Opinión

Los Trump de Aguascalientes / Un cuarto propio

 

Qué de voces se levantan nombrando el derecho de “la mayoría”, voces con lo que se disfraza el autoritarismo, la intolerancia y la ignorancia al mismo tiempo que existe un sistema que da tanta ventaja a la ineficiencia, así como al gasto público con nulos resultados. Todo eso se mezcla para entender la situación de México y el desastre existente en términos de derechos humanos y justicia social.

Pero no hay nada de exclusividad incluso en ese desastre porque hablando de sistema resulta necesario entender ese sistema colapsado bajo el que vivimos como un modelo global, la ola ocurrida de hechos recientes en Estados Unidos ha proyectado lo crudo de una sociedad profundamente racista, los pretextos que señalaban a quienes han llevado a cabo los ataques con armas en los distintos actos atroces cometidos contra la población siempre apuntaban a comprobar que además de ser un problema del uso excesivo de armas de grueso calibre eran actos cometidos por fanáticos fundamentalistas y bajo ese argumento todo encajaba perfecto, la sociedad y el gobierno se lavan las manos, pues todo está justificado; quienes dañan a la sociedad norteamericana son algunos que vienen de fuera, claro que en medida de lo posible un sector evita usar la palabra migrante, aunque otra parte, el ala más recalcitrante y conservadora no tiene ningún empacho en señalar que es la migración una de las principales causas de la dura violencia en que está sumido el país vecino del norte y que la solución es restringir la entrada de personas del Medio Oriente, desde luego que esa prohibición pronto se extendería a quienes tienen origen mexicano porque ha quedado más que claro los verdaderos pensamientos del ala conservadora respecto a la migración que llega del lado sur de los Estados Unidos.

Sin embargo, todo cambio de sentido desde los ataques donde murieron algunos oficiales de policía estadounidenses durante un acto cometido por afro descendientes en una protesta que denunciaba los certeras violaciones racistas y por demás excesivas cometidos contra jóvenes negros de los barrios más pobres en los Estados Unidos. La muerte de esos policías levantó nuevamente esa ala derecha que de inmediato salió a declarar que lo peor que se podía hacer en este periodo electoral de los Estados Unidos era polarizar a la sociedad entre republicanos y demócratas o mejor entendido entre conservadores y liberales.

Personajes como Donald Trump, aspirante republicano y ultraconservador, va insinuando con un velo racista que el problema no es la facilidad con el que se consiguen las armas, pues “las armas sirven para que la gente se defienda”, pero no termina la frase, entonces según Trump, ¿quiénes son el problema? Desde luego que evita decir que el problema son esos jóvenes negros que atacaron a la policía.

Mientras la policía de forma sistemática ha violado un ay otra vez los derechos principalmente de las personas afrodescendientes, migrantes principalmente de México, Centro América y Medio Oriente entre otros grupos sociales, esta ala conservadora prudentemente ha guardado silencio en cambio estos ataques donde pierden la vida varios elementos policiacos alborotan los deseos más racistas, xenófobos y homofóbicos de esa misma ala que ignoraba o minimizaba toda la serie de violaciones cometidas anteriormente por quienes se resguardan en un sistema que da tanta ventaja a la impunidad y al desaseo político bajo el que se mueven todas estas fuerzas de ambos partidos aspirantes a gobernar la casa blanca.

La crisis ya añeja que se ha vivido en materia de derechos humanos nos va dando múltiples respuestas de los niveles de opacidad y justicia que se viven en un país. En México ocurre algo muy parecido en la crudeza de actos cometidos principalmente contra mujeres y hombres jóvenes procedentes de zonas rurales o de grupos originarios, luego de actos dolosos e indignantes la demanda social por la justicia recibe una bofetada de indolencia de todo un sistema que va favoreciendo la impunidad inexplicable ante actos como la desaparición forzada de los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa, un acto de fuerte impacto, pero un acto eslabón de una serie de muchos otros sucesos cometidos que han hecho una larga cadena de barbarie bajo la que hoy en día se padece México.

Un secretario de Educación Pública que ha movilizado a la fuerza policiaca como única respuesta al conflicto laboral magisterial en el que pésimamente el Gobierno Federal se ha metido. La prepotencia y la cerrazón de ese funcionario público sólo ha empeorado y obstaculizado la posibilidad de encontrar cauces que contengan al menos el conflicto en el que se ha metido el gobierno de Enrique Peña Nieto con maestras y maestros principalmente de los estados del sur del país y no podemos omitir mencionar que son los estados de mayor rezago económico, los más pobres históricamente.

Y sobre ese polvorín de injusticia que clama “el derecho de la mayoría” y que ha permanecido ciego a la injusticia contra estos grupos sociales las violación sistemática de los derechos humanos, la falta absoluta de protección y seguridad de las mismas garantías constitucionales que padece la población lésbica, gay, bisexual, transgénero, transexual e intersexual sigue esperando lo que por derecho le corresponde, el reconocimiento de la ciudadanía plena que se refleja con los mismos derechos de las demás personas que habitan México. Y en ese polvorín que ha fabricado un congreso inoperante, flojo, evasivo, descansa la posibilidad de justicia social, mientras algunas voces pequeñitas de la ultraderecha siguen con la misma cantaleta absurda, autoritaria, ignorante abonando a la perpetuación de la violación y la desigualdad social, siguen apelando a la supuesta mayoría, a los supuestos valores, y el peor congreso que ha habido en Aguascalientes sigue evadiendo ridículamente su principio de existencia, es decir legislar a favor de un grupo social que históricamente ha estado en desventaja. Luego seguramente vendrán los lamentos y las excusas para intentar explicar la ineficiencia y el mugrero legislativo que se padece en el estado.

Los Trump de Aguascalientes siguen recibiendo palmaditas en la espalda, los dueños del congreso y de los gobiernos sienten que ya llegaron al palacio nuevamente; aunque siempre pasa algo que rompe el acomodo del ajedrez, el silencio del aire y termina ocurriendo violentamente eso que luego no saben cómo explicar.

chuyescribe@gmail.com | @Chuytinoco

The Author

Chuy Tinoco

Chuy Tinoco

1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    14/07/2016 at 10:03 — Responder

    Magnífico artículo.
    Congratulaciones.

¡Participa!