Opinión

Obesidad, suicidio, adicciones y la salud pública / Análisis de lo cotidiano

Algunas decisiones tomadas a niveles de alta autoridad no dejan de sorprendernos cada día. Al inicio del actual calendario escolar, las instancias educativas nos dieron la gran noticia, para combatir la obesidad a partir de este año los alumnos tendrán una hora más de educación física. Y ya está, ahora tendremos muchachos más atléticos y adiós a la gordura. Así de fácil. Esto nos hace recordar a tantas autoridades municipales, estatales y federales que han decidido combatir las adicciones abriendo mayor número de campos deportivos. La idea en principio es genial, así los muchachos se dedican a hacer deporte y se olvidan de las drogas, faltaba más. ¿Y qué se les ha ocurrido a nuestras altas autoridades nacionales hacer para evitar el suicidio? Pues lo fundamental, impartir cursos de valores. Si las personas conocen la importancia de los valores humanos, ya no piensan en quitarse la vida. Es lamentable la absurda sencillez con la que se piensa resolver los enormes conflictos sociales que desembocan en trastornos graves de la salud pública como estos tres temas mencionado, por no meternos en otros de igual consideración. Probablemente pocas personas sepan que en 2004 se fundó el Instituto Nacional de Medicina Genómica que está integrado a un programa internacional de investigación. A nuestro país le corresponde realizar estudios sobre obesidad y diabetes. ¿Sabe Usted cuales han sido los resultados en los últimos doce años? Verdad que no, pues no se preocupe, casi nadie lo sabe. Hacia allá es donde se deberían enfocar los programas públicos, a las recomendaciones que hace el Inmagen para evitar la obesidad. Si se quiere resolver con una hora más de recreo, ¿que va a ocurrir? Que los chamacos no tendrán un profesor, ni un nutriólogo que les enseñe a realizar prácticas saludables, solo tendrán una hora más para consumir mayor cantidad de papitas, tortas y refrescos. Que en su gran mayoría les serán proporcionados por las mismas madres que van a buscar a sus hijos y les pasan el lonche por la cerca perimetral de la escuela, o las comprarán en la misma tiendita escolar. ¿Y las adicciones? Ya está comprobado, los campos deportivos son el mejor mercado de drogas y el mejor sitio para conocerlas y probarlas. O sea que una tras otra las campañas diseñadas en los escritorios de los altos funcionarios nacionales, se han estrellado contra la realidad. ¿Qué podemos esperar que hagan para la prevención del suicidio? Tal vez en este campo estemos mejor, porque no existe una política nacional contra este triste flagelo social. Así que los estados han tenido que diseñar sus propias estrategias que en algunos casos han funcionado con buena efectividad, sin resolverlo totalmente. Y como no hay una campaña oficial, bueno, pues tampoco hay un fracaso nacional. El problema sigue siendo el empirismo, la improvisación y el desprecio oficial hacia los expertos. Seguimos padeciendo la creación de programas de salud pública basados en ocurrencias y suposiciones, cuando existen los verdaderos expertos en tales temas, cuyas propuestas siguen cayendo en el olvido y la indiferencia. Solo que los ciudadanos mexicanos somos optimistas por definición y siempre creemos que ahora sí las cosas van a cambiar para mejoría. Estamos a punto de iniciar nuevas administraciones y renace la esperanza de que los programas de atención a la obesidad, el suicidio y las adicciones tengan planes definidos, profesionales calificados y resultados satisfactorios.
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Héctor Grijalva

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