Opinión

Desigualdad, dígalo en deciles / Opciones y Decisiones

La divisa Liberté, Égalité, Fraternité/Libertad, Igualdad, Fraternidad, que al día de hoy ostenta la Présidence de la République française – Élysée /El Elíseo, Presidencia de la República Francesa, es considerada la herencia del Siglo de las Luces, y es invocada por primera vez a causa de la Revolución Francesa. Algunas veces puesta en duda, al final ella se impone bajo la III República, se inscribe en la constitución de 1958, y forma parte del patrimonio nacional. Fue a partir de 1793, que los parisinos, rápidamente imitados por los habitantes de otras ciudades, pintan sobre la fachada de sus casas las siguientes palabras: “unité, indivisibilité de la République; liberté égalité ou la mort” (unidad, indivisibilidad de la República; libertad, igualdad o la muerte”, sin embargo se les invitó a borrar la última parte de la fórmula, demasiado asociada al (la era del) terror. (Fuente:http://www.elysee.fr/la-presidence/liberte-egalite-fraternite/).

Una divisa que ha traspasado eras y fronteras, para hacerse una especie de sacramento de los estados laicos libres y soberanos, contemporáneos. Se ha convertido en un principio de doctrina casi inconmovible de la naturaleza y deber ser de un Estado independiente. De manera que ningún gobierno nacional puede prevalecer si no es capaz de garantizar la unidad, es decir la indivisibilidad del territorio y de la identidad republicana propia, que se finca en la libertad irrestricta de todos sus ciudadanos, la igualdad de todos sus habitantes en el acceso a los satisfactores esenciales del bienestar y desarrollo integral, social e individual que definen su calidad de vida; y la fraternidad, que no es otra que la convivencia humana comunitaria pacífica, armónica y segura. Cuestionar la validez axiológica de tales valores cívico-políticos, aparte de inútil es pretensión ociosa.

El problema, para un país o nación, se presenta cuando en sus relaciones político-económicas dominantes, en sus usos y prácticas sociales y culturales, en el devenir de su historia cotidiana la realidad del acceso, el intercambio y el disfrute de estos valores se va distanciado de su acontecer real, que se traduce en percepción efectiva de su ausencia.

En el curso de las últimas semanas, en México y en Aguascalientes se ha estado debatiendo el tema de “la medición de la pobreza” que ha derivado en reclamos y discusiones, tan apasionadas como divergentes, dato que nos arroja a la cara un problema que se hace más de fondo: el asunto es que se trata de la creciente desigualdad que prevalece en nuestro todo social. Y que la forma de medirla o bien nos puede hacer comprensible la naturaleza del reto que enfrentamos, o bien tornarlo más oscuro o incognoscible al no poder dimensionarlo en su justa proporción. Es el caso del ya connotado Módulo de Condiciones Socioeconómicas de México (MCS), re-modulado por el Inegi que, entre otras cosas, ha detectado “una gran cantidad de ingresos en materia de transferencias como remesas y subsidios en noviembre pasado, cuando se aplicó el MCS”, (Ver: Medición de los ingresos en Aguascalientes, Eugenio Herrera Nuño. Opinión, martes 3 de agosto de 2016, LJA).

Sus resultados son nada halagüeños para Aguascalientes: “Tenemos que Aguascalientes se ubica, luego de Sinaloa, como segundo lugar nacional en polarización del ingreso, calculado a partir de dividir el ingreso del decil de mayores rentas, que gana cerca de 70 mil pesos (el año anterior sólo 55 mil); entre el decil de menores rentas, que alcanzó los 2,726 (antes 2 mil 450). A nivel nacional logró ubicarse en 20 a uno pero en Aguascalientes subió a 25 por uno. El índice de Gini aguascalentense es de los más altos y nadie puede garantizar la gobernabilidad de un estado o nación donde la distribución del ingreso sea tan polarizada”, (Autor citado, Medición de los…., ibídem).

En donde esta sentencia última “nadie puede garantizar la gobernabilidad de un estado…”, nos remite lisa y llanamente al tema de la desigualdad, no tan solo entre grupos de población, distribuidos por “deciles” –recuerde usted esta definición de marras, la fragmentación de la población en subcategorías de 10 en 10, en donde el decil I es el de más bajos ingresos y el decil X el de más altos ingresos, que toma como unidad de medida el núcleo familiar que habita un domicilio particular-, sino entre los individuos bajo su distinción por género, por edad, por educación, etc.

Para entender la discrepancia entre criterios de medición, nos referimos a un ya clásico para mí, el autor Hanz Zeisel, en su obra: “Dígalo con Números”, FCE, 1962, México. Quien toma como punto de partida un antiguo cuento chino que circula entre los expertos en estadística. En dicho cuento se asegura jocosamente que las personas que reciben visitas del médico tienen una proporción de mortalidad considerablemente más elevada que aquellos que se ahorran tales visitas. Considérelo por unos instantes y comprenderá la ironía de tal afirmación. “En este cuento hace falta evidentemente comparar por separado entre quienes antes del acontecimiento de recibir o no visita médica hayan estado enfermos y quienes hayan estado sanos. Muy pronto encontraríamos que con toda seguridad podría eliminarse íntegramente el segundo grupo porque no recibió visitas médicas”. Pero, lo importante de este intuitivo chiste, es que nos enseña que al contraponer ejemplos extremos, se tiene la ventaja de aclarar tanto el problema como su solución.

La paradoja a la que nos confronta una medición estadística consiste en que veámoslo como lo veamos, siempre es “relativa”. La ingeniosa mente de Albert Einstein nos enseñó con un simple ejemplo que la velocidad con que un individuo lanza una pelota ante los ojos de un observador, no es la misma aunque sea del mismo individuo, pero subido éste en un furgón de ferrocarril que viaja a más de 80 km/hora –y distanciándose a ojos del mismo observador parado en tierra-, la pelota lanzada en el segundo caso incrementa su velocidad debido a su traslación sobre una plataforma que se desplaza a 80 km/hora-; por tanto la medición de la velocidad de dicha pelota siempre será relativa a las condiciones de su lanzamiento.

A la pregunta de si el porcentaje de la pobreza de hogares mexicanos se incrementó, se mantuvo igual o bajó, hoy la opinión sobre el malhadado MCS es que, para Aguascalientes, según INEGI, el Módulo reporta que, del total de ingresos de los hogares, el 67.1% provino de ingresos del trabajo, el 14.8% de transferencias; el 10.9% de la estimación del alquiler de la vivienda, el 7.1% de la renta de la propiedad y el 0.1% restante, de otros ingresos corrientes. Lo que hace suponer que el 15% de ingreso menor en Aguascalientes por la vía de los salarios terminó siendo compensado por las familias con el 15% de las transferencias y con ello ubicarse entre los cuatro primeros lugares entre los estados en materia de ingresos; aunque habría que partir de que los demás estados, en mayor o menor medida también tienen transferencias. (Medición de los ingresos…, Eugenio H., o.cit. Id.)

Pero, el punto neurálgico no es el del incremento relativo, sino el de la brecha que se profundiza más: “Al estado de Aguascalientes lo ubican en 4° lugar nacional con 59,434 pesos trimestrales por hogar, lo que resulta en 20 mil pesos mensuales; ingreso que ganan los dos últimos deciles (los de mayores ingresos IX y X)”. Monto al que para poderlo igualar, comparado con los de menores ingresos, tendrías que sumar los respectivos a los 4 primeros deciles (I a IV), o lo que es igual sumar al cuarenta por ciento de las familias para que su ingreso conjunto pueda alcanzar los famosos 20 mil pesos mensuales. En conclusión, aun ganando en Aguascalientes más ingreso, nos volvemos proporcional y relativamente más desiguales.

Lo anterior resulta debido a que, toda operación del tanto por ciento tiene un alto grado de incertidumbre, cuando intervienen otros factores o variables, que no permiten un grado de comparación tan grueso, y que por dejar fuera otras probables causas, su cálculo resulta impreciso y seguramente inexacto. Y por ello existen otras alternativas matemáticas como son: la media aritmética, la media aritmética ponderada, la mediana, la moda, la desviación estándar, la correlación lineal, la varianza, etc. Lo que sí es cierto es que de la magnitud absoluta de los resultados depende, ni más ni menos, que el grado de legitimidad con que pueden operar nuestros gobernantes, y ésta no es una consideración menor. Sea dicho, esta desigualdad relativa hace potencialmente cada vez menos gobernable una población en tal estado de condiciones socioeconómicas, de un campo minado por la polarización económica.

 

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Francisco Javier Chávez Santillán

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