Opinión

Plan B / Ciudadanía económica

 

(Nota: Invito a los lectores de esta columna a leer los cuatro artículos publicados aquí mismo (http://www.lja.mx/author/jose-gtz/) entre el 29 de junio y el 20 de julio de 2016 en los que analizo los efectos de la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea).

Quienes detentan el poder de facto en el mundo -“el pequeño círculo” lo ha llamado el presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin-,  sufrieron aparentemente un revés en su pretensión de instaurar mediante la conformación de bloques comerciales geoestratégicos el Nuevo Orden Mundial (NWO, por sus siglas en inglés).

El plan llamado NWO, multicitado como plan estratégico desde hace cuatro décadas en el Foro Económico Mundial (WEF), la Comisión Trilateral, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión de Relaciones Internacionales (CFR) y el Royal Institute of International Affairs, parecía seguir inexorablemente hasta que aconteció el Brexit. Aparentemente a efectos de imponer el NWO no importaban las protestas populares que arreciaron a partir de la crisis bancaria de 2008. Tampoco parecía importar la movilización político-social en Grecia del año pasado que expuso ante el mundo el vasallaje al que la Unión Europea (UE) podía someter a uno de sus miembros a intereses supranacionales. Hasta antes del Brexit nada parecía indicar que los países de la zona Euro pudieran cuestionar su permanencia en la UE aún a costa del bienestar de su población, supeditándose al marco jurídico establecido a nivel global. Incluso aceptando la inmigración de refugiados a consecuencia de una guerra impulsada por su poderoso aliado norteamericano.

En la Asamblea General de la ONU de septiembre pasado, el presidente Obama, cuyo mandato terminará en enero próximo, aseguró que el capitalismo era “lo mejor que le ha pasado al mundo en toda su existencia”. Vladimir Vladimirovich Putin, quien será presidente ruso hasta 2018 y podría ser reelecto por otros seis años, reviró allí mismo a lo dicho por el presidente de los EUA afirmando que “la economía tiene que estar al servicio de los pueblos y no de los inversionistas“. Y, en rueda de prensa posterior a su alocución en la Asamblea, dejó en claro al mundo que el llamado Estado Islámico, ISIS, era financiado por ese pequeño círculo de poder a través del gobierno de los EUA, aclarando que, no obstante, Rusia perseguiría a los terroristas por todas partes.

Desde hace ya algunos años, la población occidental ha comenzado a despertar del sopor en  que ha sido sumida por el capitalismo salvaje (el capitalismo monopólico, versión 3.0). Con personajes visiblemente contrarios al NWO, pero también piezas del ajedrez de la élite mundial, como Putin y Donald Trump, este plan original se ve comprometido. Es ya evidente que, con el propósito de hacerse del petróleo de Oriente Medio, se ha hecho estallar en llamas a toda esa región. Para justificar el conflicto se indujo al mundo a temer y odiar a la población musulmana a partir de la falsa bandera que fue el ataque a las torres gemelas y el Pentágono en 2001 y se controló la protesta civil mediante el terror. Sólo quedaba la fase de repartir el mundo entre las empresas más importantes del planeta, disolver las naciones y quitarles a los ciudadanos toda posibilidad de decidir cómo ser gobernados, con herramientas como los tratados TPP,  TTIP, TISA, CETA  para ir adelantando el trabajo mientras los ejércitos de la OTAN hacían el suyo.

Pero los nacionalismos afloraron vigorosamente haciendo necesario un plan alternativo; un plan B.

Con incendiario discurso xenofóbico, el 21 de julio, Donald Trump asumió la candidatura del Partido Republicano a la presidencia de los EUA. Con encendida convicción, supremo egocentrismo y soberbia ante un auditorio honestamente cansado de ceder el poder ciudadano ante los intereses de los monopolios trasnacionales vertió falacias que provocaron atronadoras ovaciones. El pueblo norteamericano, ávido de recuperar su identidad nacional, recuperar su seguridad civil, puestos de trabajo y capacidad de consumir lo hecho en su país, bien podría llevar a quien pareció jugar el papel de payaso de rodeo a ser la primera figura del espectáculo desde la Casa Blanca (la de Washington). Su vehemencia nacionalista, al ser matizada por una posición pro-israelita le permite, por supuesto, esa posibilidad.

Por su parte, Vladímir Putin, levantando el orgullo nacional de la Madre Rusia, ha propiciado el acercamiento con otros países del mundo y hacia Latinoamérica, especialmente a los países con gobiernos opuestos al NWO, como Brasil, Ecuador y Venezuela. Ha sabido rescatar intereses en común con uno de sus más próximos aliados, China, país con el detenta una gran cantidad de alianzas económicas y con el que ha coincidido en muchas ocasiones, en particular, la actual guerra civil en Siria.

En el análisis anual titulado The world if… (El mundo si…, http://worldif.economist.com/), la organización editora del semanario The Economist publicó la semana pasada el análisis If Donald Trump was president (Si Donald Trump fuera presidente). En ese influyente medio, portavoz de la élite global radicada en Londres, se presenta un escenario posible donde Trump, como autoproclamado paladín de la ley y el orden, conduciría a los EUA a una posición desde la cual ese país recuperaría su identidad nacional, pero ya no podría ser la potencia hegemónica en materia económica y militar. Esto obligaría a una recomposición del mundo donde prevalecerían los nacionalismos en oposición de la disolución de identidades impulsada por el NWO.

El eje del poder global podría desplazarse de Washington a Londres. En este Plan B, la élite se adaptaría al nuevo escenario desde la Gran Bretaña, a través de un nuevo bloque mundial euroasiático con Alemania, China y Rusia. La geopolítica mundial cambiará radicalmente; México no podría tener un gobierno anodino, cachorro de un imperio que eventualmente ya no existiera.

 

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@jlgutierrez


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José Luis Gutiérrez Lozano

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