Opinión

Donald Trump, la mejor opción para México / Ciudadanía económica 

 

Muchos mexicanos coinciden en considerar indeseable que Donald Trump llegara a ser presidente de los EUA. La información con la que contamos sobre este personaje es la que se genera durante la campaña presidencial. Allí, el ahora candidato del Partido Republicano, ha logrado acaparar la atención a través de un discurso provocador, difundiendo una posición xenofóbica y realizando propuestas escandalosas. Destacan aquellas en las que afirma que, de llegar ser presidente, obligará a México a construir un muro en su frontera con los EUA para frenar el flujo de inmigrantes latinoamericanos y la de prohibir la entrada de musulmanes a su país. Sus propuestas, declaraciones y posicionamientos han ocasionado que en las redes sociales y algunos medios de comunicación masiva se le endilguen calificativos como fascista, autoritario, totalitario, intolerante, fanático, chauvinista, intransigente, obcecado, tozudo, terco, opresivo, bruto, ignorante, inculto, necio, torpe, obtuso, ordinario, grosero, descortés, rústico, patán, salvaje, bestia, cafre, bárbaro, gamberro, cafre, energúmeno, irracional, zafio, zambombo, zopenco y zoquete. Entre otros.

Pero, gracias a eso mismo, ha logrado posicionarse como una de las personas con más presencia en los medios de comunicación occidentales, teniendo así una creciente posibilidad de resultar electo para presidir el gobierno del país con mayor poder bélico del mundo.

A esa posibilidad se añade el que su única contrincante, la señora Hillary Clinton, no despierta pasión entre sus partidarios, como sí lo logra con creces el señor Trump. Además pesa sobre ella un ejercicio comunicacional descuidado -miles de correos electrónicos secretos difundidos por su cuenta personal- y un comportamiento ético cuestionable -en el asesinato de Muhammar Gaddafi, por ejemplo- durante su gestión como encargada de asuntos internacionales (Secretary of State) de los EUA.

Una posición política, económica y militar como la de presidente de los EUA resulta de gran interés, por decirlo de alguna manera, para quienes detentan el poder del dinero en el mundo. Hasta ahora, los analistas y politólogos han opinado que quien asegurara la continuidad de su plan de largo plazo para el mundo, el Nuevo Orden Mundial (NWO), sería la opción preferida por quienes detentan el poder de facto global. Esa sería la señora Clinton. Pero con el meteórico incremento de la popularidad de Donald Trump, quien entre sus diatribas ha tenido el detalle de enviar guiños hacia el sionismo y el recién estrenado nacionalismo de la Gran Bretaña, bien cabe la posibilidad de que estén viendo la posibilidad de aceptar (tal vez para ellos sea avalar) el triunfo electoral del candidato republicano. O sea, el Plan B del que hablamos la semana pasada.

Hasta ahora México, particularmente desde el sexenio de Carlos Salinas, ha sido fiel al proyecto que aquí se conoce  como “neoliberal”. A cambio de mantener bajos los sueldos y salarios y asegurar fielmente la proveeduría de materias primas a bajo costo a los grandes monopolios de alimentos, químico-farmacéuticos y energéticos, al país le fue le fue otorgada la graciosa concesión de reestructurar el pago de la enorme deuda externa que había provocado la crisis de 1982. Transfiriendo religiosamente la riqueza que implicaba el pago de la deuda -a quienes hoy los argentinos llaman banqueros/fondos buitre- y privatizando grandes extensiones de tierras hasta entonces pequeña propiedad y ejidos, la población más pobre de nuestro país se ha visto obligada a emigrar a los EUA en busca de oportunidades para sobrevivir.

Evidentemente el señor Trump omite reconocer ese costo social impuesto a los mexicanos desde Washington, así como la enorme demanda de estupefacientes de sus connacionales que alimenta el narcotráfico en México y otros países de Latinoamérica. Por ignorancia o complicidad evade mencionar los vergonzantes convenios y tratados que desde el siglo XIX, mediante presión militar, embaucamiento o coacción de nuestros políticos (con dólares contantes y sonantes) que gobiernos de la nación vecina han impuesto a nuestro país. También es omiso en reconocer que han sido empresas estadounidenses las que venden miles de millones de dólares en armas a grupos delincuenciales dentro del nuestro, en tanto su gobierno se hace de la vista gorda. Si eventualmente llegara él a la presidencia de los EUA alguien sin cola que le pisen, con los hijares bien fajados, tendría que recordarle esto diplomáticamente pero con firmeza.

Si miles de mexicanos han tenido que cruzar la frontera norte, aún a costa de su vida, y han entregado sus capacidades, habilidades y aptitudes para aportar a los EUA una riqueza cercana a la mitad del Producto Interno bruto de México en vez de entregarla a su tierra, ha sido por esa asimetría de poder que ya es urgente corregir.

Si ganase la elección la señora Clinton, aparentemente no pasaría nada en nuestro país. Todo seguiría igual, con la misma tendencia entreguista y con un gobierno que continuaría actuando como “cachorro del imperio”, como alguien en alguna cumbre hemisférica se atrevió a calificar.

Pero si llegara a ganar Donald Trump, las cosas cambiarán hacia lo interno de aquella nación y en su política internacional. En primera instancia se provocaría una revisión a fondo, si no es que la cancelación, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN. Entonces México tendría la enorme oportunidad de replantear, en beneficio propio, las condiciones que al día de hoy prevalecen en esta desigual relación.

Definitivamente no sería labor sencilla. Ha sido demasiado tiempo el que México ha estado condicionado por la política estadounidense, pero el cambio ofrece la oportunidad de salir dignamente de esa incómoda posición.

Tendría que crearse una política industrial que, privilegiando el uso de insumos nacionales y el uso intensivo de la mano de obra, sustituya la compra de tecnología extranjera. Una política energética acorde con la disponibilidad local de recursos y una política cultural que recupere el orgullo de pertenecer a esta noble Patria.

[email protected] | @jlgutierrez


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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

1 Comment

  1. 04/08/2016 at 20:25 — Responder

    Muy buen artículo, José Luis, pero contar con las promesas de cualquiera de los dos creo que no es recomendable… No esperemos a que suceda lo que te imaginas podría suceder sino actuemos con plena conciencia de los que significa para la inmensa mayoría de nosotros la política en manos de las malas bestias que nos malgobiernan.

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