Opinión

Reír y optar por la vida / Opciones y Decisiones

 

Ante múltiples evidencias de que muchas cosas nos duelen de nuestro mundo actual, y esas señales de alerta desafían nuestra consciencia, para atinar a definir qué tanto más será soportable, hasta dónde y hasta cuándo podremos aguantar el dolor; hasta dónde podemos tirar de la cuerda o liga sin que ésta se rompa. Hasta dónde es posible tolerar la molestia y que en el ámbito político-social nos haga prorrumpir como lo hizo mediante aquella memorable interpelación, Cicerón: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”/ ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?” (M. Ciceronis Tulli Oratio In L. Catilinam Prima In Senatu Habita A.D. VI. ID. NOV.). Afirmación envuelta en una pregunta retórica.

Esta delgada línea roja que separa la tolerancia prudente, y por ello sabia y sensata, de la reacción impulsiva y acaso violenta está en nuestro horizonte vital, tanto de lo político como de lo económico y social (esfera por antonomasia de lo cultural). Y sin embargo, sabemos que se mueve, es decir, que está vigente. ¿Cómo abordarla?, ¿cómo modalizarla? ¡Esa es la cuestión!

Para intentar dar una respuesta útil, me veo en la necesidad de hacer un ensamble de reflexiones y de referencias publicadas por mí, en estas mismas líneas que lees apreciable lector, buscando superar los puntos límite a que está siendo sometida nuestra historia contemporánea, tanto en el ámbito mundializado como en el nacional y local. Abrevo, pues, de otras circunstancias que me llevaron a pensar en situaciones críticas y a buscar una vía alternativa de resolverlas, de trascenderlas. Escuchemos el sonido de este ensamble.

La más antigua referencia inscrita en nuestra civilización occidental cristiana se remonta al Canto primero del Siervo de Yahweh (Isaías, 42, vv1-4,5-9). “Eh aquí mi siervo a quien yo sostengo (…). He puesto mi espíritu sobre él. (…) No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará. (…) Y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes (…)”. Mensaje profético de Isaías –como uno de los grandes profetas del pueblo de Israel- (765 a.C.-700? Reinado de Manases, A.C.). El auténtico profeta de Israel o Judá es aquel que habla en nombre del Dios de Nuestros Padres, como paráfrasis de El Nombre (Ha’ Shem), o el impronunciable Yahweh. – Su respuesta se expresa en una imagen extrema de fragilidad y vulnerabilidad: ni aún la caña quebrada, no partirá, ni siquiera la mecha mortecina, no apagará. Este sería el punto límite del Dios que interviene son suma compasión y misericordia, ante el más frágil y vulnerable.

Para el no creyente, está a su disposición el análisis de los elementos científico-sociales de la categoría designada como “persona rechazada”. La cual contiene una fuerte carga de evidencia histórica, religiosa, social, cultural y política por sus excepcionales rasgos, que convierten a su protagonista en un hombre -para el caso- de personalísimo significado para toda una comunidad humana. Tal es el caso histórico de Jesús de Nazaret. Quien trasciende a pesar de su juicio injusto y muerte en la cruz, y delinea un horizonte Ético por antonomasia, que convierte en un proto-mensaje de salud y liberación universal, (Lja. Sábado 2 de abril, 2016. Liberación debida del dolor).

Para darle cuerpo y contexto a nuestros estados de situación límite. Retomo aquel año cabalístico de 1999, cuando en torno al proceso electoral en ciernes, me permití la libertad de proponer el Decálogo de un nuevo Catecismo para Electores Remisos, sin duda emulando y con todo el propósito, aquella imagen del Catecismo para Indios Remisos, de cuya catequesis dio magistral cuenta Carlos Monsiváis. En el décimo mandamiento de tal Decálogo, escribo: “No codiciarás las cosas ajenas”. Remitiéndome a las venerables fuentes del Libro del Éxodo (Yahvista, Elhoísta y Sacerdotal) en realidad resumen el 9º y el 10º en un gran precepto síntesis: “No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”. Y la fuente Deuteronomista lo resume bella y jurídicamente: “No desearás la mujer de tu prójimo. No codiciarás nada que sea de tu prójimo”. Que en su núcleo o punto central manda a nuestro Elector Remiso, la virtud de recapitular todo lo dicho por la Ley y los profetas del sistema electoral completo; porque lo hace radicar en la prohibición estricta de la codicia, el deseo desordenado, la avaricia de los bienes y posesiones que conlleva el acceso al poder político; máxime cuando se sospecha o se denuncia que esta codicia ha corroído de fondo el proceso mismo. Y que la desvinculación entre moral y acción política, que se pretende, implica que dejemos al cura en su capilla, a los santos en sus nichos, a los enjundiosos tratados de ética en los anaqueles polvorientos donde pueden ser contemplados y hasta admirados, pero irremisiblemente separados de la práctica, praxis. Cuando debe prevalecer el imperativo de la rectitud y del deseo ordenado en la acción concreta de la cosa pública. (Lja. Sábado 26 de enero, 2013. Buenas consejas electorales).

Ante estas situaciones extremas, ¿cómo actuar? Encontramos una clara respuesta en la gran metáfora de resiliencia que propuso el pensamiento indómito del filósofo Friedrich Nietzsche que se vuelve un remanso de paz, cuando en su obra Así Hablaba Zaratustra, desarrolla poéticamente la imagen de una palmera en el desierto, que recibe los rayos del Sol en el pleno de su zenit. Es una luz brillante tal que baña completamente a la palmera, sin dejar espacio casi a sombra alguna, y simboliza el estado más perfecto de aplomo de un ser; es decir, de pie, vertical sobre su eje. Cuando la palmera es doblegada por vientos borrascosos y es sacudida de un lado a otro como un ser indefenso, pero no se quiebra, resiste el vendaval y luego en el zenit solar, se muestra como lo que es un ser orgulloso de su aplomo para vivir. Sin duda una imagen maravillosa también de la resiliencia póstuma, en la muerte. (Lja. Sábado 18 de abril, 2015. De la mirada a la responsabilidad).

Otra vía alternativa, para afrontar el dolor extremo de una situación límite, la encontramos afortunadamente, en la raíz de nuestra cultura, como una de esas ideas seminales que nos iluminan a la hora apremiante de la decisión. Es el caso del vuelo poético de Octavio Paz, con el que plasmó la disyuntiva entre el arco y la lira; consistente en optar o por la vida o por la muerte, la cruda alternativa entre el arco, arma ofensiva, y la lira, instrumento musical de múltiples cuerdas, encuentra más amplias posibilidades. Con razón, el poeta plasmó con ese toque magistral de pluma en papel, la poderosa semejanza de dos instrumentos de cuerda, pero cuyas cualidades intrínsecas difieren enormemente en sus resultados. La guerra y el arte parecieran correr por la vertiente del mismo río, pero bien pronto nos damos cuenta que sus flujos respectivos se deslizan por cauces bastante disímiles. Contra la contradictoria frase de: “el arte de la guerra”, aunque la sutil cultura oriental, especialmente japonesa, la haya elevado a las cimeras cumbres del pensamiento en búsqueda de perfección, la elección evidente de Octavio Paz es el recurso a la lira, el arte de crear para formar, para transformar. (Lja. Sábado 15 de marzo, 2014. Lírica alternativa).

Por último, para cuestiones muy extremas, cito de nuevo a Federico Nietzsche, en su Así Hablaba Zaratustra, en el pasaje: “De la visión y del enigma”, -“¡Pero allí yacía por tierra un hombre! (…) Y en verdad lo que vi no lo había visto nunca. Vi a un joven pastor retorciéndose, ahogándose, convulso, con el rostro descompuesto, de cuya boca colgaba una pesada serpiente negra. ¿Había visto yo alguna vez tanto asco y tanto lívido espanto en un solo rostro? Sin duda se había dormido. Y entonces la serpiente se deslizó en su garganta y se aferraba a ella mordiendo. Mi mano tiró de la serpiente, tiró y tiró: -¡en vano! No conseguí arrancarla de allí. Entonces se me escapó un grito: ¡Muerde! ¡Muerde! ¡Arráncale la cabeza! ¡Muerde!”- Este fue el grito que de mí se escapó, mi horror, mi odio, mi náusea, mi lástima, todas mis cosas buenas y malas gritaban en mí con un solo grito. (…) -Pero el pastor mordió, tal como se lo aconsejó mi grito; ¡dio un buen mordisco! Lejos de sí escupió la cabeza de la serpiente: -y se puso de pie de un salto. -Ya no pastor, ya no hombre, -¡un transfigurado, iluminado, que reía! ¡Nunca antes en la tierra había reído hombre alguno como él rió!”. (Lja.Sábado 15 de Noviembre, 2014. Paso a la libertad).
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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

1 Comment

  1. MARIA DEL CARMEN ALTAMIRANO GAMIÑO
    09/07/2016 at 10:53 — Responder

    ASI NOS TIENEN, CON LA SERPIENTE EN LA GARGANTA Y OJALA CADA UNO ESCUCHEMOS Y DECIDAMOS MORDER, PARA ESCUPIR LEJOS DE NOSOTROS LA CABEZA DE QUIEN NOS HA ESTADO INFLINGIENDO DOLOR Y NOS LEVANTEMOS ILUMINADOS

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