el que arribaron.

Como era de esperarse, de forma inmediata fueron detenidos por un policía vial quien les hizo conscientes de la violación que estaban cometiendo al reglamento. Les informó del mismo modo, que la multa oscilaría entre los 5 a 6 mil pesos, lo que en primera instancia es totalmente falso ya que de acuerdo con el artículo 47 del Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México, “el no respetar los programas ambientales merece una sanción de 20 a 30 veces la unidad de cuenta, además de la remisión del vehículo al corralón. Esto si el conductor es detenido por una patrulla de tránsito de la capital.”

Lo anterior representa un desembolso de entre 1,433.60 y 2,150.40 pesos, además de 635 pesos por arrastre de la grúa al depósito y 66.50 pesos por día que pase en él. En total podemos decir que el desembolso sería de unos 2,800 pesos.

El policía les advirtió también que retiraría una de sus placas o tendría que llevarse la unidad al corralón pero, que había la posibilidad de “arreglarlo en corto” para evitarse trámites engorrosos. Ante la dificultad que para ellos representaba toda esta situación terminaron por pagarle 2 mil 500 pesos al elemento de tránsito -casi lo mismo que si hubieran pagado la multa-.

Al finiquitar la transacción, el agente les hizo ver que podrían ser nuevamente detenidos, de tal manera que les dio “una clave” que tendrían que proporcionársela al elemento en cuestión en caso de que así sucediera. Metros más adelante pasó lo temido. Al darle a conocer el incidente y entregarle la dichosa “clave” el policía vial los dejó ir sin decir más.

Comparto esta anécdota porque es ya altísimo el nivel de corrupción al que hemos llegado en nuestro país, que cotidianamente vivimos, que nos ha llevado a acostumbrarnos e incluso a ser partícipes de él. Éste es solo uno de los millones de casos que se presentan todos los días y en los que tristemente se involucran hasta quienes debieran vigilar porque se respete la ley, como es el caso de los elementos de seguridad.

De acuerdo a los datos que arroja la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015 (Envipe) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la Policía y en específico la Municipal, “es una de las corporaciones de seguridad en la que menor confianza tiene la ciudadanía pues sólo el 9.9 por ciento quienes la identifica plenamente le tienen “mucha” confianza, en tanto que el 20.8 por ciento de los encuestados señalan que no confían nada en los policías municipales”, ya vemos el porqué de esta desconfianza.

Pero la corrupción va más allá, trasciende en todos los ámbitos e involucra casi a todas las personas. Precisamente un diario nacional dio a conocer esta semana que como cada año, Transparencia Internacional, ha elaborado su Informe sobre la percepción de la corrupción, con una evaluación en una escala de 0 a 100, a través de la cual se clasifican los países, que va del más virtuoso a más corrupto.

“México obtuvo 35 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción 2015, con lo que se mantuvo sin cambios en comparación con los resultados de 2014”. Y agrega que “nuestro país tiene niveles de corrupción similares a los que tienen Filipinas, Armenia y Mali”.

En esta materia hay cifras menos alentadoras que proporciona por ejemplo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en donde ocupamos el deshonroso último lugar entre los 34 países miembros de esta agrupación.

Bajo este escenario en estos días el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, firmó los decretos con los que se promulgan las Leyes del Sistema Nacional Anticorrupción mediante el cual el gobierno de la República “se compromete a reafirmar su compromiso con la prevención y el combate de la corrupción, la transparencia y rendición de cuentas”.

Bajo un discurso que no conmovió a nadie a pesar de sus disculpas, el mandatario de la nación nuevamente se vuelve a comprometer a crear instituciones fuertes y autónomas que prevengan y castiguen la corrupción, escenario que vemos muy lejano todavía.

Para que la corrupción deje de existir falta mucho y debemos empezar por retomar los valores que por los motivos que usted guste -económicos, en educación, ausencia de los padres, solo por mencionar algunos- se han perdido. No seamos cómplices de estas acciones y denunciemos a quienes obligados por la ley debían de dar el ejemplo. Recordemos que si no peleamos para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabaremos formando parte de ella.

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Leticia Medina

Leticia Medina

1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    21/07/2016 at 16:21 — Responder

    Magnífico artículo.
    Congratulaciones.
    Se encuentra en todos los niveles, se ve muy difícil.
    Da tristeza y vergüenza, es el pan de cada día.

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