Opinión

El muro y la Esfinge / Ciudadanía económica

 

La Esfinge constituye el símbolo que serviría a los buscadores de la verdad para encontrar el camino y llegar a comprender el sentido de la vida. Resolver el enigma de la Esfinge es el paso fundamental de un adepto para iniciar el camino de la sabiduría e iluminación. De este concepto aparecen múltiples representaciones en dibujos y esculturas de entre las cuales la más conocida es la monumental efigie que acompaña a la pirámide de Gizeh, también conocida como pirámide de Keops. La Esfinge se compone de una mezcla de bestias y figuras temidas por los humanos en diversas culturas. La Esfinge representa todo “eso” que obstruye el avance de los adeptos y aprendices que anhelan acceder a un estado más elevado o iluminado, le debilita, le hace caer o le hace perder la paz. El adepto habrá de entrar en el gran silencio o vacío para resolver el enigma de la Esfinge. Sólo así vencerá las apariencias que le amenazan en el exterior, recomponiéndose desde el interior y reconociendo su ser e identidad, para avanzar, trascender, elevarse.

El candidato republicano a la presidencia de los EUA sorprendió a todos la semana pasada afirmando que el gobierno de aquel país ha sido el creador de ese temible engendro asesino que es el llamado Estado Islámico o ISIS. El mismo personaje que ha demandado con furor el cierre de la frontera a toda persona que profese la fe musulmana y la construcción de un muro -con cargo a México- para, según él, impedir la entrada masiva de mexicanos a los EUA, ha evidenciado la enorme farsa en la que se sustenta la política exterior de nuestro poderoso vecino del norte. La confirmación de esta verdad, que por primera vez llega a la población normalmente desinformada por sus propios medios de comunicación, tendrá seguramente un poderoso impacto en ella.

La historia oficial de la nación que hasta ahora es la mayor potencia bélica en el mundo ha sido forjada por la élite gobernante con base en conceptos y creencias especialmente diseñadas para crear una cultura e identidad nacional que induce a sus habitantes a sentirse depositarios exclusivos de las virtudes de honor, justicia y verdad. Desde que dejaron desvanecerse en la historia la masacre de prácticamente toda su población indígena en los albores de la nación, el norteamericano promedio es llevado a creer que su país es el paladín de la libertad y democracia en todo el mundo. Les resulta natural utilizar la fuerza para llevar su modelo de vida a otros países “menos afortunados”.

La élite gobernante ha ocultado su origen al norteamericano promedio. Éste no sabe que, debiéndose al sistema bancario global, los grandes monopolios y el complejo industrial militar, las acciones del gobierno han sido, son y serán consistentes para proteger los intereses de éstos antes que los del noble y desinformado pueblo norteamericano. Creen en la nobleza y poder del dólar, por lo que no se imaginan es que para sostener esta idea -y el increíblemente enorme negocio que esto significa- detrás y sobre su gobierno operan organismos y sociedades secretas que manipulan hechos como el asesinato de sus presidentes Lincoln y Kennedy, el derrocamiento y asesinato de líderes del tercer mundo, la justificación del armamentismo nuclear, el ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono, así como la creación y financiamiento de Al Qaeda e ISIS, entre otros. El libro Confesiones de un Gangster Económico (Perkins, John; Ediciones Urano, S. A., Barcelona 2005) ofrece numerosos y valiosos detalles e información a este respecto.

El temerario acto proselitista del candidato Donald Trump al arrancar el velo de los ojos de la población estadounidense respecto a su gobierno, enfrenta a ésta de golpe con una insostenible contradicción. Para una población que se considera a sí misma portadora indiscutible de la verdad, justicia, libertad y democracia, el orgullo nacional se desmorona al chocar con la horrible realidad de tener un gobierno corrupto y asesino construido a base de mentiras estructurales. Descubrir que han ofrendado su vida y la de sus hijos por las falacias construidas por sus gobernantes, es motivo suficiente para aniquilar cualquier cohesión nacional. Si, aunado a esto, el prepotente ejército norteamericano se ve crecientemente amenazado y rebasado en el frente de guerra por fuerzas que se suponían inferiores y se acentúan las pugnas racistas en el interior del país, es previsible una nueva guerra civil y desmembramiento de la nación estadounidense.

Entonces el muro que habría de construirse en México ya no serviría para impedir el flujo de mexicanos hacia el norte, sino para contener a una población huyendo hacia el sur de un país en descomposición.

En fechas recientes la conciencia colectiva en México ha estado resintiendo el temor de un incierto futuro con la eventual llegada de Trump a la presidencia estadounidense. En realidad todo lo que conllevan las amenazas regionales y mundiales es la Esfinge que demanda la recomposición de nuestro poder interior como pueblo y reconocimiento de nuestras identidades fragmentadas, como indígenas, mestizos, criollos para forjar una, única, poderosa, que resuelva el enigma.

La derrama económica que implica una magna obra como la construcción de un gran muro, otorgaría una posición privilegiada al trabajo como motor de la economía, desplazando la economía casino en la que el neoliberalismo nos ha sumido. Une propósito de una población que hasta ahora se identifica autodenigrándose con la incapacidad de ganar medallas olímpicas y se percibe superada por la corrupción y la delincuencia, otros aspectos de la Esfinge, como motivo para desarrollar la creatividad y forjar una nueva identidad. La construcción del muro, ya no sería entonces una imposición de fuera, sino un aliciente para la reactivación económica y propósito nacional de cohesión.

[email protected] | @jlgutierrez


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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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