Opinión

El primer médico de la Nueva España / Análisis de lo cotidiano

 

Al comenzar la colonización de la Nueva España, todos los hombres jóvenes y aún los maduros se sintieron poderosamente atraídos por la aventura. Ante ellos se abría un amplio horizonte de riqueza y prosperidad. Ahora sí por fin cualquiera que tuviera el valor de cruzar el Atlántico podría convertirse en un terrateniente y hacendado aún cuando no tuviera sangre azul. Los nobles en su mayoría preferían quedarse en la comodidad de sus castillos y campos sin arriesgar la vida o la hacienda. El problema era que sus hidalgos, sus artesanos y hasta sus siervos se embarcaban buscando las delicias y promesas de las nuevas tierras. España y Portugal se quedaron sin jóvenes. Pero no todos los viajeros venían buscando minas o pensando en criar ganado, hubo también hombres de ciencia que deseaban expandir su conciencia. El doctor Francisco Hernández no era un desocupado, era ni más ni menos el médico oficial del rey Felipe II. Tenía 56 años cuando decidió dejar la seguridad de la Corte Real y viajar a la Ciudad de México. Durante siete años se dedicó a atender pacientes, implementar entre los naturales y los médicos indígenas la ciencia y las técnicas de la medicina europea. Pasó largas temporadas en Michoacán y en Oaxtepec atendiendo enfermos y nutriéndose de los conocimientos de herbolaria, medicina y cirugía. Estudió y describió las plantas y métodos medicinales de los mexicas y tradujo del náhuatl al castellano las enseñanzas de los tlamatini o sabios toltecas. Sin embargo el doctor Hernández no fue solamente conocido como médico sino como filósofo. Dedicó largas horas a conversar con los frailes, académicos y con los mismos aztecas sobre la ideología, cosmogonía y en general todo el pensamiento de la nueva nación. Escribió ensayos comparando los puntos de vista de los filósofos europeos y los americanos. Estos libros se encuentran en la Biblioteca del Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid y en México se hallan en la Biblioteca Nacional dentro del área de Libros Raros y Curiosos. Regresó a España llevando sus escritos que fueron bien aceptados ya que tenía gran ascendencia con el Rey y con los intelectuales de la corte. Algunos de sus compañeros integraron los conocimientos médicos y la filosofía a su práctica. Un año después de haber regresado murió. El ejemplo fructificó entre los médicos de la Nueva España quienes a su práctica clínica agregaron el enfoque filosófico y humanista. La costumbre persistió durante siglos al grado de que en México los médicos fueron conocidos como doctores, algo que sucedió en otros lugares de América por considerar que los profesionales de la medicina eran hombres cultos y académicos. ¿Cuándo se perdió el médico humanista y se convirtió en un ser indiferente, apático y deshumanizado? ¿Tal vez cuando se convirtió en empleado de las instituciones de seguridad social? O tal vez nunca encontremos la explicación. Pero acaso ¿no sería un buen momento para retomar el médico filósofo, estudioso y entregado a su gente y a su tierra? El ejemplo ya lo tuvimos con el primero, el doctor Francisco Hernández.

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Héctor Grijalva

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