Opinión

Civilizadas manifestaciones michoacanas

El pasado fin de semana estuve en la ciudad de Morelia para un intercambio académico entre institutos de psicoterapia. A nuestra llegada al hotel Casino ubicado en pleno centro histórico de la ciudad justo frente a la Catedral, tuvimos que apresurarnos para meter nuestro auto al estacionamiento del hotel porque se avecinaba una manifestación. Una vez instalados, cómodamente pudimos presenciar el desfile desde las ventanas del restaurante. Eran algo así como 500 personas que portaban pancartas, mantas y lanzaban cohetes, casi como en las procesiones religiosas. Algunos líderes gritaban consignas a grandes voces en las que se acusaba al señor gobernador de ser insensible. Lo característico de las proclamas era que sonaban rítmicas y rimadas, aunque sin que se comprendiera el mensaje, algo así como “gobierno cobarde, el pueblo está que arde” o “gobierno ratero, el pueblo está primero” y otras que sonaban bastante bien, aunque no se comprendía lo que pedían. Por si fuera poco las mantas solamente identificaban a los caminantes como personal de las escuelas de educación especial, sin que se expusiera el por qué o para qué de la marcha. Cuando pasaban frente a la iglesia comenzó una llovizna que tuvo el inmediato efecto de terminar con la parada. Los reclamantes enrollaron las mantas y se refugiaron en los portales donde con gran naturalidad se pusieron a tomar café, cervezas y comer las típicas enchiladas placeras, hasta bien entrada la noche. La vida del centro citadino siguió como si nada hubiera pasado. La algarabía nocturna fue la misma de todas las noches. Al día siguiente por la tarde con gran agilidad unos trabajadores del espectáculo montaron un enorme escenario, con grandes reflectores y dispusieron a lo largo de la avenida Madero tres gigantescas pantallas para reproducir el show que tenía preparado el gobierno municipal. La cantante Shaila Dúrcal protagonizó una función de homenaje a su madre y a Juan Gabriel. La calle se llenó de complacidos melómanos que corearon las canciones y aplaudieron a rabiar. Por cierto que desde el inicio se desató una lluvia más intensa que la del día anterior, que por momentos fue un auténtico chubasco y la gente no se movió de su lugar. Al concluir el festejo, sucedió lo mismo, los paseantes ocuparon las mesas de los portales y a disfrutar de las bebidas y platillos típicos. ¿Y las manifestaciones, y las proclamas y la insatisfacción social? No se veían por ninguna parte. Y no es que el estado presuma de ser un oasis de paz, recientemente hubo balaceras en céntricas avenidas, han regresado los cierres de carreteras y no hace mucho derribaron un helicóptero de la policía. Pero ¿cómo puede el pueblo reír, cantar y pasear como si no estuviera sucediendo nada grave? Será que ya se acostumbraron, o que al mal tiempo ponen buena cara, o tal vez será que realmente la situación no está tan grave. O tal vez todas estas explicaciones caben en la respuesta. Pero no quedó ahí el asunto. La mañana del sábado a las 7:30 el área estaba despejada. Los expertos desmontaron el escenario en un tiempo récord. Solo para que llegaran otros técnicos igualmente diestros y en cosa de minutos cerraron nuevamente la calle principal de la ciudad para montar ¡Una exposición de llantas! ¿Y el pueblo? Bueno pues hizo lo que corresponde, pasear.

Entre los expositores recibiendo globos, plumas y banderines de publicidad, paseando a los niños entre interesantísimas llantas, disfrutando de la mañana. Se nos ocurren varias preguntas ¿Por qué el concierto y la exposición de neumáticos no se hicieron en un estadio? ¿O en un una sala de convenciones? ¿O en un espacio público abierto? ¿Por que se usan las calles? ¿Será que el pueblo ganó las calles, o será que el gobierno estatal o municipal es quien realmente las ganó y las usa para lo que quiere, incluyendo las manifestaciones de reclamo contra la misma autoridad? ¿Cuál es el mensaje de fondo que hay en el uso diverso, multipropósito e irrelevante de utilizar las calles del centro de una ciudad capital como escaparate, para los más variados fines? O tal vez la explicación es que somos un pueblo divertido, relajiento y amigo de la fiesta que lo único que necesita y quiere es pasearse por las calles, con el mejor pretexto que encuentre a la mano. Y si así fuera, pues que bien porque a fin de cuentas, así somos.

 

[email protected]

The Author

Héctor Grijalva

Héctor Grijalva

No Comment

¡Participa!