Opinión

Identidades plurales / El peso de las razones

 

¿Cómo discutimos en la vida pública? Los últimos días, esta pregunta no me ha dejado solo. Lo cierto es que nuestras discusiones públicas son sectarias: más que la verdad, defendemos creencias, personas e instituciones como a nuestros equipos deportivos de la infancia. Nuestra concepción sobre las identidades grupales muchas veces nos hace un flaco favor.

Los conflictos de creencias y deseos, fruto de la pluralidad, son conflictos entre individuos, y no entre culturas, civilizaciones o comunidades, como muchos quieren o les conviene hacernos creer. Al igual que Amartya Sen, descreo de las identidades grupales y me parece que cuando las personas se las toman en serio suelen conducir a la violencia. En primera instancia, las identidades grupales desfiguran la riqueza y diversidad de la identidad personal, que ante todo es una identidad plural. Algunas personas subliman las identidades grupales: aseguran que la gente puede categorizarse bajo un solo sistema de división, singular y abarcador. Podemos dividir a las personas -piensan- por civilizaciones, religiones o grupos de interés particulares, lo cual produce un enfoque singularista de la identidad personal, en el cual los seres humanos somos lo que somos en tanto miembros de un grupo específico. No obstante, pertenecemos a diversas y no a una sola colectividad: cada una aporta algo a nuestra identidad de manera simultánea, por lo que no podemos considerar que una sola nos brinde nuestra identidad. Por tanto, debemos decidir acerca de la importancia relativa de nuestras asociaciones y filiaciones en cada contexto particular. Así lo señala Sen: “La misma persona puede ser, sin ninguna contradicción, ciudadano norteamericano de origen caribeño con antepasados africanos, cristiano, liberal, mujer, vegetariano, corredor de fondo, historiador, maestro, novelista, feminista, heterosexual, defensor de los derechos de los gays y lesbianas, amante del teatro, activista a favor del medio ambiente, fanático del tenis, músico de jazz y alguien completamente comprometido con la opinión de que hay seres inteligentes en el espacio exterior con los que debemos comunicarnos”.

La creencia de que sólo un grupo -sólo una de nuestras filiaciones- nos proporciona nuestra identidad personal puede predisponernos a la violencia: el sentimiento de que poseemos una identidad única y singular nos exige agrias lealtades, y termina siendo un componente básico del vicio del sectarismo. Si soy el que soy por pertenecer sólo a este grupo, cualquier otra colectividad que no comparta las creencias (y, sobre todo, la agenda) del grupo al que pertenezco será mi antagonista. Las lealtades que exige el enfoque singularista de la identidad personal son caldo de cultivo para múltiples formas de violencia: “En realidad, una importante fuente de conflictos potenciales en el mundo contemporáneo es la suposición de que la gente puede ser categorizada únicamente según la religión o la cultura. La creencia implícita en el poder abarcador de una clasificación singular puede hacer que el mundo se torne en extremo inflamable”.

Los seres humanos no sólo somos suficientemente parecidos -pertenecemos a la misma especie animal, compartimos un aparato cognitivo y una historia evolutiva-, sino también diversamente diferentes. El enfoque singularista de la identidad personal olvida ambos hechos. Además, brinda un aura de predestinación a nuestras filiaciones: somos lo que somos por haber nacido donde nacimos, hablar la lengua que hablamos, haber sido educados en la cultura en la que lo fuimos y pertenecer al grupo en el que nos tocó pertenecer desde que llegamos al mundo. Sobre ninguna de estas cosas tenemos poder. A pesar de ello, la identidad personal también es fruto de un largo recorrido de prácticas, gustos y creencias adquiridas y ponderadas. Somos diversos y plurales. Por lo mismo, comprender los conflictos de creencias y deseos en nuestras sociedades plurales como conflictos entre grupos y no entre individuos puede desfigurar a los conflictos mismos.

Si comprendemos que nuestra identidad es una identidad plural y si tomamos decisiones críticas sobre nuestras filiaciones nuestras discusiones en la vida pública, no lo dudo, serán mucho más provechosas.

[email protected] | /gensollen | @MarioGensollen

 

The Author

Mario Gensollen

Mario Gensollen

No Comment

¡Participa!