Opinión

Arte y burocracia / Alegorías Cotidianas

En México, todo trámite es engorroso, tardado y complicado. Es una cultura laboral de los servidores públicos el pasar de jefe en jefe los documentos o las peticiones para que puedan ser autorizadas así que, si uno tiene un trámite urgente, debe de esperar un tiempo para poder obtener respuesta eso si no son traspapeladas por casualidad o descuido.

Pareciera que también es cultura el mal trato por parte de los secretarios que son el primer filtro o bien de las personas que se encargan de dar informes. Pero cuando uno llega y se están arreglando las uñas, comiendo en su lugar de trabajo o peor, toman hora y media para desayunar mientras se espera indefinidamente, sin olvidar que ven series o telenovelas y le piden a uno no interrumpir si es que algo interesante pasa en ese momento.

Todo eso y más vivimos día a día, lo más frustrante es cuando se espera y la respuesta no es la positiva por ejemplo, para participar en un concurso y pedir informes en ocasiones no sólo se hace antesala de una hora o más sino que cuando la persona encargada llega no tiene ni idea de lo que trata la convocatoria y, ahora con la modernidad, piden de inmediato de dirigirse a la página web para zafarse del problema sin que de verdad tengan entendido de lo que se trata, o bien, una respuesta afirmativa.

El colmo de la burocracia llega cuando las bases de las convocatorias, en caso de estudios en el extranjero, piden pasaporte vigente casi de un día para el otro, pues sacar la cita para la renovación de éste toma por lo menos dos semanas, entonces las postulaciones espontáneas quedan fuera de lugar.

Y qué decir de los concursos literarios donde uno tiene que enviar el original y los tantos por correo certificado bajo un seudónimo y las señoritas del mostrador no aceptan los envíos pues no tienen un nombre “real” y por tanto no puede ser dejado en la paquetería aun si se explica varias veces el porqué y se muestra la convocatoria ya que según su reglamento no es una cuestión de cultura sino de seguridad, a qué obedece uno en tal caso ¿al espíritu poético que quiere ser leído o al código de seguridad de las empresas privadas y la pública de envío? Pues si el sobre llega sin seudónimo a la sede donde se dictaminará no será recibido ni leído porque no cumple con los requisitos. Es tan complicado como el ser o no ser.

Luego vienen los trámites en línea que no pueden ser completados por que el sistema se cae, estas vicisitudes no paran aquí, hay algo con este respecto que va más allá del soporte técnico pues en México la cobertura del internet no está cubierta y además es ineficiente. Imaginemos que un joven de una comunidad rural desea ingresar a un bachillerato del Estado y en su comunidad no hay suministro de internet y el portal para inscribirse se abre a las doce de la noche, ¿cuál es la estrategia para que pueda lograrlo y continúe sus estudios? ¿Qué propuesta tiene el Gobierno para poder cumplir con sus propios requisitos en el Estado del “progreso”?

Un trámite absurdo y engorroso por sí mismo es el pedir permiso o pagar por tomar fotografía o video, con cámaras profesionales, de las fachadas de lugares públicos como Bellas Artes, el Castillo de Chapultepec, y algunos otros monumentos en la Capital cuando pagamos nuestros impuestos y gracias a ellos se les da mantenimiento además de otorgarles recursos. No sólo hay que hacer trámites para poder levantar imagen, esperar la respuesta positiva y pagar la cuota correspondiente sino que además es necesario aguantar a los servidores públicos que realizan la autorización. No olvidemos el agregar el mal trato recibido por parte de los oficiales si uno toma fotografía sin saber que como mexicano no puede guardar en fotografía o video su visita pues las cámaras DSRL, hasta las más pequeñas son consideradas profesionales.

Lo mismo sucede en el Fideicomiso donde se ubican Tres Centurias, la Universidad de las Artes y el tan discutido MECA, se tiene que pagar derecho a uso para levantar imagen, sólo que ahora con la construcción de la sala de conciertos, el museo y demás seguramente encarecerá el costo para poder hacer uso con cámaras profesionales para sesiones de fotos o grabaciones. Es adecuado el pedir permiso sobre todo cuando es una producción mediana o grande de video producción sin embargo para trabajos universitarios o personales pequeños el pago del derecho y el permiso sobran cuando no se interfiere con los visitantes ni entorpece las actividades cotidianas que se llevan a cabo.

¿Cuál será la propuesta para desburocratizar el arte y sus derivados? Pareciera que hasta para poder enviar una novela o un poemario uno tiene que pedir permiso al gerente de Correos de México o capacitar en atención al cliente a los encargados de dar informes sobre el préstamo de espacios, las cláusulas de una convocatoria o algún servicio en particular.

Ya basta de servidores públicos poco amables y que entorpecen el desarrollo natural del arte y la participación al mismo. Como ciudadanos podemos exigir un alto a los favoritismos y a las trampas burocráticas para llevar a término nuestros trámites pues ahora para entrar a estudiar secundaria, bachillerato, universidad, realizar una muestra artística, participar de un concurso, entrar a laborar a una dependencia de Gobierno de giro educativo y cultural se necesita suerte, paciencia y una palanca.

Tal parece que México no es para los mexicanos y que los burócratas le piden permiso a una mano y luego a la otra para poder trabajar.

Podemos rescatar que con o sin ellos el arte y la educación van para arriba, no importa cuántos obstáculos se impongan, mentiras sobre el progreso se inventen o burócratas no hagan su chamba, nosotros podemos seguir creando y abriendo camino y espacios donde todo está en contra. Luchemos siempre por la cultura, siempre la vanguardia artística.

 

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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