Opinión

Más debates: conquistar emociones por el camino de las ideas / Política for Dummies

 

El capítulo 1 del Alegato por la deliberación pública de Raúl Trejo Delarbre empieza así: “Campañas electorales, alocuciones políticas, comentarios periodísticos, silencios e imprecaciones en los más variados ámbitos y sobre todo un predominante vacío en el terreno de las ideas confirman, entre otras pobrezas de nuestra vida social y nacional, el batimiento del debate público”.

Sí, tenemos otras pobrezas a nivel nacional, muchas más, que tienen que ver con la economía, la educación, el civismo y la sociedad. Sin embargo, una fundamental es la que establece y discute muy bien Trejo Delarbre en ese texto, que en verdad recomiendo en demasía. Trejo tiene razón, nos hemos quedado pobres de ideas y de discusiones ideológicas, nosotros un poco y la generación que nos sigue un mucho. Algunos de nosotros nos quedamos con los debates entre Paz y Vargas Llosa, algunos con las discusiones entre Krauze y Monsiváis, con los textos de Granados Chapa o Dehesa, grandes ideólogos, escritores, pero sobre todo, grandes deliberadores.

Esos deliberadores son los que necesita México hoy, líderes de opinión que discutan las ideas en espacios públicos de manera pública, con autoridad moral y responsabilidad cívica. Esto último, escasea en México. Podemos hablar de líderes de opinión como López Dóriga, Loret de Mola o Carlos Marín, incluso Aristegui. Sin embargo no lo son. Son periodistas, que investigan, que documentan, que exponen y cuentan los hechos, con alguna visión de los mismos, con sus respectivas tonalidades, pero no generan ideas.

Las campañas electorales se han vaciado de la discusión de ideas y eso es inadmisible, no podemos permitir que los ciudadanos que pretenden representar y gobernar no discutan ideas sino que ganen elecciones en redes sociales, con videos virales, con ataques a candidatos, con filtraciones de grabaciones eróticas, con spots pegajosos y creativos, con gritos homofóbicos, con mentadas de madre en el tiempo del estado. Sí, la creatividad y atracción del mensaje son fundamentales, sin embargo no es lo más importante.

Los debates entre candidatos se han convertido en el show más odiado de la televisión, nadie dice nada relevante, no son atractivos y las propuestas, aunque se exponen, no son confrontadas ni explicadas. Los formatos de las autoridades electorales son antiguos, son inservibles y aburridos. Se ha privilegiado cuidar la equidad en la contienda que la deliberación de las ideas, hasta ese absurdo hemos llegado.

No estoy en contra de la equidad, pero vaya que incluir en un debate a 10 partidos políticos no abona ni a la deliberación de las ideas, ni al acceso a la información y mucho menos al rating televisivo, mejor que no se hagan debates. Se debe migrar a un modelo que incluya a todos los partidos en un primer ejercicio y luego con base a las encuestas y preferencias electorales ir delimitando los debates, para al final tener una deliberación de ideas entre los verdaderos posibles candidatos a ganar una elección.

Un ejemplo del desinterés por los debates entre candidatos en México son cifras, números que quizá no tienen comparación pero que nos pueden poner un poco en contexto; entre los 6 foros que organizó el INE para discutir las diferentes plataformas electorales de los partidos y candidatos independientes a ocupar una curul en la Asamblea Constituyente de la capital del país, una elección importante; solamente se registraron 5 mil 480 visitas a los videos, hubo un foro que solamente tuvo 447 visitas (solamente 447 ciudadanos se interesaron por ver un debate de sus candidatos en una ciudad de más de 8 millones de habitantes según el INEGI en 2010). En contraparte, a pesar de que la elección es de naturaleza diferente, el debate entre candidatos a la presidencia de gobierno en España, transmitido solamente en internet registró 107 mil visitas, con formatos más atractivos y una elección más importante, aun así es poco, pero mucho más que en México.

Las razones del desinterés en la política ya las sabemos: desconfianza, hartazgo, corrupción y un largo etcétera, sin embargo no solo se deben deliberar las ideas en tiempos electorales sino en todo momento, se deben contrarrestar los programas de televisión que disminuyen la capacidad de discusión y deliberación, con programas que la promuevan, se deben ir los académicos y especialistas al debate público no a los salones de clase, donde hacen una buena labor pero no para el bien común y el diálogo letrado.

Esos académicos, teóricos e intelectuales de escritorios nos hacen más daño ahí, encerrados, auspiciados de recursos públicos y llenos de soberbia, que en las mesas de discusión donde se confrontan las ideas. Su silencio ante los problemas públicos es una clara ausencia de responsabilidad social y ética profesional. Ellos deben ser protagonistas de los debates y de la deliberación pública.  

Las autoridades electorales también han sido omisas en generar estos espacios de discusión, son ellos los guardianes de los valores democráticos quienes deben promover estos debates y lugares de diálogo para encontrar las soluciones a los problemas públicos. Los gobernantes ya no deben tomar decisiones unilaterales sino decisiones consensuadas y que tomen en cuenta la deliberación pública de los ciudadanos y expertos, dejamos de debatir las ideas y nos convertimos en consumidores irracionales, motivados por los sentimientos y no por las ideas.

Quizá esté hablando de un lugar ideal, al final de cuentas los electores se mueven por las emociones y los ciudadanos también; el reto es mayúsculo: conquistar emociones por el camino de las ideas.

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

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