Opinión

Entre la línea del aborto y la vida / Piel curtida

Si los hombres acusan a las mujeres es casi incomprensible que otra persona del llamado “segundo sexo” no reconozca la violencia machista que reproduce y a la cual se somete… casi incomprensible, hasta que se observa que el único espacio donde verdaderamente puede ejercer el poder es en su familia, siempre y cuando sea nuclear, siempre y cuando no esté presente a quién coronan como dueño del hogar, de los cohabitantes y hasta de sí mismas.

El fin de semana la subsecretaria de Mujeres Jóvenes del PRI Veracruz, Tavata Calderón Heredia, publicó en su cuenta de Facebook “personal” -adjetivo que en entrevistas no ha dejado de repetir hasta convertirlo en un leitmotiv– que las mujeres “necesitan tantita puta madre para evitar quedar embarazada sino lo deseas, y no hablo sobre niñas adolescentes nada más sino de todas las que andan loqueando y dando las nalgas a quien sea, sin siquiera cuidarse y que traen hijos al mundo a sufrir, sin la mínima disposición de amarles y de forjarse una responsabilidad para mantenerlos y criarlos, y algunas tantas pendejas indecisas y rajadas deciden no abortar cuando se pudiera y digo rajadas porque le piensan quedar desangradas en pleno legrado, a no como [Ah, ¡no!, cómo] se van a morir ellas (sic)”; y hasta propuso una campaña de esterilización.

Sus palabras en Facebook, como para Tiempo Regional Noticias, son simplemente incongruentes entre sí. Repite hasta el cansancio que su publicación en Facebook es personal y no fue hecha como subsecretaria de Mujeres Jóvenes del PRI Veracruz, sin embargo debe recordar que al momento de asumir un cargo en un partido se convierte en política, por lo tanto persona pública, y aunque puede gozar una vida privada, ésta termina al salir de casa y más allá de su círculo cercano de amistades y familiares, esto último de por sí altamente cuestionable. Tal parece que no se ha logrado comprender que plataformas como Facebook, Twitter, Instagram, son también medios de comunicación, sujetos a la opinión pública.

A pesar de que la partidista solicita perdón por el lenguaje enaltece su lucha “a favor de la vida”, se enorgullece de los párrocos y pastores que le han aplaudido por su mensaje y olvida que en teoría, en la constitución, las organizaciones políticas y el Estado deberían ser laicas, sin contaminaciones dogmáticas; y aunque vocifera irónicamente que las mujeres tienen miedo de abortar por morir desangradas, no considera que es justo esto un elemento por el cual la interrupción del embarazo debe ser legal, gratuita y salubre, ya que, siguiendo su propio discurso, entonces las “listas” son las que cuentan con dinero para abortar en la Ciudad de México, en Estados Unidos, en el extranjero; sin cuestionar el porqué una encargada de una subsecretaría que debería dar representatividad a las mujeres no conoce el contexto de violencia a la cual se enfrentan las mismas.

Argumenta la mujer pública, la política y la militante con un puesto en un partido político que a los hijos hay que “amarles y de forjarse una responsabilidad para mantenerlos y criarlos”, y sí se necesita responsabilidad y amor, pero no como se les ha enseñado a las mujeres y cómo se les quiere seguir enseñando a las niñas: asumiendo primero al esposo, a las crías, a los demás siempre; sino que deben cultivar el amor a sí mismas para no buscar ser propiedad, ser esposa de y madre de, para no quedar reducidas a un ser que sin otro deja de existir, de importar. El embarazo “no planificado” no es una cuestión de andar “loqueando y dando las nalgas”, como publicó Tavata Calderón Heredia, es justo consecuencia de una problemática y falta de concientización fermentada por la misma idea adornada de la maternidad y la fecundidad; la priista llama en varias ocasiones a las mujeres a evitar ser “asesinas”, que hay muchos niños y niñas que sufren violencia y otros que están en las calles, y sólo pregunto que si les incomoda tanto que una mujer pueda ser dueña de sí misma, al punto de criminalizarla y querer tomar decisiones por ella, ¿por qué no alardean de una responsabilidad más y adoptan a todos esos niños y cúmulos de células que utilizan para la compasión mediática? ¿Será que es inmenso el miedo de que sus hijos o hijas decidan no “darles” nietos y no puedan ser abuelas, mujeres con poder que sólo creen existentes al ser reproductivas?

En contraparte, en Sonora, se busca justicia para una niña indígena de 13 años que fue violada. Después de que se levantó una denuncia y se certificó violencia física y daño psicológico no se le ofreció la pastilla anticonceptiva de emergencia, y se le negó la interrupción legal del embarazo por violación, lo cual debería haber procedido de acuerdo a la Norma Oficial Mexicana NOM-046. Hace pocos días, el gobierno de Sonora aceptó que la secretaría de Salud negó la intervención porque un juez local reclasificó el caso a delito por estupro, por lo que según el artículo 215 del Código Penal para el estado de Sonora se obtuvo el consentimiento de la menor por “seducción o engaño”, por lo que al culpable únicamente “se le sancionará con prisión de tres meses a tres años y de diez a ciento cincuenta días multa”.

Aunque alguna organización de la sociedad civil podría darle apoyo para viajar a la Ciudad de México y practicarse un aborto seguro, salubre y legal, o brindarle acompañamiento para realizarlo en casa -con recursos que no haré referencia por obvia protección a la libertad que dan los mismos-, es de preocupar la forma en que se justifica la negación del acceso a derechos como los que brinda la NOM-046.

Sólo basta recordar el caso de Adriana Manzanares que por un parto prematuro fue acusada por su propio padre en una comunidad de Guerrero, apedreada por habitantes de la misma y sentenciada a 22 años de prisión por homicidio en razón de parentesco, hasta que su caso fue atraído a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para obtener un amparo.

Pero esto no sólo pasa en zonas rurales, lejos de la déspota urbe, incluso en Aguascalientes hace poco se persiguió a una adolescente que había posteado en Facebook una imagen en la que parecía decir que se había practicado un aborto, y aunque se aclaró que todo se trató de una broma, demostró lo nocivo de la persecución contra las mujeres que simplemente podrían asumir o asumen su autonomía, el ejercicio libre de su cuerpo.

Entre la línea del aborto y la vida, la de las mujeres, la vida de las ya existentes es la negada, la arruinada y secuestrada por quienes argumentan proteger a los niños y niñas, quienes encuentran a través de un segundo o tercero la razón de su existencia, quienes también siguen procreando antes de asumir su propio discurso y adoptar, apadrinar, hacerse cargo de esos pobres niños desamparados que tanto le escupen a la prensa, que tanto enaltecen ante los párrocos y en los informes de las dependencias gubernamentales de las “señoras del hogar”. Pero no, no sería lo mismo, no correría la misma sangre, la misma estirpe, el mismo lazo que ata a madre e hijo para que la primera se ostente por fin con poder en un mundo donde solo siendo madre, donde solo a través de otro distinto a ella puede ser, vivir.
[email protected] | @m_acevez


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Juan Luis Montoya Acevez

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